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miércoles, 14 de noviembre de 2018

CREYÉNDOME POETISA.

Que cada sombra del camino sea luz en tus pupilas.
Que la fuerza que te falte,  sea dureza en tus heridas.
Que la guerra del destino, destelle paz en tu guarida.
Que en las espinas de tu rosa, renazcan verdosas hojas.

Que si la vida se pone dura, yo seré quien te levante.
Que si el camino de ti se burla, yo seré quien le enfrente.
Que si un mal día te amenaza, yo estaré para cantarte.
Las canciones que me enseñaste y las que yo quiero enseñarte.

Que me has dado existencia, educación y disciplina.
Que tú me has encauzado, alzado y sanado.
Que has sido mi hombro, mi refugio y mi prado.
Que si yo sonrío, es porque tú me lo has mostrado.

Que no te soltaré, por mucho que me amenacen los años.
Que yo siempre te llevaré, para calmar cualquier daño.




Hoy rescato una canción que me tenía enganchada hace años. La maravilla de la música es como alguien que quieres y te quiere de verdad; el tiempo no consigue separaros.

Mürfila - Azul y Gris.

https://youtu.be/PPg9l0st_lk

"Porque hoy, las sombras que me inundan, dan más miedo que nunca". 



lunes, 5 de noviembre de 2018

GRACIAS Y SUERTE

Tras unos meses de desconexión del blog, he vuelto. Me encantaría poder contar que durante este tiempo he estado en una isla paradisíaca, perdida del mundo y como única preocupación, elegir un bikini de mi maleta cada día. Pero no, lo cierto es que el anticipado invierno que tan bien me sienta cada año -léase la ironía-, me ha pillado desprevenida y en horas bajas. Ayer, casi casi era verano, casi casi lucía yo palmito y bronceado y de pronto, ¡zasca!, el abrigo hasta el cuello. Aunque cierto es que no echo de menos este verano pasado, al menos desde la señalada fecha ya mencionada en mi entrada anterior. Pero no, hoy no quiero hablar de dramas, ni de mis chakras que ondean mi interior, orgullosos y agradecidos de que en tiempos mejores haya dedicado tiempo y mimo en dominarlos, para que ahora, aunque algo desbaratados a veces por las circunstancias, no estén bailando el corro de la patata. En eso estoy salvada y qué suerte. Es lo mejor que os puedo aconsejar: si vuestra vida está estable, dominaos, porque en esta noria siempre se baja igual que se sube, y os aseguro que en momentos bajos, no hay tiempo para introspecciones. 
Pero de lo que yo en realidad quería hablar es de que el sábado fue mi cumple y pude celebrarlo con mi familia al completo y eso me hizo sentir especialmente feliz. Algo me dice que estos 27 añazos van a ser inolvidables. Como he escrito en entradas anteriores, mis mejores edades siempre han sido las impares. Y bueno, no es que esta cifra haya entrado en mi vida en el mejor momento, pero es posible, y según las estadísticas de mi existencia, que eso cambie y para bien. Bueno con algo hay que consolarse; desde luego que si algún día me preguntaran a qué edad volvería, os puedo jurar mil veces que jamás diría los 26. Quisiera borrar esa edad de mi memoria, aun sabiendo que no es posible y sobre todo siendo consciente de que lo peor que haya podido pasarme durante estos últimos 365 días, es lo que me hace crecer cada día como ser humano.
Pero es que yo nunca pude evitar preguntarme el por qué de las cosas, mientras me mantengo firme con el destino, indomable en mi camino y fuerte conmigo misma. Es raro, pero cada día que pongo un pie fuera de la cama, me digo: Carol, ¿qué puedes hacer por cambiar lo que te ha tocado experimentar? Nada. Esa es mi firmeza con el destino.
También me digo: ¿Vas a dejar que la vida te lleve por donde quiera? Para nada. Ahí es donde actúo indomable en el camino.
Y por último me hablo y me oigo y me entiendo y me aguanto y me soporto y me sobrellevo, y ahí está mi fuerza ante la vida. 
Y así es, no hay más secretos. Una suerte también el incombustible apoyo de quienes he sabido elegir -y muy bien- en mis años. Las personas precisas, en los momentos precisos. No me levantan, es que se tumban conmigo. Ojalá os pille un vendaval con gente así. Ahora os digo, también en estas circunstancias aprenderéis quiénes sí y quiénes no y eso, llegados a este punto, no duele, porque ya nada duele tanto, el camino se hace más ligero y os aseguro, es maravilloso comprobar que por quien apostaría tus ojos, está.
Así que bueno, este ha sido el resumen de la montaña rusa más intensa que he experimentado jamás -con lo que odio yo las montañas rusas- en la que se han convertido mis días. Pero estoy bien, os lo aseguro. Jolín, sólo tengo 27 años y muchos sueños por cumplir. Como dice la banda sonora de hoy: "Es el ciclo sin fin, que lo envuelve todo". 
Gracias y suerte.


Hoy, el Rey León.

https://youtu.be/M7TRx8MoXAc

sábado, 14 de julio de 2018

SIGUE BRILLANDO

Cae la noche y observo una estrella, desde la persectiva que mi balcón, lejos del jaleo que produce la ciudad, me permite. 
Pienso en la vida de esa luz que transmite; cuántos años, muy lejos de aquí, habrá quedado atrás y no dejo de sorprenderme cada vez que el sol duerme y vuelve ahí, a su sitio, al mismo sitio que la vulnerabilidad de mi humanidad me hace contemplarla. 
Son las 22.45, en mi reproductor suena Let it be y en mi conciencia, todo el firmamento. Cada día me siento más libre y esta sensacion, creedme, no la había tenido tan agudizada, ni tan cerca jamás. No sé de qué cadenas me estoy liberando esta vez, no sé si de verdad he puesto tierra por medio a lo que me impedía crecer o donde ya había crecido todo lo que podía, pero ahora mismo sólo quiero parecerme a esa estrella por su luz, conservarla en espacio y tiempo, pero no en su quietud; no te quedes donde sientas que has cerrado una etapa. No te quedes a esperar, sálvate sin miedo, que miedo ya tendrás tiempo de sentir. 

Maravillosa, la vida me parece maravillosa. El poder que ejerce mi camino recorrido me hace sentir serena. He cometido tantos errores como sorpresas me ha deparado el paso de los años y la paz, la paz sólo la quiero un rato. Prefiero el silencio de mi alma a la paz de mi  existencia. No es lo mismo. Yo nunca he sido paz, no sé serlo, no he aprendido, ni quiero. La guerra del fuero interno es lo que nos mueve. Somos revolución. Ya lo decían Los Beatles. Revolution. 

Reencontrarme con quienes quiero, con quienes me quieren, transmitirles mi entusiasmo y aprender del de ellos, abrazarles, sentirles, tocar ese calor humano o animal que tan frágiles y fuertes nos hace a la par, es la gasolina funcional. Somos estrellas nosotros también, pero nuestra luz sigue viva, tan viva como mis agitados dedos escriben esto. 

¿Han habido tiempos mejores en alguno de los fascículos que han quedado atrás? No lo creo. En cada uno de ellos hemos sido felices o hemos estado tristes o nos hemos sentido enfadados, defraudados o frustrados por lo que en aquel momento suponía algo distinto en nosotros. Pero seguimos y aprendemos de ello, y sobre todo lo afrontamos, con el coraje y la valentía que supone cerrar puertas despacito, cuando creías haber dado portazo previo. No. Los portazos no son la solución. A fin de cuentas es el propio camino, el nuestro, el de nuestras decisiones y pasos, el que nos evoca irremediablemente al continuo aprendizaje, a la atadura de cabos y a entender por qué aquello entonces y por qué esto ahora. Así de simple.

Sigue brillando. 





Esta cancion que me encanta, creo que aún no la había puesto en ninguna de mis entradas y si es así, disculpadme, es que me encanta. 

 https://youtu.be/o2i_ZgeM7Y4

"Tomé sólo el olor y lo mejor de cada instante".



miércoles, 28 de diciembre de 2016

UN MIEDO LLENO DE ALMAS.

Todo el mundo ha sentido miedo, tú has sentido miedo, yo he sentido miedo y hasta la persona que más fortaleza y colorida seguridad aparenta, ha sentido miedo alguna vez.

El miedo nos pone en sobre aviso, nos alerta de peligros y eso hace que en muchas ocasiones nos guardemos en salud y evitemos situaciones que podrían destrozar lo que por delante se pusiese. 
El miedo nos hace una señal, cierto es, pero son muchas las veces que decidimos ignorarlo, que no lo escuchamos, y seguimos nuestra senda, directa al acantilado, como un rebaño de ovejas, tan ciegas, que son incapaces de ver que no siguen a ningún pastor. Porque también al ser humano le gusta el riesgo. 
Pero hablemos de ese miedo que nos eriza la piel interior, la que no se ve, pero se percibe. Hablemos de ese miedo que surge cuando ni tan siquiera nuestra vida está en peligro, pero lo vivimos como si casi lo estuviese; porque quizá de él depende que la masa que esconde la quijotera, sí sobreviva a la vida. El miedo a enfrentarnos a nuevos retos, el miedo a fallar, el miedo a cambiar, el miedo a ser nosotros mismos. Ese miedo, amigos, es el más común y por tanto, el más traicionero.




Hace apenas unos días, leí un artículo sobre el comienzo de un nuevo trabajo, las dudas y temores que surgen y además ha coincidido con mi nueva situación laboral y me hizo recordar la vez que tuve mi primera experiencia laboral y el primer día de trabajo. Recuerdo que tuve miedo, ese miedo del que antes hablaba. La inexperiencia me daba pánico, el fallar o el no ser capaz; me temblaban las piernas, me sudaban las manos y me costaba un esfuerzo tragar saliva. Tras haber vivido varios días de "primer día de trabajo", ahora sigo sintiendo miedo, para qué vamos a mentir, pero de una forma muy diferente, completamente canalizado por donde yo quiero que vaya y dándome mucho más margen de error. Ahora mi cabeza me dice: eres capaz y eres capaz de equivocarte como cualquier ser humano. Nadie nace aprendido. Así es como los miedos huyen, así es como los espantamos, así es como nos volvemos seguros y potenciamos lo mejor que tenemos, con mucha fuerza interior y aguantando las tripas hacia dentro las primeras veces, que ya sabemos, pueden ser muy dolorosas. 




Si nos bloqueamos, si nos ensimismamos en nuestras debilidades, no podremos avanzar cuanto nos gustaría y eso siempre te lleva a un, ya no miedo, sino un terror descontrolado que recorre nuestros vasos sanguíneos a la velocidad de la luz. Y estoy segura que debe consumir de una forma tremenda. 

No sólo a la hora de un trabajo el miedo puede afectar, también por supuesto se puede extrapolar a cualquier ámbito, pero por ser más general, al afrontar el reto que sea en nuestra vida, a dar ese paso que nunca tuvimos valor de dar, a saber que siempre llega una hora, un día, en que nuestro reloj interior grita y debes escucharlo, aprender a hacerlo e ir de la mano con él. No puedes desviar tu camino, o mejor dicho, sí puedes pero no debes, porque entonces serás infeliz durante todo tu trayecto y no hay nada como vivir una vida plena, llena de libertad, para elegir lo que deseas, disfrutando de esas pequeñas cosas, que suenan a tópico, pero hacen grande el existir. 

Si decidimos quedarnos en el mismo punto de partida siempre, nos perderemos infinidad de historias que contarles a nuestros hijos si algún día decidimos tenerlos. Si no alzamos la voz, en lugar de atrapar oportunidades, las oportunidades nos atraparán a nosotros en forma de ansiedad por no haber sido capaces de llevarlas a cabo. La vida no es eso. 




Dejemos de lamentar la mala suerte que a veces parece que nos cae del cielo, porque ni la buena ni la mala caen del cielo, en esta vida señores, sólo las mentes más fuertes llegan a la convicción que cada día cuenta y son conocedoras de su valer. 
Por eso nunca dejarás de sentir miedo, porque si estás sintiendo miedo en este momento, es porque has tomado las riendas de algo, es porque una decisión abre una nueva etapa y eso, a parte de valiente, te está salvando de un pozo en el que ya hay mucha gente.





Esta canción me gusta mucho, y aunque se llama "Ella", también se la dedico a "ellos". Porque tiene la fuerza que todo requiere. Bon Nadal.

https://www.youtube.com/watch?v=i7X6nO0R9jA

"Hoy vas a conseguir reírte hasta de ti".

viernes, 1 de julio de 2016

IMPACTO

El último capítulo del libro que terminé hace unos días, decía algo así como que a las personas nos gusta ayudar a los demás para hacer crecer nuestro ego, es decir, siempre nos volcamos en facilitar nuestra mano a aquellos que consideramos están por debajo de nuestros privilegios o de nuestra propia vida. No eran estas las palabras textuales, pero sí el mensaje. 
Lo cierto es que nunca me había planteado el auxilio al resto de esa forma. Siempre me ha gustado prestar mis manos a aquellos que me las pidan, pero nunca imaginé que con ello, bien es cierto, uno se retroalimenta y como consecuencia se crea un bloqueo emocional en ambas partes, el auxiliado y el auxiliador. 
Necesitamos sentir la bendición constante del mundo, necesitamos que los demás sepan lo buenos que somos con obras caritativas a costa de una vida, bien sea humana u otro tipo de animal. Es una necesidad del ser humano, aunque no nos lo planteemos a menudo: nadie se considera mala persona. 
Nos apresuramos a borrar las manchas de nuestro pasaje con buenos intentos de caridad, pero realmente, a nivel global y no individual, ¿lo hacemos por los demás o por nosotros mismos? Siempre que hablan personas que pertenecen a un voluntariado, cualquiera que sea, los oiréis decir que es una satisfacción enorme, que a nivel personal no tiene comparación, que te llena y bla, bla, bla. Ahí está la clave de todo lo que hacemos: la satisfacción personal, incluso cuando es a otro al que debería satisfacer tu trabajo. Pero el ser humano es egoísta desde su nacimiento, el egoísmo forma parte de nuestro modo de vida y ya no por la sociedad en la que vivimos (que lo engrandece hasta límites insospechados), sino desde que la humanidad se creó. Por eso se descubrió que los animales eran comestibles, por ejemplo, ¿no? Y por eso a día de hoy seguimos anclados a un gobierno corrupto, por ejemplo, ¿no?
La empatía es una palabra que escuchamos muchas veces, pero de la que carecemos todos, aunque cabe decir que hay quien la domina mejor que otros y aunque el humano es patológicamente egoísta desde tiempos ancestrales, es posible que en la actualidad aún lo sea más. 
Es el punto común que nos une en masa y cuando eso se lleva a las urnas, a una democracia que lamentablemente da resultados nefastos, el pueblo se enfrenta y se disipan como moléculas de polvo y por completo, las ganas de ayudar al otro, y ahí es cuando realmente sale el verdadero carácter humano, el de "cooperar hasta que a mí me haga falta". 
No somos más que seres ignorantes creyéndonos con total posesión de la verdad, pensando que tenemos valores por votar con más fuerza que nunca. Y no es cuestión de ideología, como no me canso de repetir, sino de dignidad. El pobre votando al rico, para que así siempre haya desfavorecidos y podamos ser voluntarios de nuestro propio ego, ayudando mientras endiosamos nuestro "yo interior", hablando de fuerza vulnerando al fuerte. Este es el camino que le vamos a dejar a nuestros hijos. 
Nadie tiene la culpa, y todos la tenemos. 

Una de mis fotografías favoritas: "El impacto de un libro". 




Canciones que hablan por sí solas: Pink Floyd - Another Brick In The Wall 


"All in all it's just another brick in the wall".

miércoles, 8 de junio de 2016

OBSERVA, PIENSA, UBICA.

La madurez es aquello que descuartiza la inocencia, cuando se pierde la visibilidad de lo que se vislumbraba fresco. Se secan las raíces de lo eterno y uno tiene que coger en silencio la maleta y sin embargo, marcharse con lo puesto. Ese pulso a la vida entre lo que se fue, lo que se es y lo que se adivina que será, nos impide adaptarnos al presente. 
Una simple crisis de identidad no debería manchar las constantes vitales, porque la madurez en realidad no existe. Nunca se es lo bastante maduro, siempre nos negamos a crecer más de la cuenta y eso nos impide adaptarnos al presente. 
No nos negamos a crecer por instalarnos en el pasado, sino todo lo contrario: Por creer que el futuro siempre será más juvenil de lo que es ahora y aunque conforme pasan los años y la trayectoria va tomando forma, se observa que no es así, nos negamos a aceptar y por ello, nunca nos adaptamos al presente.
Porque el ahora jamás será suficiente, siempre hay sed de más y mejor, nuestro eje no quiere quietud, no quiere una paz que seguro algún día encontrará, pero no será en esta senda de paso que acostumbra a clavarnos sus piedras en nuestros pies; será en un mañana que no espera, y aun así solemos mirar, sin reojos ni disimulos, más allá de la ventana de lo efímero, olvidando que no hay eternidad y eso, nos impide adaptarnos al presente.  
Pensar cuando no es necesario pensar, intervenir a sanar a deshora, y entonces a destiempo el tiempo ya se agota, pero continuamos poniéndonos de puntillas para creer que así se divisará el horizonte más amplio de lo que ahora se muestra desnudo ante nuestras miradas; abanicar momentos avivando sus ascuas y desmantelar el cerebro para que no grite nada. Y es ahí, sólo ahí, en las profundidades de la oscuridad personal, intransferible y humana, donde se esconde la irrefutable forma con la que impedimos adaptarnos al presente. 





La canción de hoy, es Going to a town de George Michael, aunque a mí personalmente y salvando las distancias, me gusta más esta versión de Rufus Wainwright. Perfecta. 

https://www.youtube.com/watch?v=CtVyl402W5s

"Making my own way home". 



martes, 29 de diciembre de 2015

PETARDOS QUE BORRAN SONIDOS DE AYER.

Hay una frase pronunciada por el Papa Pablo VI que adoro: "No desprecies el recuerdo del camino recorrido. Ello no retrasa vuestra carrera, sino que la dirige; el que olvida el punto de partida, pierde fácilmente la meta."
Independientemente de aquel que sea creyente o no (en mi caso sí), es una cita totalmente cierta y que, al menos a mí, me hace reflexionar bastante. 



Jamás he despreciado mis pasos, jamás he intentado rectificar lo que ya no tenía rectificación, jamás me he arrepentido de nada y jamás he tenido la sensación de no haber cerrado etapas cuando tocaba hacerlo. Si algo me está enseñando la vida en mi trayecto, es que las circunstancias nunca pueden forzarse y todo principio y todo final, llega cuando tiene que llegar. Ni antes, ni después. 


"Hoy me paro a hacer balance", como dice una maqueta de Estopa, y puede que sea porque estamos ya a 29 de diciembre, el año se termina y el jueves quedarán 365 días para el recuerdo. Días de alegría infinita y tristeza desmesurada. Días de paz interior y ansiedad incalmable. Días de sueño y de sueños. Días rotos y reconstruidos. Días de incertidumbre, de personas que vuelven y personas que se van, de mi vida pasando como una película y de repente sentirme más intérprete que nunca. Días de mucho, días de poco. Días para mí. Días míos. Días de mí. Mis días. 
Las últimas cuatro frases resumen el 2015, porque es un año del que he aprendido, un año con el que comenzaría y acabaría igual si me hicieran firmar en un papel, un año que repetiría sin duda, con pros y contras; no el mejor de mi vida, pero sí el mejor para mi vida. El mejor que podría tener, para desintoxicarme de personas, para saber lo que necesito, lo que merezco, lo que quiero y lo que deseo. Para volver a tener delante muchas de las cosas que siempre quise tener y darme cuenta que ya es tarde y que eso ya no forma parte de mi interior. De lo que yo he sido y ya no soy, de lo que fui y sigo siendo. De lo que no era y soy, de lo que nunca fui, ni seré. 
Con la llegada del 2015, fui encontrándome por el camino, y no digo reencontrarme porque creo que en realidad jamás me he perdido, simplemente nunca me había conocido y asimilando un 2014 muy duro, fui mirando hacia delante sintiendo que nada me afectaba en exceso. Y si me afecta, ya no como antes. Anhelo cosas que por el momento quizás no pueda tener, creo que como bien he dicho antes, la vida siempre te pone las situaciones en tus ojos, es sólo cuestión de tiempo y paciencia. Aun así, no podría quejarme, porque soy afortunada y no por lo material, pues cada vez necesito menos cosas para sobrevivir en la vida, lo esencial es vivir y eso no te lo da ningún objeto. Eso viene en las personas y los momentos, en convivir con uno mismo y con el resto, en no ocultarse, en ser valiente y saber que te quieren o te odian por lo que eres y no por lo que finges ser. Ese es un dato importante. La realidad es que yo jamás he interpretado un papel para agradar, pero durante el proceso de encontrarme a mí misma en la desubicación que producen unos años en proceso de maceración de cuerpo y alma, puede ser que no haya sido todo lo que quería ser, en el momento en que lo deseaba ser. Ahora sigo teniendo mis inquietudes, más que nunca incluso, pero ahora sé más cosas, ahora entiendo que nunca entenderé nada y ahora soy yo, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte me separe. Y la verdad, creo que es algo que todo ser humano debe buscar. Hasta encontrarse. 

¡FELIZ NAVIDAD! 
(Con retraso)

¡FELIZ 2016!
(Por si ya no escribo hasta enero) 



La canción de hoy es la mítica de Mecano cuando llegan estos días finales y la que escucho toda mi vida para hacer mi balance anual, "Un años más". Precioso tema donde los haya, sin ninguna duda.


"A los que ya no están echaremos de menos."
29.
16 meses


sábado, 21 de noviembre de 2015

SINSENTIDO

Caminamos sobre el suelo que pisamos con miedo. Tenemos miedo a sufrir o a morir o a las dos cosas, cuando realmente ambas son completamente inevitables, como inevitable es ver el recorrido pasar dejando trenes en estaciones que desaparecen con cada paso.
Todo dura lo que dura el cuerpo y  no creo que después haya mucho más que no sea como dormir sin despertar de madrugada aferrado a las pesadillas que consigo llevan nuestros temores más profundos. 



Hay que saltar. Saltar es una buena forma de que al suelo caigan todas esas cosas que nos impiden saber que sólo el momento que impregnado en este segundo en nuestra piel está, es el verdadero, el único y el creíble. ¿Qué importa lo que se deja atrás, acaso va a salvarte ahora de alguna quema? Y lo que viene, ¿alguien ofrece garantías de que vaya a ocurrir? Siempre comedidos, no vaya ser nos arruinemos el alma. ¿Para qué quieres ahorrar en tus entrañas? No te hace más rico. ¿Alguna vez has pensado cuántas cosas te han quedado por hacer o decir si mañana te mueres? Cosas banales, cotidianas, no hablo de tu sueño por viajar por todo el mundo, sino cosas mucho más sencillas, como descuidar a quien quieres y no hacer nada por salvarlo.
Viajamos en el tiempo cada vez que despertamos, un tiempo que se construye cada mañana y no se para aunque duermas; y este trayecto lo pasamos llenos de ansiedades, con uñas mordidas, pulmones asfaltados y piernas que no paran cuando deberían reposar sobra una silla. Así nos limitamos a pasar, cuando somos un universo lleno de sentimientos, somos bombas de relojería que no dejamos estallar; somos aire, como dice esa famosa canción de Mecano. Somos energía, bendita energía. Pero fallamos, creyendo que fallar es otra cosa, cuando lo único creíble es que no llegamos a sentirnos todo lo poderosos que somos, pues nuestros escudos nos protegen de otros escudos, cuando en realidad es fácil distinguir, pero complicamos la senda con piedras que ni tan siquiera son comparables a los pedruscos que esa misma senda te pone sin poder decidir, y sin embargo los pequeños sedimentos que nosotros fabricamos, nos hacen más incapaces que cualquier otra roca. 



Observo el mundo y lo veo así. Yo he sido así, soy así a veces. Pero lucho con todas mis fuerzas por evitar desperdiciar lo más valiosos que tengo y por eso salto. Salto todo lo alto que puedo, no para hacerme daño en la caída, sino para que caigan esas piedras que yo misma me he puesto alguna vez, limitándome horizontes mucho más cercanos de lo que algún día pude pensar que estaban. 
Se llama seguridad, y la tenemos todos dentro. Sólo hay que apartar trastos del corazón, porque cuando apartas los trastos compruebas que tienes un hueco muy grande para llenarlo de todo lo que tú quieres. Y no importan los demás. No olvides qué es lo más valioso que tienes, así que no vayas a por ello porque ya lo tienes. Sólo cuídalo.



La canción de hoy es la que me ha inspirado. La escucho desde hace ya unos cuantos años y me encanta. La recomiendo. Además le da título a mi post de hoy. ¡FELIZ SÁBADO!

Bebe - Sinsentido


"¡Ay cuerpo! Cuerpecito mío, qué caña te he metío en estos años."





martes, 3 de noviembre de 2015

24.

Hoy es mi cumpleaños y me encanta.
Siempre me ha gustado cumplir años, desde que tengo uso de razón, este día lo siento mío y solo mío, incluso me da rabia que alguien los cumpla el mismo día que yo y tenga que compartir mi fecha, mi 3 de noviembre.
Odio noviembre, lo cierto es eso. Yo tendría que haber nacido en un mes de sol y calor, de playa y tirantes, de días eternos y noches muy cortas... Sin embargo ni siquiera fui concebida en verano, porque si las cuentas no me fallan, mis padres debieron celebrar el San Valentín de 1991 por todo lo alto, así que no, mi aniversario nada tiene que ver con mi estación del año favorita y me tocó llegar al mundo en el mes que más odio. Aun así hago honor al carácter de una buena Escorpio, por lo tanto, creo que no podría haber sido ningún otro signo zodiacal.



Una de las razones por las que más odio cumplir años este mes, es porque demasiados años he tenido cumpleaños pasados por agua, cancelación de celebraciones por esta razón y recuerdo soplar las velas más de una vez y de dos con mucho frío. Tengo suerte que desde hace unos años, Lorenzo se porta bien en mi aniversario, aunque por otro lado puede que esto no sea tan bueno...

El caso es que me planto aquí, hoy y ahora con 24 años, que es cierto, no son muchos, pero sí han pasado realmente deprisa. 
Haciendo un poco de balance, sigo siendo la misma persona que cumplía 14 hace diez años o los 18 hace ya seis. Tengo las mismas razones para sonreír, los mismos motivos por los que quejarme (aunque eso va en aumento), las mismas personas a mi lado (y alguna más que con los años he agregado) y la misma ilusión por lo que me ilusiona, aunque las ilusiones cambien con el tiempo.
Me falta una persona que durante 22 años estuvo a mi lado con cada tarta, y este es el segundo que no va a estar. Es obvio que no me olvido de ella, ni hoy ni nunca, y que le mandaré un trocito de pastel allá donde se encuentre. Pero la vida sigue y creo que eso he aprendido del año pasado, de este año y de cualquier otro año. La vida no se detiene nunca, por nada, ni por nadie y siempre hay que estar orgulloso de poder cumplir, porque eso significa que estás vivo y mientras estás vivo las cosas pueden ser maravillosas. 




Cuando llega este día me gusta agradecer. Normalmente lo hago para mis adentros, pero aprovecho el blog para dar las gracias a todos los que durante tantos años llevan aguantando mi mal carácter, mi manera de contar cualquier tontería como un acontecimiento especial, mis bromas a veces pesadas, mis gritos cuando me cabreo, mi lengua envenenada cuando algo me enfada o mis lágrimas cuando tengo un mal día. Y que a pesar de todo, sigan a mi lado y que en días como este se esfuercen por hacerme feliz sabiendo lo que me gusta y conociéndome tan bien, con detalles que dejan muda, hace que no pueda sentirme más orgullosa de tener a mi alrededor a las personas que tengo. Son las adecuadas, las que encajan en el puzzle de mi camino. Espero estar a la altura que ellos merecen y compensarles mis defectos con virtudes que hagan sus vidas más fáciles. La mía desde luego la hacéis especialmente sencilla.


Y sumando otro noviembre, sabiendo que el mundo nunca deja de girar, creo que siempre debemos tener una apuesta para ganar. Lo poquísimo que sé de la vida es que nada es una emergencia que no se pueda arreglar, mientras el corazón siga latiendo y el amor vuelva a ganar. 





Y como siempre, hoy también toca canción y no, no es el "Happy Birthday".
Iba a colgar November Rain, pero claro, no llueve hoy, así que no pega. Eso hubiese estado mejor ayer. 
He elegido este tema de Mika, el "Blame It On The Girls", porque sonaba el día que me examiné del teórico hace ya unos cuantos años y aprobé, así que desde entonces le tengo un cariño especial además de transmitirme muy buena energía.

https://www.youtube.com/watch?v=iF_w7oaBHNo


"Life could be simple but you never fail to complicate it every single time "