10 de agosto de 2018: Mamá tiene cáncer con metástasis hepática. Estás en tu media hora de merienda, el mundo se tambalea en una milésima de segundo y no sabes si es que el cielo se ha caído encima de ti o es tu suelo el que se ha desmoronado bajo tus pies.
Llanto seco, ni una lágrima dentro de la inmensidad, ni una ola salada en tus lacrimales, de esas que por mucho menos, han brotado como setas en tus ojos. Una llamada a una buena amiga como sacudida de desesperación, un recuerdo de un bocadillo de mala digestión. Chorizo y queso. Ya no quiero ni probarlo.
Vale, toca sobrevivir, no sabes cómo. Un Diazepam por primera vez en tu vida tomado sin consentimiento, pero tampoco sin negación. Un cuñado al volante y una hermana de copiloto viniendo a por ti unas horas después. Viniendo a la que, hasta ese momento, había sido tu tranquila "zona de no confort".
Había salido del confortable confort hacía unos meses, y aunque todo no era color de rosa, en realidad era feliz. Tenía mi trabajo, mi piso, un lugar nuevo, todo muy zen y unas vistas por las que valía la pena levantarse a las 6.00 h. Pero la vida cambió, como cambian las cosas que no son eternas. Y entonces, el contrarreloj comenzó a hacer su cuenta. Luchar, luchar, luchar, hasta quedarte sin fuerzas y cuando creas que no hay más, salen de algún lugar desconocido. Y todo cambia y te replanteas la vida, y dices ¿qué? En realidad la vida no es esto. La vida era lo otro, cuando todo lo tenía sin saber que lo perdía. Pero esto no. Querer ser más listo que el cáncer, creo que te hace parecer más tonto. Tan sólo ha pasado un mes del diagnóstico y mi madre no es la misma y jamás volverá a serlo, sobreviva en el intento o se quede en camino, no volverá a ser esa mujer risueña, que se marcaba la raya negra del ojo para salir con mi padre un sábado o a la que le daban las tantas de la noche cuando cenaba con su mejor amiga.
Y sí, podéis decir desde fuera, ¿y por qué no? Quizás sí. Bueno, ojalá sí, diría yo, pero ni en mil vidas este golpe nos devolvería a ese pasado. Ni sobreviviendo a desnivel, recuperaríamos ninguno aquello. Pero esto me suena, yo por esto ya he pasado, ya sé lo que es que una enfermedad consuma a alguien que quieres, ya sé lo que es tener sin tener. Lo que el Alzheimer no me enseñó es a luchar por sobrevivir. Y el cáncer sí. Y a apreciar. Apreciar por encima de las posibilidades que creías que no existían. A valorar cada segundo siendo consciente. A retroalimentarte, a valorar la gran familia que tienes, a cuestionarte la existencia , a afrontar, a asumir y a aprender a ser más fuerte cada día. Y la verdad, en esta vida, uno vive, siente y padece y al final, quédate con lo mejor de lo peor, incluso. Quédate con tu aprendizaje diario y tu balance anual. Quédate con lo que las circunstancias, tu entorno y tú misma, te enseñas. Quédate con eso y sé lo más feliz que puedas, porque al final, la vida, es muy simple.
Y no, por primera vez, esta entrada no va a Facebook, porque mi madre, enferma si, pero rendida no, actualiza sus redes sociales y la verdad, no es esta entrada por la que suspiraría su "me gusta". Pero necesitaba escribirla, porque como tantas veces he dicho, es mi blog y no hay límites en él.
Sed fuertes, vivir es complicado.
Arms - Christina Perri
https://youtu.be/-oI_H3deDhM
"But you came around and you knocked me off the ground from the start".
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
Mostrando entradas con la etiqueta cáncer. Mostrar todas las entradas
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martes, 11 de septiembre de 2018
miércoles, 22 de noviembre de 2017
SURVIVORS
A veces me engaño a mí misma pensando que nada ha cambiado, pero en realidad sé que todo ha cambiado y ahora tengo una prioridad mucho más reforzada: sobrevivir.
Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista.
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes.
Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también.
Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia.
Esta canción, de mis ídolos junto a Rozalen, trata este tema y además tiene un mes justo. Mi casualidad.
https://www.youtube.com/watch?v=iqHb7Wan98E
"Ha pasado algo importante, puse el contador a cero".
Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista.
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes.
Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también.
Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia.
Esta canción, de mis ídolos junto a Rozalen, trata este tema y además tiene un mes justo. Mi casualidad.
https://www.youtube.com/watch?v=iqHb7Wan98E
"Ha pasado algo importante, puse el contador a cero".
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lunes, 19 de octubre de 2015
UNA ROSA ES UNA ROSA.
Nunca he sido partidaria de "El Día Mundial De...", es decir, esas fechas especiales en las cuales una vez al año conmemoramos, recordamos y lamentamos enfermedades de todo tipo.
Hoy es El Día Mundial Del Cáncer De Mama y aunque como he dicho, no soy dada a "celebrar" estas cosas, he decidido hacer mi segunda entrada del blog relacionada con esta enfermedad.
Todos los días tengo un pequeño recoveco en mi recuerdo para este monstruo, por todo lo que me ha quitado y me ha dado en la vida.
Cuando tenía 18 años recién cumplidos, es decir hace 6 años y la mente aún blandita, una noticia me hizo aterrizar rápidamente en la Tierra y mirar alrededor. Era diciembre de 2009 y mi existencia transcurría bastante tranquila, sin sobresaltos que perturbaran mis días y una comodidad de esas que cualquier postadolescente debería tener derecho a vivir. Estaba en lo que se dice "mi zona de confort" y por mis neuronas no corría ni por asomo la idea de que las circustancias se torcieran. Pero se torcieron y de repente te ves a ti misma escuchando la palabra cáncer más veces de las que te gustaría y a la persona que crees que siempre va a existir por el mero hecho de haberte dado la vida, de pruebas, de médicos, de operaciones y de esas cositas que no crean nada bueno en el interior de uno.
Pasé miedo, no más del que pudo pasar cualquier miembro de mi familia, incluida la protagonista de esta situación, mi madre, pero sí pasé mucho miedo. Los recuerdo como unos meses llenos de incógnitas, de "por qués", de rabia y de lágrimas. Pero algo en mi interior me empujaba con optimismo a pensar que todo iba a salir bien (y además así fue).
No es fácil encajar una noticia como esta, pero sí es fácil encajar lo efímera que puede ser, ya no la vida, sino la felicidad. Pues esta última no es estática, como nos hacen pensar, es dinámica, la felicidad sube y baja, tienes picos en tu vida de felicidad muy alta, pero en realidad cuando estás bien, simplemente bien, sin acontecimientos especiales que te hagan estar mejor, sólo bien, eso sí es felicidad. Pero no lo sabes hasta que todo deja de estar bien en tu entorno, entonces es cuando compruebas esto y eso es lo que a mí me pasó. Yo me quejaba de cosas sin importancia alguna, quizás pasaba con mi madre, con mi familia en general, menos tiempo del que debería y cuando esto pisó con fuerza mis días, mis prioridades cambiaron de hábitos. Todo dio un giro de 180º y puedo asegurar, ahora que ha pasado un tiempo, que para bien. Tuvimos suerte de ganar la batalla, de encontrar a tiempo lo que aún era un embrión de lo que podría haber sido un gran bebé cáncer, fuimos un equipo y todos tiramos hacia adelante juntos, algo primordial.
Hoy miro hacia atrás y estoy orgullosa, muy orgullosa de mi madre, pero también orgullosa de que aquello nos sirviera a todos (incluida a ella) como una lección de moral. Una bofetada en la cara para espabilar, pues la vida te avisa y te da caminos a elegir y tú eres el único que puede decidir. Antes creía en el destino, ahora me han pasado suficientes cosas para saber que todo nos ocurre por propia elección.
La muerte de vez en cuando, le susurra a la vida al oído que a las personas nos tiene que hacer entender que está más presente de lo que creemos. Y la vida se encarga de ello y a partir de ahí ya juegas tú tu propio juego y tú debes sentir si quieres cambiar o quedarte como estabas.
Como he dicho y reitero, pasas miedo, miedo es la palabra ante esta enfermedad, no nos vamos a engañar. Pero la fortaleza mental está muy por encima de nuestra imaginación y pesadillas y eso sólo se comprueba enfrentándose a esos fantasmas que todos llevamos dentro.
Tras este escalón, han venido muchos más y puedo decir que peores y gracias a esta patada que la vida me dio con la mayoría de edad recién estrenada, he podido superarlos todos, con mayor o menor facilidad, pero los he llevado hacia adelante, sabiendo ya que una puede moverse como una veterana, tanto en lo bueno como en lo malo, si decides aprender de ambos.
Así que hoy y todos los días, mucho ánimo a todas aquellas mujeres que salieron adelante, a aquellas que lucharon, pero se marcharon (eso sí, sin perder la partida, pues si se lucha, nunca se pierde), a aquellas que están usando su energía para vencerlo o a aquellas que en este momento están recibiendo la noticia que nadie quiere oír. A todas, a las pasadas y a las futuras (por desgracia ninguna estamos exentas de ello), ÁNIMO.
Y también, por supuesto y por la parte que me toca, a todas las hijas, a todos los hijos, a todos los maridos, a todas las madres, a todos los padres, a todos los hermanos, a todas las hermanas, a todos los nietos y nietas que tienen cerca a una persona con Cáncer de Mama, FUERZA. La fuerza que hay dentro de eso que llamamos cabeza, no sabemos aún lo inmensa que puede llegar a ser.
Allá va una rosa, por todos ellos.
Y hoy mi canción es "Chick Habit" de April March. La escuché en una película que me encanta, Death Proof de Tarantino y me parece acorde a este día, pues es un film de chicas muy guerreras.
Espero que os guste.
https://www.youtube.com/watch?v=FiMgtTqKNTc
"I'm telling you it's not a trick. Pay attention, don't be thick. Or you're liable to get licked."
Hoy es El Día Mundial Del Cáncer De Mama y aunque como he dicho, no soy dada a "celebrar" estas cosas, he decidido hacer mi segunda entrada del blog relacionada con esta enfermedad.
Todos los días tengo un pequeño recoveco en mi recuerdo para este monstruo, por todo lo que me ha quitado y me ha dado en la vida.
Cuando tenía 18 años recién cumplidos, es decir hace 6 años y la mente aún blandita, una noticia me hizo aterrizar rápidamente en la Tierra y mirar alrededor. Era diciembre de 2009 y mi existencia transcurría bastante tranquila, sin sobresaltos que perturbaran mis días y una comodidad de esas que cualquier postadolescente debería tener derecho a vivir. Estaba en lo que se dice "mi zona de confort" y por mis neuronas no corría ni por asomo la idea de que las circustancias se torcieran. Pero se torcieron y de repente te ves a ti misma escuchando la palabra cáncer más veces de las que te gustaría y a la persona que crees que siempre va a existir por el mero hecho de haberte dado la vida, de pruebas, de médicos, de operaciones y de esas cositas que no crean nada bueno en el interior de uno.
Pasé miedo, no más del que pudo pasar cualquier miembro de mi familia, incluida la protagonista de esta situación, mi madre, pero sí pasé mucho miedo. Los recuerdo como unos meses llenos de incógnitas, de "por qués", de rabia y de lágrimas. Pero algo en mi interior me empujaba con optimismo a pensar que todo iba a salir bien (y además así fue).
No es fácil encajar una noticia como esta, pero sí es fácil encajar lo efímera que puede ser, ya no la vida, sino la felicidad. Pues esta última no es estática, como nos hacen pensar, es dinámica, la felicidad sube y baja, tienes picos en tu vida de felicidad muy alta, pero en realidad cuando estás bien, simplemente bien, sin acontecimientos especiales que te hagan estar mejor, sólo bien, eso sí es felicidad. Pero no lo sabes hasta que todo deja de estar bien en tu entorno, entonces es cuando compruebas esto y eso es lo que a mí me pasó. Yo me quejaba de cosas sin importancia alguna, quizás pasaba con mi madre, con mi familia en general, menos tiempo del que debería y cuando esto pisó con fuerza mis días, mis prioridades cambiaron de hábitos. Todo dio un giro de 180º y puedo asegurar, ahora que ha pasado un tiempo, que para bien. Tuvimos suerte de ganar la batalla, de encontrar a tiempo lo que aún era un embrión de lo que podría haber sido un gran bebé cáncer, fuimos un equipo y todos tiramos hacia adelante juntos, algo primordial.
Hoy miro hacia atrás y estoy orgullosa, muy orgullosa de mi madre, pero también orgullosa de que aquello nos sirviera a todos (incluida a ella) como una lección de moral. Una bofetada en la cara para espabilar, pues la vida te avisa y te da caminos a elegir y tú eres el único que puede decidir. Antes creía en el destino, ahora me han pasado suficientes cosas para saber que todo nos ocurre por propia elección.
La muerte de vez en cuando, le susurra a la vida al oído que a las personas nos tiene que hacer entender que está más presente de lo que creemos. Y la vida se encarga de ello y a partir de ahí ya juegas tú tu propio juego y tú debes sentir si quieres cambiar o quedarte como estabas.
Como he dicho y reitero, pasas miedo, miedo es la palabra ante esta enfermedad, no nos vamos a engañar. Pero la fortaleza mental está muy por encima de nuestra imaginación y pesadillas y eso sólo se comprueba enfrentándose a esos fantasmas que todos llevamos dentro.
Tras este escalón, han venido muchos más y puedo decir que peores y gracias a esta patada que la vida me dio con la mayoría de edad recién estrenada, he podido superarlos todos, con mayor o menor facilidad, pero los he llevado hacia adelante, sabiendo ya que una puede moverse como una veterana, tanto en lo bueno como en lo malo, si decides aprender de ambos.
Así que hoy y todos los días, mucho ánimo a todas aquellas mujeres que salieron adelante, a aquellas que lucharon, pero se marcharon (eso sí, sin perder la partida, pues si se lucha, nunca se pierde), a aquellas que están usando su energía para vencerlo o a aquellas que en este momento están recibiendo la noticia que nadie quiere oír. A todas, a las pasadas y a las futuras (por desgracia ninguna estamos exentas de ello), ÁNIMO.
Y también, por supuesto y por la parte que me toca, a todas las hijas, a todos los hijos, a todos los maridos, a todas las madres, a todos los padres, a todos los hermanos, a todas las hermanas, a todos los nietos y nietas que tienen cerca a una persona con Cáncer de Mama, FUERZA. La fuerza que hay dentro de eso que llamamos cabeza, no sabemos aún lo inmensa que puede llegar a ser.
Allá va una rosa, por todos ellos.
Y hoy mi canción es "Chick Habit" de April March. La escuché en una película que me encanta, Death Proof de Tarantino y me parece acorde a este día, pues es un film de chicas muy guerreras.
Espero que os guste.
https://www.youtube.com/watch?v=FiMgtTqKNTc
"I'm telling you it's not a trick. Pay attention, don't be thick. Or you're liable to get licked."
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