Todo el mundo ha sentido miedo, tú has sentido miedo, yo he sentido miedo y hasta la persona que más fortaleza y colorida seguridad aparenta, ha sentido miedo alguna vez.
El miedo nos pone en sobre aviso, nos alerta de peligros y eso hace que en muchas ocasiones nos guardemos en salud y evitemos situaciones que podrían destrozar lo que por delante se pusiese.
El miedo nos hace una señal, cierto es, pero son muchas las veces que decidimos ignorarlo, que no lo escuchamos, y seguimos nuestra senda, directa al acantilado, como un rebaño de ovejas, tan ciegas, que son incapaces de ver que no siguen a ningún pastor. Porque también al ser humano le gusta el riesgo.
Pero hablemos de ese miedo que nos eriza la piel interior, la que no se ve, pero se percibe. Hablemos de ese miedo que surge cuando ni tan siquiera nuestra vida está en peligro, pero lo vivimos como si casi lo estuviese; porque quizá de él depende que la masa que esconde la quijotera, sí sobreviva a la vida. El miedo a enfrentarnos a nuevos retos, el miedo a fallar, el miedo a cambiar, el miedo a ser nosotros mismos. Ese miedo, amigos, es el más común y por tanto, el más traicionero.
Hace apenas unos días, leí un artículo sobre el comienzo de un nuevo trabajo, las dudas y temores que surgen y además ha coincidido con mi nueva situación laboral y me hizo recordar la vez que tuve mi primera experiencia laboral y el primer día de trabajo. Recuerdo que tuve miedo, ese miedo del que antes hablaba. La inexperiencia me daba pánico, el fallar o el no ser capaz; me temblaban las piernas, me sudaban las manos y me costaba un esfuerzo tragar saliva. Tras haber vivido varios días de "primer día de trabajo", ahora sigo sintiendo miedo, para qué vamos a mentir, pero de una forma muy diferente, completamente canalizado por donde yo quiero que vaya y dándome mucho más margen de error. Ahora mi cabeza me dice: eres capaz y eres capaz de equivocarte como cualquier ser humano. Nadie nace aprendido. Así es como los miedos huyen, así es como los espantamos, así es como nos volvemos seguros y potenciamos lo mejor que tenemos, con mucha fuerza interior y aguantando las tripas hacia dentro las primeras veces, que ya sabemos, pueden ser muy dolorosas.
Si nos bloqueamos, si nos ensimismamos en nuestras debilidades, no podremos avanzar cuanto nos gustaría y eso siempre te lleva a un, ya no miedo, sino un terror descontrolado que recorre nuestros vasos sanguíneos a la velocidad de la luz. Y estoy segura que debe consumir de una forma tremenda.
No sólo a la hora de un trabajo el miedo puede afectar, también por supuesto se puede extrapolar a cualquier ámbito, pero por ser más general, al afrontar el reto que sea en nuestra vida, a dar ese paso que nunca tuvimos valor de dar, a saber que siempre llega una hora, un día, en que nuestro reloj interior grita y debes escucharlo, aprender a hacerlo e ir de la mano con él. No puedes desviar tu camino, o mejor dicho, sí puedes pero no debes, porque entonces serás infeliz durante todo tu trayecto y no hay nada como vivir una vida plena, llena de libertad, para elegir lo que deseas, disfrutando de esas pequeñas cosas, que suenan a tópico, pero hacen grande el existir.
Si decidimos quedarnos en el mismo punto de partida siempre, nos perderemos infinidad de historias que contarles a nuestros hijos si algún día decidimos tenerlos. Si no alzamos la voz, en lugar de atrapar oportunidades, las oportunidades nos atraparán a nosotros en forma de ansiedad por no haber sido capaces de llevarlas a cabo. La vida no es eso.
Dejemos de lamentar la mala suerte que a veces parece que nos cae del cielo, porque ni la buena ni la mala caen del cielo, en esta vida señores, sólo las mentes más fuertes llegan a la convicción que cada día cuenta y son conocedoras de su valer.
Por eso nunca dejarás de sentir miedo, porque si estás sintiendo miedo en este momento, es porque has tomado las riendas de algo, es porque una decisión abre una nueva etapa y eso, a parte de valiente, te está salvando de un pozo en el que ya hay mucha gente.
Esta canción me gusta mucho, y aunque se llama "Ella", también se la dedico a "ellos". Porque tiene la fuerza que todo requiere. Bon Nadal.
https://www.youtube.com/watch?v=i7X6nO0R9jA
"Hoy vas a conseguir reírte hasta de ti".
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
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miércoles, 28 de diciembre de 2016
martes, 20 de octubre de 2015
TIC TAC, TI TAC..
A veces la vida se nos queda grande y las paredes de nuestra estancia se nos vienen encima. Echamos de menos olores, sabores, sonrisas, días pasados, personas, lugares, palabras...
Si hay algo en este mundo que me duele sobre todas las cosas, es ver quebrarse eso que no se ha llegado a romper del todo, pero sabes perfectamente que no tiene arreglo y que ya no volverá a ser como era. Esa es una de las cosas que me ha causado en esta vida más ansiedad, más estrés, más lágrimas y más noches de insomnio que cualquier otra. El buscarle insaciablemente a lo que no tiene, una explicación lógica, un "por qué" o ese segundo en que todo se fracturó. Y eso es lo que nos vuelve tremendamente locos y vulnerables, eso es lo que corta nuestras alas para avanzar y para ver que por una cosa que se parte, hay veinte inquebrantables o intactas, pero claro, ve y dile a tu cabeza y a tu corazón en ese momento que no sangren, si sangrar de dolor es lo más humano del mundo.
Cuando algo se nos escapa, las noches son más largas y los sueños, mucho más incontrolables. Pesadillas que mantienen tu corazón en un puño, que aceleran tus sentidos y se vuelven en tu contra, esas horas que tendrían que ser de descanso.
Luego llega la mañana, y detrás de ti, como un eco lejano, continúa la sensación de escapársete algo, que en ese momento parece la vida, pero sólo es una parte de ella. Una parte en la que fuiste feliz, como ese perro que recibe a su amo agitando su rabo o como ese niño en una noche de Reyes. Feliz. Y poco a poco ves como ese "feliz" ya no tiene tantos matices, y pierde color, porque por si no lo sabéis, el tiempo es el peor enemigo de los colores y los matices.
Las tardes, no son mucho mejores, porque cuando a algo no se le pone punto y final definitivo, por dentro habla eso que llamamos aceptación, pero no queremos escucharla.
Porque siempre nos aferramos a lo que no somos capaces de enfrentarnos.
Y vagan nuestros miedos y campa la locura a sus anchas en nuestro cuerpo, porque damos cancha.
Pero la realidad es que cuando algo se nos está yendo y lo sentimos y lo vivimos y lo soñamos y lo lloramos, es porque no depende de nosotros atrapar lo que ya se fue hace tiempo. Cuando algo se nos escapa de las manos y no podemos evitarlo, es porque ya lo evitamos muchas veces y siempre hay alguna en la que fallamos. Y no podemos llamarle errar a lo que en realidad no es un error, pues cuando algo se va marchando de puntillas, deberíamos ser capaces de abrirle la puerta, pero nuestro tembloroso pulso nos impide hacer, lo que en ese momento parece, una verdadera locura. Al fin y al cabo es lo que siempre acabamos haciendo, pero es una de las decisiones más difíciles de la vida, por lo que suele ser nuestra última opción. Antes, nos quedan por delante muchos desvelos y muchas dudas que sólo el "tic tac" de un reloj nos acaba resolviendo.
Es tremendamente doloroso observar en ojos propios cómo se marcha la esencia de eso que un día nos hizo feliz y más doloroso es jugar todas las cartas y que ya no quede ni un as en la manga para darle la vuelta al tiempo. Es de esas cosas que no se borran jamás de la cabeza y que te ayudan a crecer, porque sufrir de vez en cuando, es la única manera de ensanchar un alma.
Hay una canción que a mí me gusta mucho, de la grandísima Rocío Jurado, espero la disfrutéis.
https://www.youtube.com/watch?v=rQkZEdj7PP4
"Como el día de la noche, siempre cerca y no se miran, nunca se miran."
Si hay algo en este mundo que me duele sobre todas las cosas, es ver quebrarse eso que no se ha llegado a romper del todo, pero sabes perfectamente que no tiene arreglo y que ya no volverá a ser como era. Esa es una de las cosas que me ha causado en esta vida más ansiedad, más estrés, más lágrimas y más noches de insomnio que cualquier otra. El buscarle insaciablemente a lo que no tiene, una explicación lógica, un "por qué" o ese segundo en que todo se fracturó. Y eso es lo que nos vuelve tremendamente locos y vulnerables, eso es lo que corta nuestras alas para avanzar y para ver que por una cosa que se parte, hay veinte inquebrantables o intactas, pero claro, ve y dile a tu cabeza y a tu corazón en ese momento que no sangren, si sangrar de dolor es lo más humano del mundo.
Cuando algo se nos escapa, las noches son más largas y los sueños, mucho más incontrolables. Pesadillas que mantienen tu corazón en un puño, que aceleran tus sentidos y se vuelven en tu contra, esas horas que tendrían que ser de descanso.
Luego llega la mañana, y detrás de ti, como un eco lejano, continúa la sensación de escapársete algo, que en ese momento parece la vida, pero sólo es una parte de ella. Una parte en la que fuiste feliz, como ese perro que recibe a su amo agitando su rabo o como ese niño en una noche de Reyes. Feliz. Y poco a poco ves como ese "feliz" ya no tiene tantos matices, y pierde color, porque por si no lo sabéis, el tiempo es el peor enemigo de los colores y los matices.
Las tardes, no son mucho mejores, porque cuando a algo no se le pone punto y final definitivo, por dentro habla eso que llamamos aceptación, pero no queremos escucharla.
Porque siempre nos aferramos a lo que no somos capaces de enfrentarnos.
Y vagan nuestros miedos y campa la locura a sus anchas en nuestro cuerpo, porque damos cancha.
Pero la realidad es que cuando algo se nos está yendo y lo sentimos y lo vivimos y lo soñamos y lo lloramos, es porque no depende de nosotros atrapar lo que ya se fue hace tiempo. Cuando algo se nos escapa de las manos y no podemos evitarlo, es porque ya lo evitamos muchas veces y siempre hay alguna en la que fallamos. Y no podemos llamarle errar a lo que en realidad no es un error, pues cuando algo se va marchando de puntillas, deberíamos ser capaces de abrirle la puerta, pero nuestro tembloroso pulso nos impide hacer, lo que en ese momento parece, una verdadera locura. Al fin y al cabo es lo que siempre acabamos haciendo, pero es una de las decisiones más difíciles de la vida, por lo que suele ser nuestra última opción. Antes, nos quedan por delante muchos desvelos y muchas dudas que sólo el "tic tac" de un reloj nos acaba resolviendo.
Es tremendamente doloroso observar en ojos propios cómo se marcha la esencia de eso que un día nos hizo feliz y más doloroso es jugar todas las cartas y que ya no quede ni un as en la manga para darle la vuelta al tiempo. Es de esas cosas que no se borran jamás de la cabeza y que te ayudan a crecer, porque sufrir de vez en cuando, es la única manera de ensanchar un alma.
Hay una canción que a mí me gusta mucho, de la grandísima Rocío Jurado, espero la disfrutéis.
https://www.youtube.com/watch?v=rQkZEdj7PP4
"Como el día de la noche, siempre cerca y no se miran, nunca se miran."
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