Hoy es 3 de mayo de 2019 en la vida de cualquier persona que esté leyendo esto. Para mí, son cuatro meses y 2 días de ausencia. Hoy quisiera escribir sobre los días duros de un duelo. Hoy quiero vomitar hasta el último resquicio de algo difícil de hablar, por la dureza que acarrea o porque, simplemente, el mundo te empuja a seguir con una fuerza desmesurada a la que a veces hay que decirle: basta, hoy no, hoy necesito mi tiempo.
Sé que no es poca la gente de mi entorno o conocidos, que están pasando, o van a pasar por esto; no son los primeros días los que te inducen al dolor, en absoluto, es el tiempo, el paso de las semanas y sobre todo, de los meses, el que te introduce con crudeza en la realidad, tras una muerte. Creo que es bien distinto a cualquier otra separación (amorosa, amistosa...), que al cabo de los días, por naturalidad innata, se supera. Aquí es al revés, es precisamente cuando el resto del mundo cree que todo se calma, cuando más dolor se acumula.
Me considero una persona fuerte, valiente y de fácil conversación, (quizás no queda muy humilde decirlo de mí misma, pero quién se conoce mejor que uno mismo), pero también soy sensible hasta el extremo y me afectan especialmente las emociones. Los cambios de estación, los mensuales cambios hormonales, una palabra más fea que otra, se clavan en mí como una daga, pero ahora, más que nunca. Mi sensibilidad está a flor de piel, y es que sé en cada una de mis horas que me falta algo, mejor dicho, que me falta alguien, y no llega, y no vuelve, y cada recuerdo, en el momento menos esperado, se vuelve una montaña difícil de escalar.
Te lo avisan, en los instantes de shock, te lo avisan: te esperan días duros. Pero no imaginas hasta qué punto, es impensable saberlo hasta que no lo sientes en tu propia piel. Pero tampoco hay que esconderlo, el mecanismo de defensa de tu cuerpo se activa en muchas ocasiones y es cierto que no todo el mundo está dispuesto a escucharte; a nadie le gusta arrastrar la pena de otros, ni a mí misma me gusta que arrastren la mía, íntima, intrasferible y únicamente mía. Mi suerte es escupir escribiendo. Nunca podría explicar de mejor manera un día triste que con esta página en blanco delante. Y es que esta página no te mira con cara de lástima, no se compadece de ti, no hace como que te escucha sin hacerlo, no te suelta enlatadas palabras de ánimo que nada ayudan, y sin embargo empatiza de la mejor manera posible contigo. Te deja vía libre para decir lo que sientes, lo que te pasa por la cabeza, relajadamente, sin prisa y con la seguridad de que cuando alguien la lea, se sentirá profundamente identificado con ella.
Los días tristes del duelo, son eso, días tristes sin más. Momentos de los que poco se habla, porque la tristeza no entra en esta sociedad. Todos debemos estar siempre felices, sonrientes, ser tazas de Mr Wonderful que obligan a comerte el día. Pues seamos sinceros, hay días que le comen a una. Y la fortaleza de una persona también radica en asumir que no todas las rachas de la vida son buenas, que no siempre a uno le sale todo bien, que no todas las stories de Instagram tienes que ser enseñando los putos dientes, que no podemos vender al mundo un capítulo de Black Mirror ("Nosedive", para el que no lo haya visto).
Tomemos nuestro tiempo, para sentir, para llorar, para abrir y cerrar heridas, para sentarse a hacer balance, a asumir lo que ha ocurrido, a digerir los cambios de la existencia, los físicos, los psicológicos, los del entorno, los del alma. Tumbémonos mirando el infinito para pellizcarnos al sentir que seguimos vivos, que en la vida pasan cosas malas y que necesitas muchas hojas de calendario para masticar y tragar algunas. Que todos los golpes no son iguales, que algunos duelen mucho más que otros, que hay zonas e instantes más sensibles, cosas más importantes, prioridades más urgentes y que el duelo, duele. Creo que todo toma tiempo. Tiempo, sin más. Y mientras se tenga tiempo todavía, no hay nada que temer. Déjate querer por ti misma, déjate mimar y al final la vida, te dará otra perspectiva. Más clara, más completa, más realista, más capaz.
Hay días duros, pero no son duros todos los días.
- "Introspección onírica", Teresa Estévez.
Siempre me gustó esta canción, me gustan las canciones que hablan de "aprender algo en la vida".
https://www.youtube.com/watch?v=6rV1K0qw3Mk
"Bella y oscura como un animal".
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdo. Mostrar todas las entradas
viernes, 3 de mayo de 2019
LOS DÍAS TRISTES NO SE PUBLICITAN
Etiquetas:
animal,
bella,
Black Mirror,
calendario,
días,
dolor,
duelo,
duros,
escalar,
escribir,
fortaleza,
momentos,
montaña,
Mr Wonderful,
nosedive,
oscura,
persona,
recuerdo,
shock,
tiempo
miércoles, 27 de julio de 2016
INTROSPECCIÓN 2.0
He llorado mucho, no sé si más que cualquier otro, pero sé en primera persona que son muchas las lágrimas que he derramado a cualquier hora, en cualquier circunstancia, por diferentes motivos, en días que recuerdo y que he olvidado...
También he reído mucho, muchísimo, en ocasiones hasta dolerme la barriga, hasta casi ahogarme en una piscina de olas o hasta desencajarme la mandíbula. Me acuerdo una vez, hace algunos años, que fue tal el ataque de risa, que caí de la silla hacia atrás y me di un buen golpe en la espalda y aun así seguí riendo, no podía parar. Me hice daño pero juro que lo recuerdo valiendo la pena.
He callado muchas cosas que pensaba que podía callar, he aguantado, en ocasiones, por encima de mis posibilidades, he tanteado terrenos en silencio para ver si podía hablar y esas veces, aunque costase, he callado. A veces por miedo, a veces por un simple favor, a veces por desgana o desazón...
He soportado personas que me han carcomido interiormente, he tenido que escuchar cosas realmente intolerables, y tolerar miradas, frases o gestos que estaban fuera de los límites que marco.
He creído que estaba loca por el mero hecho de darme cuenta que nadie me comprendía. Me ha resultado, tantísimas veces, imposible expresar el dolor que podía sentir en ese instante porque sabía que ningún ser humano del mundo lograría sentirlo.
Y al final, cuando ya quedan tan lejos mis primeros pasos, mis primeros juguetes, mi primer corte de pelo, mi primera borrachera o el primer cigarro que encendí. Cuando queda tan lejos el verano que aprendí a nadar o el que aprendí a bailar. Cuando miras al horizonte de la lejanía a las puertas del cuarto de siglo, sabes que has hecho una buena elección en tu camino. Sabes que ahora, con la serenidad que ofrece el ir construyendo tu vida a tu manera (aunque llena de incertidumbre como la de cualquier joven), ves con otros ojos la que eras hace 20, 15, 10 o 5 años atrás. Sabes que has ido perfeccionando tu mundo y sobre todo perfeccionándote tú. Pues si uno no pule sus defectos, no puede distinguir qué es lo que quiere o necesita para uno mismo. Al final el círculo se reduce y quedan los mejores, los que encajan y los que están por llegar.
De nada vale callar, aguantar o soportar. De nada vale llorar si no es para crecer, para sanar, para avanzar. Y siempre se logra, siempre se mira hacia adelante, nunca se deja de aprender; las lecciones quedan patentes con cada instante, todo está atado y conectado, la vida es un circuito perfecto.
Lo que se fue ya no vuelve a ser o no vuelve a ser como fue. Esa es la única filosofía cierta de la vida, la que arrastra nuestro pasado, la que consta en nuestro presente y la que marca un futuro que realmente no existe. Pisa con fuerza el suelo que te sostiene y camina. Cada paso te acerca a tus metas, cada segundo te aleja de tus disgustos.
He aprendido, o mejor dicho, he comprendido, que todo se va y vale la pena pedir perdón y vale la pena luchar por quien quieres, y vale la pena dejar ir y vale la pena pensar y decidir. Nos preocupan, diariamente, tonterías que nunca tendrán tanta importancia fuera de los márgenes de nuestra imaginación, tan inmensamente absurda la mayoría de ocasiones. Enfréntate a tus fantasmas, míralos a la cara y lucha contra ellos, no con ellos. No les hagas el camino fácil, son pequeños, muy pequeños.
Al final, lo que queda, es la propia existencia que se encargará de borrar tu muerte, pero que nunca muera tu recuerdo de la existencia de quien amaste.
Eso sólo depende de ti.
Hoy, una de mis joyas favoritas, una canción que me gusta muchísimo y con la que me siento bastante identificada, desde el propio título: Drama Queen de Green Day.
https://www.youtube.com/watch?v=yAKGwfQarTE
"Everyone's drama queen is old enough to bleed now".
También he reído mucho, muchísimo, en ocasiones hasta dolerme la barriga, hasta casi ahogarme en una piscina de olas o hasta desencajarme la mandíbula. Me acuerdo una vez, hace algunos años, que fue tal el ataque de risa, que caí de la silla hacia atrás y me di un buen golpe en la espalda y aun así seguí riendo, no podía parar. Me hice daño pero juro que lo recuerdo valiendo la pena.
He callado muchas cosas que pensaba que podía callar, he aguantado, en ocasiones, por encima de mis posibilidades, he tanteado terrenos en silencio para ver si podía hablar y esas veces, aunque costase, he callado. A veces por miedo, a veces por un simple favor, a veces por desgana o desazón...
He soportado personas que me han carcomido interiormente, he tenido que escuchar cosas realmente intolerables, y tolerar miradas, frases o gestos que estaban fuera de los límites que marco.
He creído que estaba loca por el mero hecho de darme cuenta que nadie me comprendía. Me ha resultado, tantísimas veces, imposible expresar el dolor que podía sentir en ese instante porque sabía que ningún ser humano del mundo lograría sentirlo.
Y al final, cuando ya quedan tan lejos mis primeros pasos, mis primeros juguetes, mi primer corte de pelo, mi primera borrachera o el primer cigarro que encendí. Cuando queda tan lejos el verano que aprendí a nadar o el que aprendí a bailar. Cuando miras al horizonte de la lejanía a las puertas del cuarto de siglo, sabes que has hecho una buena elección en tu camino. Sabes que ahora, con la serenidad que ofrece el ir construyendo tu vida a tu manera (aunque llena de incertidumbre como la de cualquier joven), ves con otros ojos la que eras hace 20, 15, 10 o 5 años atrás. Sabes que has ido perfeccionando tu mundo y sobre todo perfeccionándote tú. Pues si uno no pule sus defectos, no puede distinguir qué es lo que quiere o necesita para uno mismo. Al final el círculo se reduce y quedan los mejores, los que encajan y los que están por llegar.
De nada vale callar, aguantar o soportar. De nada vale llorar si no es para crecer, para sanar, para avanzar. Y siempre se logra, siempre se mira hacia adelante, nunca se deja de aprender; las lecciones quedan patentes con cada instante, todo está atado y conectado, la vida es un circuito perfecto.
Lo que se fue ya no vuelve a ser o no vuelve a ser como fue. Esa es la única filosofía cierta de la vida, la que arrastra nuestro pasado, la que consta en nuestro presente y la que marca un futuro que realmente no existe. Pisa con fuerza el suelo que te sostiene y camina. Cada paso te acerca a tus metas, cada segundo te aleja de tus disgustos.
He aprendido, o mejor dicho, he comprendido, que todo se va y vale la pena pedir perdón y vale la pena luchar por quien quieres, y vale la pena dejar ir y vale la pena pensar y decidir. Nos preocupan, diariamente, tonterías que nunca tendrán tanta importancia fuera de los márgenes de nuestra imaginación, tan inmensamente absurda la mayoría de ocasiones. Enfréntate a tus fantasmas, míralos a la cara y lucha contra ellos, no con ellos. No les hagas el camino fácil, son pequeños, muy pequeños.
Al final, lo que queda, es la propia existencia que se encargará de borrar tu muerte, pero que nunca muera tu recuerdo de la existencia de quien amaste.
Eso sólo depende de ti.
Hoy, una de mis joyas favoritas, una canción que me gusta muchísimo y con la que me siento bastante identificada, desde el propio título: Drama Queen de Green Day.
https://www.youtube.com/watch?v=yAKGwfQarTE
"Everyone's drama queen is old enough to bleed now".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

