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miércoles, 16 de enero de 2019

PALABRAS PARA MAMÁ

Querida mamá:

Sentada en tu sillón te recuerdo, en tus últimos días de sufrimiento, pidiendo a gritos dentro de tu silencio una tregua, una paz que te llegó sin sorpresas, tal y como esperábamos desde que aquel 10 agosto la vida nos cambiase. Y digo "tu sillón", porque lo compramos expresamente para ti cuando enfermaste, y me ha costado varios días poder sentarme en él, por temor a que en cualquier momento aparecieses diciendo: "Carol, se te acabó el chollo", como me decías con ironía cuando querías sentarte tú. Pero no, mamá, este no es tu sofá. Tu sofá era ese en el que te echabas a la siesta antes de que éste existiese, ese en el que nuestra perreta se te tiraba encima cuando aún no llevabas bolsa de drenaje y no había peligro de que te arrancara lo que te ataba a la vida. Tu sofá era ese en el que podías ponerte boca abajo, (tu postura favorita para dormir), sin temor a chafarte la sonda y donde yo, desde el sofá colindante, escuchaba tu respiración en ese tiempo en que jamás pensamos que un temprano final pudiese existir entre nosotras.
Tú, mamá, eras las que me decía que me abrigara más, que me tapara el cuello, que "esos riñones al aire, verás"; la que me hacía larguísimas trenzas en mi antiguo larguísimo pelo, la que me daba su siempre bendita opinión antes de salir de casa un viernes o sábado porque yo te la pedía, porque por muy guapa que me viese en el espejo, yo quería saber tu opinión, la más sincera y auténtica de todas, porque si tú me decías: qué guapa vas o no me gusta como te queda eso, yo sabía que era verdad.
Tú, mamá, la que preparaba las mejores tortillas de patatas, tu plato estrella junto a la fideuá y el arroz al horno, entre otros. Aún recuerdo aquel día que se te volcó la paella y lo pagaste conmigo, cómo no, porque no había día que no discutiésemos. Tu carácter y el mío, tan sumamemente idénticos, se chocaban hasta cuando no viviámos juntas.

Jolín, mami, que este verano no te voy a tener al lado en la playa, quién me va a decir cuando esté en el agua: "hoy de aquí no salimos".
La playa, que merece mención a parte. Nuestro lugar favorito. Cuánto te gustaba fotografiar el Mediterráneo con tu espíritu Sorolla y hacerme a mí sentir musa de tu don para captar instantes. Instantes que quedan en las olas de ese agua que ya nunca llevará tu nombre. Retratos de un pasado de sol de agosto que nos hizo sentir infinitas. "Retales de mi vida", como cantaba El Último de la Fila, tu grupo favorito, esos que sonaban a las 11 de la mañana cuando yo era pequeña y tenía vacaciones, mientras la casa olía a limpio y tú cantabas a gritos con las ventanas abiertas de par en par, contagiando al mundo tu alegría.

Por Dios, mamá, me pongo a escribir y no encuentro nada a mi alrededor o en mí misma que no tenga inspiración tuya. Todo hecho a tu medida, no sabes cuánto te has llevado, pero cuánto has dejado. Las mantas, los cuadros, el mantel, los armarios, lo de dentro de los armarios, el contenido de lo de dentro de los armarios, en fin, como matrioskas rusas, lo grande, lo pequeño y lo diminuto, todo dentro de todo y todo bien comprimido dentro de mi corazón.

Mami, que sonrío, que salgo a la calle, que me relaciono con gente, que me pellizco y siento que tengo ganas de vivir. Yo, que no me imaginaba la vida sin ti, sin tus WhatsApps, sin tus besos de buenas noches, sin tus: ¿dónde comemos hoy?.
Nuestras carcajadas inoportunas a horas inoportunas, nuestras ironías sobre cualquier circunstancia existencial, nuestras broncas que acababan en abrazos y lágrimas, nuestras rutas falleras y nuestras Fallas. Esto último es un golpe bajo. Ya no estarás para decirme que has visto la iluminación de Ruzafa antes que yo, ni podremos comentar qué monumentos nos han gustado más, ni nos haremos nuestra cerveza antes de la mascletá. Qué duro será no tenerte vistiéndome de valenciana, colocándome la mantilla, viéndote en la Ofrenda en primera fila aplaudiéndome y grabándome tan orgullosa, trayéndonos merienda y agua en el parón de Colón a mí y a todo mi séquito de amigas y amigos; porque tú tenías amor para todo el mundo, por eso tantos te lloraron, por eso tantos aún no asimilan que ya no estés. 

Tu armario y tu móvil en su quietud también eterna, nos bajan a todos los pies a la tierra, sabiendo que lo que nuestras manos sostienen y nuestro cuerpo porta en vida, no tiene valor alguno cuando uno ya se ha marchado.

Mamá, aquel 10 de agosto el mundo cayó sobre mí, aquel 10 de agosto todo se desintegró para integrarse de nuevo en los cimientos de mi vida; aquel 10 de agosto supe que tenía que aprender algo que nunca me había planteado: aprender a vivir sin ti. Porque los médicos no se equivocan.
Desde aquel 10 de agosto no volví a oírte cantar Venus, Manolo García o Romeo Santos -sí, sí, a mi madre le gustaba Romeo Santos-. Desde aquel viernes, 10 de agosto, no escuché una carcajada fuerte y sonora de tu boca. Desde aquel 10 de agosto tú sabías que te morías y aunque te mantuviste fuerte y firme, dando lecciones de vida de las que muchos deberían aprender, tú ya no eras la misma y tu entusiasmo por vivir se fue mermando al mismo paso que un maldito cáncer con metástasis en estadio IV, te devoraba por dentro.
Era irreversible y todos lo supimos. Pero en aquellos días interminables y llenos de pánico e incertidumbre de hospital -tres meses para ser exactos-, hubo una canción que escuchábamos con la esperanza de vivir otras Fallas juntas, aunque fuesen las últimas. Una canción que un día nos salvó de llantos, una canción que nos hacía vibrar, el Viva la Vida de Coldplay. Y ahora sé que es la canción que a ti te gustaría que escuchara para recordarte. Para recordar que hemos compartido más vida que muerte y eso es lo único que todos nos vamos a llevar. 
Ese 1 de enero de 2019 no ha hecho más que hacerme sentir que estás más cerca que nunca. Porque ahora estás dentro de mí, ahora yo soy tus ojos. Gracias por haberme dado lo que tanto me has enseñado a valorar: LA VIDA. 

Te quiero, mamá.



Pero la canción de hoy, como Viva la Vida ya está en otra entrada anterior, será esta. Una de tus canciones favoritas y con la que me explayo recordándote.


"Give me one moment in time". 

domingo, 20 de agosto de 2017

YO NO TENGO MIEDO

Yo no tengo miedo. No tengo miedo de salir a la calle, de ir al concierto de mis artistas favoritos o de disfrutar de las fiestas de mi ciudad, que vaya por delante, mueven masas. 

No, yo no tengo miedo de un camión o una furgoneta, tampoco de una maleta olvidada en un autobús, porque prefiero pensar que alguien se la ha dejado y estará buscándola apurado, antes de creer que la han dejado ahí para matarme a mí y a todos los que me rodean en ese momento.

No, tampoco tengo miedo de cruzarme a un musulmán por la calle, no tengo miedo de compartir asiento con ellos, ni asco, ni fobia, ni nada parecido. Porque creo que no todo el mundo que me cruzo por la calle, indistintamente de su procedencia o creencia, es un asesino. 


Os contaré a lo que yo sí tengo miedo:

Tengo miedo del dinero, que mueve mi planeta en forma de armas, de grupos sectarios que cazan chavales con un nulo nivel cultural para sembrar pánico en el "tranquilo" Occidente; con un pretexto que desconocemos o que queda muy lejos de nuestra realidad, son mandados aquí a derramar nuestra sangre, la sangre de ancianos, de adultos, de jóvenes, de adolescentes, de niños... indistintamente y sin piedad, esa misma de la que carece cualquier asesino del mundo, sin diferenciar, como he dicho antes, procedencia o creencia. 
¿Por qué no lo tomamos como una guerra entre Oriente y Occidente, de la que los gobiernos saben y mucho, que nos ocultan y que les conviene? A fin de cuentas, en cualquier guerra mueren  civiles de edades dispares, que nada tienen que ver con los negocios sucios de sus gobernantes, sin embargo a los soldados se les llama héroes. Lo que ocurre que para mí, y sin pretender ofender a nadie, cualquiera que mata es un asesino, bien sea bajo el nombre de Allah o de su nación. Nada justifica una muerte, ni quiero escuchar dicha justificación, porque resuena a bomba detonada en mis oídos sensibles.
Muchos se preguntan si sería posible la Tercera Guerra Mundial, yo creo que de algún modo la estamos viviendo, de la manera más sádica e hipócrita que podría hacerse, que no es ni más ni menos, que sin avisar, sembrando pánico y odio, sembrando diferencias raciales y culturales, porque la unión de la humanidad, es algo que no se puede consentir, mientras haya personas agarrando el poder con sus manos, agarrando nuestra Tierra con sus garras, agarrándonos del cuello a todos, indistintamente, digo de nuevo, de nuestra procedencia o creencia.

Sí, lo fácil ante una situación como esta es odiar, sin analizar, sin ponerse a pensar, porque entiendo que eso es algo que hay que ejercitar y hay quien prefiere no hacerlo; entiendo que ante una situación como esta, muchos utilizan como escudo la muerte de casi 20 personas para justificar su racismo (sí, hablemos claro), pero si hay algo que tengo siempre presente es que en esta vida, si te consiguen volver mala persona, has perdido.

CONDENO CUALQUIER MUERTE, EN CUALQUIER LUGAR DEL MUNDO A CUALQUIER HORA. EL ODIO NO NOS LLEVA A NINGUNA PARTE, SINO A PARECERNOS MÁS A AQUELLOS QUE NO BUSCAN LA PAZ, CON SUS ARMAS, SU DINERO Y SU PODER.
DIRÍA QUE NO MÁS, QUE BASTA YA O COSAS ASÍ, PERO ESO NO SERVIRÁ DE NADA. LO ÚNICO QUE HOY PUEDO GRITAR ES: YO - NO - TENGO - MIEDO.




All you need is love- The Beatles

https://www.youtube.com/watch?v=uopt5nZdFEs

"No one you can save that can´t be saved".

miércoles, 27 de julio de 2016

INTROSPECCIÓN 2.0

He llorado mucho, no sé si más que cualquier otro, pero sé en primera persona que son muchas las lágrimas que he derramado a cualquier hora, en cualquier circunstancia, por diferentes motivos, en días que recuerdo y que he olvidado...
También he reído mucho, muchísimo, en ocasiones hasta dolerme la barriga, hasta casi ahogarme en una piscina de olas o hasta desencajarme la mandíbula. Me acuerdo una vez, hace algunos años, que fue tal el ataque de risa, que caí de la silla hacia atrás y me di un buen golpe en la espalda y aun así seguí riendo, no podía parar. Me hice daño pero juro que lo recuerdo valiendo la pena.
He callado muchas cosas que pensaba que podía callar, he aguantado, en ocasiones, por encima de mis posibilidades, he tanteado terrenos en silencio para ver si podía hablar y esas veces, aunque costase, he callado. A veces por miedo, a veces por un simple favor, a veces por desgana o desazón...
He soportado personas que me han carcomido interiormente, he tenido que escuchar cosas realmente intolerables, y tolerar miradas, frases o gestos que estaban fuera de los límites que marco.
He creído que estaba loca por el mero hecho de darme cuenta que nadie me comprendía. Me ha resultado, tantísimas veces, imposible expresar el dolor que podía sentir en ese instante porque sabía que ningún ser humano del mundo lograría sentirlo. 

Y al final, cuando ya quedan tan lejos mis primeros pasos, mis primeros juguetes, mi primer corte de pelo, mi primera borrachera o el primer cigarro que encendí. Cuando queda tan lejos el verano que aprendí a nadar o el que aprendí a bailar. Cuando miras al horizonte de la lejanía a las puertas del cuarto de siglo, sabes que has hecho una buena elección en tu camino. Sabes que ahora, con la serenidad que ofrece el ir construyendo tu vida a tu manera (aunque llena de incertidumbre como la de cualquier joven), ves con otros ojos la que eras hace 20, 15, 10 o 5 años atrás. Sabes que has ido perfeccionando tu mundo y sobre todo perfeccionándote tú. Pues si uno no pule sus defectos, no puede distinguir qué es lo que quiere o necesita para uno mismo. Al final el círculo se reduce y quedan los mejores, los que encajan y los que están por llegar.
De nada vale callar, aguantar o soportar. De nada vale llorar si no es para crecer, para sanar, para avanzar. Y siempre se logra, siempre se mira hacia adelante, nunca se deja de aprender; las lecciones quedan patentes con cada instante, todo está atado y conectado, la vida es un circuito perfecto. 
Lo que se fue ya no vuelve a ser o no vuelve a ser como fue. Esa es la única filosofía cierta de la vida, la que arrastra nuestro pasado, la que consta en nuestro presente y la que marca un futuro que realmente no existe. Pisa con fuerza el suelo que te sostiene y camina. Cada paso te acerca a tus metas, cada segundo te aleja de tus disgustos. 
He aprendido, o mejor dicho, he comprendido, que todo se va y vale la pena pedir perdón y vale la pena luchar por quien quieres, y vale la pena dejar ir y vale la pena pensar y decidir. Nos preocupan, diariamente, tonterías que nunca tendrán tanta importancia fuera de los márgenes de nuestra imaginación, tan inmensamente absurda la mayoría de ocasiones. Enfréntate a tus fantasmas, míralos a la cara y lucha contra ellos, no con ellos. No les hagas el camino fácil, son pequeños, muy pequeños.
Al final, lo que queda, es la propia existencia que se encargará de borrar tu muerte, pero que nunca muera tu recuerdo de la existencia de quien amaste. 

Eso sólo depende de ti.






Hoy, una de mis joyas favoritas, una canción que me gusta muchísimo y con la que me siento bastante identificada, desde el propio título: Drama Queen de Green  Day.

https://www.youtube.com/watch?v=yAKGwfQarTE

"Everyone's drama queen is old enough to bleed now".