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lunes, 5 de noviembre de 2018

GRACIAS Y SUERTE

Tras unos meses de desconexión del blog, he vuelto. Me encantaría poder contar que durante este tiempo he estado en una isla paradisíaca, perdida del mundo y como única preocupación, elegir un bikini de mi maleta cada día. Pero no, lo cierto es que el anticipado invierno que tan bien me sienta cada año -léase la ironía-, me ha pillado desprevenida y en horas bajas. Ayer, casi casi era verano, casi casi lucía yo palmito y bronceado y de pronto, ¡zasca!, el abrigo hasta el cuello. Aunque cierto es que no echo de menos este verano pasado, al menos desde la señalada fecha ya mencionada en mi entrada anterior. Pero no, hoy no quiero hablar de dramas, ni de mis chakras que ondean mi interior, orgullosos y agradecidos de que en tiempos mejores haya dedicado tiempo y mimo en dominarlos, para que ahora, aunque algo desbaratados a veces por las circunstancias, no estén bailando el corro de la patata. En eso estoy salvada y qué suerte. Es lo mejor que os puedo aconsejar: si vuestra vida está estable, dominaos, porque en esta noria siempre se baja igual que se sube, y os aseguro que en momentos bajos, no hay tiempo para introspecciones. 
Pero de lo que yo en realidad quería hablar es de que el sábado fue mi cumple y pude celebrarlo con mi familia al completo y eso me hizo sentir especialmente feliz. Algo me dice que estos 27 añazos van a ser inolvidables. Como he escrito en entradas anteriores, mis mejores edades siempre han sido las impares. Y bueno, no es que esta cifra haya entrado en mi vida en el mejor momento, pero es posible, y según las estadísticas de mi existencia, que eso cambie y para bien. Bueno con algo hay que consolarse; desde luego que si algún día me preguntaran a qué edad volvería, os puedo jurar mil veces que jamás diría los 26. Quisiera borrar esa edad de mi memoria, aun sabiendo que no es posible y sobre todo siendo consciente de que lo peor que haya podido pasarme durante estos últimos 365 días, es lo que me hace crecer cada día como ser humano.
Pero es que yo nunca pude evitar preguntarme el por qué de las cosas, mientras me mantengo firme con el destino, indomable en mi camino y fuerte conmigo misma. Es raro, pero cada día que pongo un pie fuera de la cama, me digo: Carol, ¿qué puedes hacer por cambiar lo que te ha tocado experimentar? Nada. Esa es mi firmeza con el destino.
También me digo: ¿Vas a dejar que la vida te lleve por donde quiera? Para nada. Ahí es donde actúo indomable en el camino.
Y por último me hablo y me oigo y me entiendo y me aguanto y me soporto y me sobrellevo, y ahí está mi fuerza ante la vida. 
Y así es, no hay más secretos. Una suerte también el incombustible apoyo de quienes he sabido elegir -y muy bien- en mis años. Las personas precisas, en los momentos precisos. No me levantan, es que se tumban conmigo. Ojalá os pille un vendaval con gente así. Ahora os digo, también en estas circunstancias aprenderéis quiénes sí y quiénes no y eso, llegados a este punto, no duele, porque ya nada duele tanto, el camino se hace más ligero y os aseguro, es maravilloso comprobar que por quien apostaría tus ojos, está.
Así que bueno, este ha sido el resumen de la montaña rusa más intensa que he experimentado jamás -con lo que odio yo las montañas rusas- en la que se han convertido mis días. Pero estoy bien, os lo aseguro. Jolín, sólo tengo 27 años y muchos sueños por cumplir. Como dice la banda sonora de hoy: "Es el ciclo sin fin, que lo envuelve todo". 
Gracias y suerte.


Hoy, el Rey León.

https://youtu.be/M7TRx8MoXAc

martes, 11 de septiembre de 2018

¡A MÍ NUNCA ME PASARÍA ESTO!

10 de agosto de 2018: Mamá tiene cáncer con metástasis hepática. Estás en tu media hora de merienda, el mundo se tambalea en una milésima de segundo y no sabes si es que el cielo se ha caído encima de ti o es tu suelo el que se ha desmoronado bajo tus pies. 
Llanto seco, ni una lágrima dentro de la inmensidad, ni una ola salada en tus lacrimales, de esas que por mucho menos, han brotado como setas en tus ojos. Una llamada a una buena amiga como sacudida de desesperación, un recuerdo de un bocadillo de mala digestión. Chorizo y queso. Ya no quiero ni probarlo. 
Vale, toca sobrevivir, no sabes cómo. Un Diazepam por primera vez en tu vida tomado sin consentimiento, pero tampoco sin negación. Un cuñado al volante y una hermana de copiloto viniendo a por ti unas horas después. Viniendo a la que, hasta ese momento, había sido tu tranquila "zona de no confort".
Había salido del confortable confort hacía unos meses, y aunque todo no era color de rosa, en realidad era feliz. Tenía mi trabajo, mi piso, un lugar nuevo, todo muy zen y unas vistas por las que valía la pena levantarse a las 6.00 h. Pero la vida cambió, como cambian las cosas que no son eternas. Y entonces, el contrarreloj comenzó a hacer su cuenta. Luchar, luchar, luchar, hasta quedarte sin fuerzas y cuando creas que no hay más, salen de algún lugar desconocido. Y todo cambia y te replanteas la vida, y dices ¿qué? En realidad la vida no es esto. La vida era lo otro, cuando todo lo tenía sin saber que lo perdía. Pero esto no. Querer ser más listo que el cáncer, creo que te hace parecer más tonto. Tan sólo ha pasado un mes del diagnóstico y mi madre no es la misma y jamás volverá a serlo, sobreviva en el intento o se quede en camino, no volverá a ser esa mujer risueña, que se marcaba la raya negra del ojo para salir con mi padre un sábado o a la que le daban las tantas de la noche cuando cenaba con su mejor amiga. 
Y sí, podéis decir desde fuera, ¿y por qué no? Quizás sí. Bueno, ojalá sí, diría yo, pero ni en mil vidas este golpe nos devolvería a ese pasado. Ni sobreviviendo a desnivel, recuperaríamos ninguno aquello. Pero esto me suena, yo por esto ya he pasado, ya sé lo que es que una enfermedad consuma a alguien que quieres, ya sé lo que es tener sin tener. Lo que el Alzheimer no me enseñó es a luchar por sobrevivir. Y el cáncer sí. Y a apreciar. Apreciar por encima de las posibilidades que creías que no existían. A valorar cada segundo siendo consciente. A retroalimentarte, a valorar la gran familia que tienes, a cuestionarte la existencia , a afrontar, a asumir y a aprender a ser más fuerte cada día. Y la verdad, en esta vida, uno vive, siente y padece y al final, quédate con lo mejor de lo peor, incluso. Quédate con tu aprendizaje diario y tu balance anual. Quédate con lo que las circunstancias, tu entorno y tú misma, te enseñas. Quédate con eso y sé lo más feliz que puedas, porque al final, la vida, es muy simple.

Y no, por primera vez, esta entrada no va a Facebook, porque mi madre, enferma si, pero rendida no, actualiza sus redes sociales y la verdad, no es esta entrada por la que suspiraría su "me gusta". Pero necesitaba escribirla, porque como tantas veces he dicho, es mi blog y no hay límites en él. 
Sed fuertes, vivir es complicado. 





Arms - Christina Perri

https://youtu.be/-oI_H3deDhM

"But you came around and you knocked me off the ground from the start".


sábado, 14 de julio de 2018

SIGUE BRILLANDO

Cae la noche y observo una estrella, desde la persectiva que mi balcón, lejos del jaleo que produce la ciudad, me permite. 
Pienso en la vida de esa luz que transmite; cuántos años, muy lejos de aquí, habrá quedado atrás y no dejo de sorprenderme cada vez que el sol duerme y vuelve ahí, a su sitio, al mismo sitio que la vulnerabilidad de mi humanidad me hace contemplarla. 
Son las 22.45, en mi reproductor suena Let it be y en mi conciencia, todo el firmamento. Cada día me siento más libre y esta sensacion, creedme, no la había tenido tan agudizada, ni tan cerca jamás. No sé de qué cadenas me estoy liberando esta vez, no sé si de verdad he puesto tierra por medio a lo que me impedía crecer o donde ya había crecido todo lo que podía, pero ahora mismo sólo quiero parecerme a esa estrella por su luz, conservarla en espacio y tiempo, pero no en su quietud; no te quedes donde sientas que has cerrado una etapa. No te quedes a esperar, sálvate sin miedo, que miedo ya tendrás tiempo de sentir. 

Maravillosa, la vida me parece maravillosa. El poder que ejerce mi camino recorrido me hace sentir serena. He cometido tantos errores como sorpresas me ha deparado el paso de los años y la paz, la paz sólo la quiero un rato. Prefiero el silencio de mi alma a la paz de mi  existencia. No es lo mismo. Yo nunca he sido paz, no sé serlo, no he aprendido, ni quiero. La guerra del fuero interno es lo que nos mueve. Somos revolución. Ya lo decían Los Beatles. Revolution. 

Reencontrarme con quienes quiero, con quienes me quieren, transmitirles mi entusiasmo y aprender del de ellos, abrazarles, sentirles, tocar ese calor humano o animal que tan frágiles y fuertes nos hace a la par, es la gasolina funcional. Somos estrellas nosotros también, pero nuestra luz sigue viva, tan viva como mis agitados dedos escriben esto. 

¿Han habido tiempos mejores en alguno de los fascículos que han quedado atrás? No lo creo. En cada uno de ellos hemos sido felices o hemos estado tristes o nos hemos sentido enfadados, defraudados o frustrados por lo que en aquel momento suponía algo distinto en nosotros. Pero seguimos y aprendemos de ello, y sobre todo lo afrontamos, con el coraje y la valentía que supone cerrar puertas despacito, cuando creías haber dado portazo previo. No. Los portazos no son la solución. A fin de cuentas es el propio camino, el nuestro, el de nuestras decisiones y pasos, el que nos evoca irremediablemente al continuo aprendizaje, a la atadura de cabos y a entender por qué aquello entonces y por qué esto ahora. Así de simple.

Sigue brillando. 





Esta cancion que me encanta, creo que aún no la había puesto en ninguna de mis entradas y si es así, disculpadme, es que me encanta. 

 https://youtu.be/o2i_ZgeM7Y4

"Tomé sólo el olor y lo mejor de cada instante".



lunes, 18 de septiembre de 2017

CUANDO EL DÍA EMPEZABA CON UN COLA CAO...

Desperté aquella mañana con el inconfundible sonido que emiten los pájaros habitantes de las montañas, mezclándose con el olor a pino mojado que deja tras de sí el torrente de agua que sólo puede sentirse allí arriba, donde se taponan los oídos por la presión; virutas de pino amando la lluvia o a la inversa o recíprocamente, no lo sé, sólo sé que aquello me hacía simplificar la felicidad. Era abril, un abril de finales de los 90 o principios de los 2000, vacaciones para mí, donde no necesitaba más que la compañía de los que están y de los que ya no volveré a ver. Yo me levantaba de la cama y en la cocina, ya me esperaba un vaso rebosante de leche y Cola Cao (ahora sería Nesquik, la vida cambia) y un plato de lo que el día anterior no había sido más que cachos de pan duro y que la metamorfosis -o las irrepetibles manos de mi iaia- había dado paso a unas maravillosas torrijas con sabor a canela. Era Pascua, qué duda cabe. De esas Pascuas con bacalao desalado en agua en la mesa porque la carne está "prohibida", pero con pedacitos de longaniza de pascua bajo manga a la hora de la siesta, cual criminal atracando el Banco Nacional. 
Vacaciones de mona y chocolatina redonda, sentada junto a mis amigas en aquellos bancos donde no nos importaba siquiera que el pantalón quedara húmedo después de reposar nuestras nalgas tras la lluvia. Paquetes de pipas y un Cluedo en la terraza de cualquiera de nuestras casas hacía el resto. Música, música que anunciaba un verano movido unos meses después. Música que planeaba un agosto que aunque parecía lejano, y más con aquel cielo opaco y aquellas chaquetas vaqueras y aquellas zapatillas de deporte con calcetines hasta las rodillas, nosotras lo sentíamos cerca porque sería la próxima vez que volveríamos a vernos. Música que derivaba en pasos de baile, que meses más tarde plasmaríamos en un escenario, con vestidos de brillantes, pelo de peluquería, maquillaje exagerado y la mejor versión de nosotras mismas, junto a los nervios y adrenalina que sólo se siente antes de exponerte al público. Pasos de baile improvisados mientras pisábamos piñones caídos de los mismos pinos que emanaban aquel característico olor a tierra mojada y de los que continuamente veías saltar ardillas que te lanzaban piñas a la velocidad de un misil. Y las cogíamos, las abríamos a la fuerza -las que se dejaban abrir- y nos comíamos su valioso fruto, por si la mona, la chocolatina redonda y las pipas no había sido suficiente. 
Así transcurría aquella Pascua, similar a la anterior y parecida a la siguiente, sin fecha de caducidad en aquel momento de la vida, pero que el transcurso de la existencia se encarga de que termine.
Un "bote botero", una peli de miedo y algún cumple con sándwiches, remata mi infancia. 

Ahora soy adulta, mis Semanas Santas, ya no son tan santas, ya no son en aquel pueblecito de Castellón que me dejó grandes amigas y maravillosos recuerdos. Mis Semanas Santas ahora son trabajando, en mi ciudad y planeando el siguiente viaje que haré para conocer más allá de aquel sonido de pájaros insaciablemente cantarines, más allá de aquella lluvia incesante, de aquellas torrijas que nunca más podré probar, de aquellos pinos que junto a la pólvora confeccionaban mi olor favorito; más allá de aquellas canciones que no volveré a bailar y de aquellas monas que digerí el milenio pasado. La vida nunca va un paso por delante, la vida va a su ritmo, y como en toda la historia de la humanidad, todo tiene un cómo, un dónde y un por qué.

Será que el final del verano siempre me vuelve nostálgica. 




El temazo de hoy es el que aparece en el "vídeo casero" el día previo a mi Comunión que grabó mi hermano en casa. Esta canción sonaba de fondo y desde entonces, es la canción de mi Comunión. Ya ha llovido, os lo aseguro. 

Lovefool - The Cardigans 

https://www.youtube.com/watch?v=NI6aOFI7hms

"Mama tells me I shouldn't bother". 

miércoles, 27 de julio de 2016

INTROSPECCIÓN 2.0

He llorado mucho, no sé si más que cualquier otro, pero sé en primera persona que son muchas las lágrimas que he derramado a cualquier hora, en cualquier circunstancia, por diferentes motivos, en días que recuerdo y que he olvidado...
También he reído mucho, muchísimo, en ocasiones hasta dolerme la barriga, hasta casi ahogarme en una piscina de olas o hasta desencajarme la mandíbula. Me acuerdo una vez, hace algunos años, que fue tal el ataque de risa, que caí de la silla hacia atrás y me di un buen golpe en la espalda y aun así seguí riendo, no podía parar. Me hice daño pero juro que lo recuerdo valiendo la pena.
He callado muchas cosas que pensaba que podía callar, he aguantado, en ocasiones, por encima de mis posibilidades, he tanteado terrenos en silencio para ver si podía hablar y esas veces, aunque costase, he callado. A veces por miedo, a veces por un simple favor, a veces por desgana o desazón...
He soportado personas que me han carcomido interiormente, he tenido que escuchar cosas realmente intolerables, y tolerar miradas, frases o gestos que estaban fuera de los límites que marco.
He creído que estaba loca por el mero hecho de darme cuenta que nadie me comprendía. Me ha resultado, tantísimas veces, imposible expresar el dolor que podía sentir en ese instante porque sabía que ningún ser humano del mundo lograría sentirlo. 

Y al final, cuando ya quedan tan lejos mis primeros pasos, mis primeros juguetes, mi primer corte de pelo, mi primera borrachera o el primer cigarro que encendí. Cuando queda tan lejos el verano que aprendí a nadar o el que aprendí a bailar. Cuando miras al horizonte de la lejanía a las puertas del cuarto de siglo, sabes que has hecho una buena elección en tu camino. Sabes que ahora, con la serenidad que ofrece el ir construyendo tu vida a tu manera (aunque llena de incertidumbre como la de cualquier joven), ves con otros ojos la que eras hace 20, 15, 10 o 5 años atrás. Sabes que has ido perfeccionando tu mundo y sobre todo perfeccionándote tú. Pues si uno no pule sus defectos, no puede distinguir qué es lo que quiere o necesita para uno mismo. Al final el círculo se reduce y quedan los mejores, los que encajan y los que están por llegar.
De nada vale callar, aguantar o soportar. De nada vale llorar si no es para crecer, para sanar, para avanzar. Y siempre se logra, siempre se mira hacia adelante, nunca se deja de aprender; las lecciones quedan patentes con cada instante, todo está atado y conectado, la vida es un circuito perfecto. 
Lo que se fue ya no vuelve a ser o no vuelve a ser como fue. Esa es la única filosofía cierta de la vida, la que arrastra nuestro pasado, la que consta en nuestro presente y la que marca un futuro que realmente no existe. Pisa con fuerza el suelo que te sostiene y camina. Cada paso te acerca a tus metas, cada segundo te aleja de tus disgustos. 
He aprendido, o mejor dicho, he comprendido, que todo se va y vale la pena pedir perdón y vale la pena luchar por quien quieres, y vale la pena dejar ir y vale la pena pensar y decidir. Nos preocupan, diariamente, tonterías que nunca tendrán tanta importancia fuera de los márgenes de nuestra imaginación, tan inmensamente absurda la mayoría de ocasiones. Enfréntate a tus fantasmas, míralos a la cara y lucha contra ellos, no con ellos. No les hagas el camino fácil, son pequeños, muy pequeños.
Al final, lo que queda, es la propia existencia que se encargará de borrar tu muerte, pero que nunca muera tu recuerdo de la existencia de quien amaste. 

Eso sólo depende de ti.






Hoy, una de mis joyas favoritas, una canción que me gusta muchísimo y con la que me siento bastante identificada, desde el propio título: Drama Queen de Green  Day.

https://www.youtube.com/watch?v=yAKGwfQarTE

"Everyone's drama queen is old enough to bleed now". 

miércoles, 2 de marzo de 2016

CUANDO SE ALEJA LA MAREA

La has notado, la has tenido muy cerca susurrando en tus oídos pesadumbre, la has sentido en cada célula de tu cuerpo, en cada rincón de tu piel; te ha besado, y no has sido capaz de decirle "no", ni siquiera has sido capaz de enfrentarla o mirarla a la cara. Ahora ya sabes que cuando llega, se instala.

Habías sentido hasta aquel instante muchas sensaciones diferentes en tu vida, tanto físicas como psicológicas. Magulladuras externas o internas te habían hecho alertarte del peligro al que nos exponemos a diario, pero nada fue comparable a aquel grito desgarrador que apabulló tu sedienta alma. Aquello era dolor, auténtico dolor, del que exprime hasta la última lágrima de tu cuerpo, dando lugar a eso que creías haber conocido antes, pero que sólo eran avisos para lo que te esperaba: la tristeza. Esa mala consejera que abofetea tus entrañas y te mantiene alejada de los vértices de la libertad. Ella borró tu sonrisa y convirtió el sol de tus días, en una densa niebla que disipaba hasta el color de tu mirada. Dejaste de distinguir entre el bien y el mal, es más, dejó de importarte lo que era bueno o malo. Sabías que pasaría, pero hasta que pasara, las horas se volverían tus peores enemigas. Y se instaló desteñida a vivir contigo la sombra de lo que fuiste y sonreír por compromiso se convirtió en todo un modo de vida. Jamás fuiste una de esas personas que estallan pronto en sentimientos ocultos, sólo cuando realmente están saturadas, y tú simplemente no lo estabas. No era saturación, era más bien indiferencia ante un desustanciado día a día, que sin duda, nadie entendería si intentabas explicarlo. Y fueron muchos, muchísimos los minutos que sin sal y sin azúcar, tuvieron que pasar por delante de tu cara para que decidieras, sin rendir cuentas, ni pedir favores, tomar la brújula de tu existencia.

Y se fue, no hay más explicación que esa. Un día, cogió las maletas y se marchó, dejando una paz interior digna de haber sido donada en porciones a cada ser humano del mundo. De repente, esa insostenible "amiga" que se agarró fuerte a la vida a tu costa, llamada "tristeza", un día había desaparecido y ni una nota de despedida había dejado. No era necesario, simplemente sabías que no volvería, al menos de esa manera, al menos ya no así. Y todo cobró sentido, la ventana anunciaba un radiante sol que iluminaba aquellos rincones fríos y desalentados de antes. De un antes que cada vez parecía más lejano. 
No volviste a caer. Ahora, cada vez que pareces flojear, te enderezas con fuerza, ahora sabes el camino correcto para que nada vuelva a destrozar lo que ya fue destrozado. Ahora ya no hay ninguna bomba apunto de ser detonada, pues sobreviviste a la única detonación del camino: la de la verdadera tristeza, la que sólo se siente una vez en la vida y de la que se aprende tanto y tan rápido, que no os volvéis a cruzar. Ya no volverá a rodearte con sus frías manos haciéndote sentir una fragilidad que nunca estuvo, que nunca estará.

La felicidad no se busca. La felicidad es. Y para ti, ¿qué es?




El tema de hoy es "Felicidad" de La Cabra Mecánica. Un grupo musical que da muy buena energía y una canción, que personalmente, me gusta muchísimo. 


"Mata más gente el tabaco que los aviones y he perdido el miedo a volar."