Nunca me gusta comenzar un texto con el verbo "dicen", porque nunca nada es como dicen. Te cuentan, y te pueden contar mil veces, que es fácil mirar la luna en noches despejadas, pero jamás te podrán decir que no es tan fácil verla cuando está nublado. Sí, nublado. Con densas nubes que opacan la voluntad de los ojos. Eso nunca se cuenta. Eso nunca se dice; nunca lo "dicen". Eso simplemente se ve. Y no vine a este mundo, aferrada a un útero cuando nadie daba un duro por mí, para que me cuenten cuentos. Porque sí, yo nunca lo he dicho en este blog, pero soy la pequeña de tres hermanos, aunque podría ser de cinco. Porque dos abortos infortuitos y casi en el límite de lo que separa cigoto de bebé, precedieron mi inesperado alumbramiento.
Querida mamá, que no apostabas nada por mí... yo te nací, yo te viví y yo te sufrí. Y no, no me aferré a la vida con mis aún no formados dedos, para no pisar mi propio suelo.
No me envolví en una placentera placenta, para no escribir incroguencias como las que hoy me apetece escribir. No me repito cada día: "Carol, vive, Carol", para terminar pisoteándome. Que lo he hecho, que sí, que lo he hecho en tiempos pasados, que me he pisoteado, pero ya no, nunca más. Me estoy formando y la vida me dio la bofetada justa, en el momento justo, para seguir formándome. El bienestar estático sólo aporta una falsa sensación de sentir que lo sabes todo, pero en realidad siempre nos estamos formando. La gente vieja, no ha sido siempre vieja. Son los años los que te hacen cada vez más lista, pero también, cada vez más tonta cuando miras atrás.
Yo aún no creo todo lo que he vivido en este, casi un año, pero tiemblo cuando recuerdo la última vez que fui feliz sin echar de menos y creo que ahí lo tenía todo, sin embargo, ahora sé que tengo mucho más. Al menos lo estoy ganando. Gano de mí, me absorbo, me bebo y me como; me evalúo y me sorprendo, no me siento incapaz de nada, pienso que la última vez que fui feliz sin echar de menos, sabía menos. Y un lugar, nunca ocupa el saber.
Me envolví dentro de un óvulo sorprendido, con carácter desde que mi flagelo quedó fuera de la órbita que me formaría como ser humana, y aquí me quedé para siempre. Rebelde, contestona, sincera y persona. Es lo único que conservo, de todo lo que he sido, pude ser o llegaré a ser. Pero soy ahora, y sin más revuelo que mis pies caminando, a ratos aún desorientados, a otros ratos, firmes y pesados, vivo acomadada, que no atormentada, en los aposentos que me formé sin pretenderlo y que guardo a buen recaudo, aun cuando "dicen" que...
Nadie vino a este mundo, a pasar el rato.
.FOTO: Course Hero.
Bueno, como Blogger ya no enlza canciones de Youtube y no quiero que me caiga una denuncia inapropiada, seguiré compartiendo mi música, pero me limitaré (odio las limitaciones) a compartir el nombre de la canción y la o el artista, con su correspondiente frase a destacar, como he hecho hasta ahora. Pierde encanto, pero --a veces- el arte y -siempre- la política, se pagan y caro.
Esta canción, es una de mis preferidas conmi nombre. Recuerdo escucharla en mi casa cuando era pequeña, y descubrirla por mis medios cuando crecí. Quizás en mi subconsciente, más allá de que lleve mi nombre, tiene algo que me atrapa. Como buena antigua que soy, Nino Bravo suena en mi reproductor.
CANCIÓN: CAROLINA.
ARTISTA: NINO BRAVO.
"Olvida lo pasado para volver a empezar".
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
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jueves, 11 de julio de 2019
LAS COSAS QUE NUNCA ME CONTARON
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miércoles, 22 de noviembre de 2017
SURVIVORS
A veces me engaño a mí misma pensando que nada ha cambiado, pero en realidad sé que todo ha cambiado y ahora tengo una prioridad mucho más reforzada: sobrevivir.
Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista.
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes.
Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también.
Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia.
Esta canción, de mis ídolos junto a Rozalen, trata este tema y además tiene un mes justo. Mi casualidad.
https://www.youtube.com/watch?v=iqHb7Wan98E
"Ha pasado algo importante, puse el contador a cero".
Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista.
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes.
Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también.
Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia.
Esta canción, de mis ídolos junto a Rozalen, trata este tema y además tiene un mes justo. Mi casualidad.
https://www.youtube.com/watch?v=iqHb7Wan98E
"Ha pasado algo importante, puse el contador a cero".
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miércoles, 29 de marzo de 2017
CUANDO EL MUNDO DUERME
Cuando el mundo duerme yo cuento historias, invento vidas, me permito el lujo de imaginar más allá de lo que ven mis ojos, de crear palabras, que ordenadas, forman algo legible.
Cuando el mundo duerme yo suspiro suavemente, mi mar en calma es contemplado bajo las persianas de mi rostro, mis párpados que, abiertos de par en par, enlentecen mis prisas y suplican mi tranquilidad. Una tranquilidad infinita, cuando el mundo duerme y no me observa, sin saber que yo, sí le observo a él.
Cuando el mundo duerme, duermo yo también, dejando atrás las horas de un día que ya no va a volver. Desmenuzando segundos que nada pueden aportar a un futuro que quién sabe si llegará. Cuando el mundo duerme el presente ordena. Cuando el mundo duerme, se contempla más bonito y la humanidad no parece una compañía desdeñable con la que convivir.
Cuando duerme el mundo yo sueño, y soñando doy vida a mis palabras y mis palabras me dan la vida a mí, para decirme buenas noches, con su indomable frenesí.
Aquí un temazo de la banda sonora de Kill Bill Volumen 2, llamada Goodnight Moon.
https://www.youtube.com/watch?v=tCXeYq6KYZc
"And I always sleep with my guns"
Cuando el mundo duerme yo suspiro suavemente, mi mar en calma es contemplado bajo las persianas de mi rostro, mis párpados que, abiertos de par en par, enlentecen mis prisas y suplican mi tranquilidad. Una tranquilidad infinita, cuando el mundo duerme y no me observa, sin saber que yo, sí le observo a él.
Cuando el mundo duerme, duermo yo también, dejando atrás las horas de un día que ya no va a volver. Desmenuzando segundos que nada pueden aportar a un futuro que quién sabe si llegará. Cuando el mundo duerme el presente ordena. Cuando el mundo duerme, se contempla más bonito y la humanidad no parece una compañía desdeñable con la que convivir.
Cuando duerme el mundo yo sueño, y soñando doy vida a mis palabras y mis palabras me dan la vida a mí, para decirme buenas noches, con su indomable frenesí.
Aquí un temazo de la banda sonora de Kill Bill Volumen 2, llamada Goodnight Moon.
https://www.youtube.com/watch?v=tCXeYq6KYZc
"And I always sleep with my guns"
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