https://twitter.com/carolcarol91

martes, 23 de abril de 2019

NOTRE ESPAÑA

Arde Notre Dame sobre nuestras cabezas, mientras la conciencia sigue intacta en este rincón del mundo. Afortunados de nacer en Occidente de bien, donde llamados a ser Primer Mundo, nos desquiciamos ante las llamas de una catedral. Qué pena, la verdad, no vamos a engañarnos, el abusivo fuego que descubrió el ser humano, acaba con nuestra propia historia. Sería ideal dejar ese trocito de siglos pasados, en un presente que podríamos convertir en futuro, cuando los libros hablen de esa parte destruida por las llamas. Pero no, para este, bien llamado, Primer Mundo, repito, Primer Mundo, es más satisfactorio blanquear el dinero del Mundo VIP, para la reconstrucción de un edificio. Un poco parecido a cuando nuestro venerado Amancio Ortega, nos dio dinero para prevenir el cáncer. Qué honrados son estos ricos.
Ahora Notre Dame ya no será de todos, sino de unos cuantos afortunados que mirando hacia otro lado cuando el dinero realmente es necesario, se darán golpes de pecho pensando: con mis sucios millones conseguí que en 2019, volviésemos al 1300. Lo que no consiga el animal de dos patas con raciocinio, no lo consigue nada.

Necesitaba escribir, llevaba un tiempo abandonando a mi suerte el darle rienda suelta a las letras, pero el debate de anoche y las cercanísimas elecciones, me han despertado el instinto literario. Quizás también es porque hoy sea Sant Jordi, y qué mejor en un mundo narcicista, que leerme a mí misma cuando haya acabado esta entrada.

Porque sí, porque España va fatal.
Porque estamos divididos, separados
Cataluña
Batasunos
Éstos separatistas...
Unidad de ESPAÑA
Golpe de pecho
El máster de Casado, no es importante
Ese silencio de Rivera, sí
Vox
Vox
Vox
Golpe de pecho
Las mujeres no están discriminadas
Armas en casa
Seguridad ante todo
Vox
Golpe de pecho
Feminazis
Sánchez Okupa
Pos io boto box
Vox
Vox
Pactos con terroristas
Cunetas que no hay que acunar
La historia debe quedarse donde está
BIBA FRANCO
Golpe de pecho
Banderas reinvindicando no sé el qué
Tú eres español, jódete
Porras que no hacen daño
Manadas sueltas
Vox
Vox
Vox
Golpe de pecho
Burbuja inmobiliaria
Estamos creciendo otra vez
La crisis ya no existe
400 euros al mes
Golpe de pecho
ARRIBA ESPAÑA, y si no, muérete


Entra en ese bucle negando la diversidad de opinión, negando la crisis, negando el machismo, negando al diferente, negando las largas lista de espera de la Sanidad, en la que tienes que estar muriéndote para que te hagan caso y desde la experiencia digo, que ahí ya es tarde; entra en ese bucle negando la xenofobia, el racismo, la homofobia, el miedo a lo distinto, a lo desconocido. Sigue negando la corrupción, ¡pero si no es para tanto! Todos roban, ¿verdad?
Sigue sacando tu bandera para someter a quien no se siente español, por la razón que sea, que a ti no te incumbe. No se te ocurra sacarla ante la subida del petróleo, como en Francia. Pero luego, no preguntes por qué a mí no me representa la bandera. Pero si lo preguntas, te responderé que tú te has apoderado de ella, te has apoderado de los símbolos que pertenecen a todos y cada uno de los españoles. Sigue dividiendo al pueblo, mientras obnubilado, observa cómo arde Notre Dame, en una lucha de clases, una gran batalla donde tú no tienes ni espada, ni escudo para enfrentarla. Eres un gladiador más, con pronóstico desfavorable ante los leones que salivan impacientes ante ti. La bandera no sirve si la usas como chaleco antibalas. La bandera sirve si la arrojas como arma. 





.Foto: Revista Bohemia


Canción intensa, antes de la existencia de Juan Magan en la carrera de Mala Rodríguez.

https://www.youtube.com/watch?v=xdgyMxNcy-o

"Yo podría tener la isla y comer uvas con queso, tomar el sol desnuda y pensar na más que en mí, pero no hay paz que valga, si la punta de la lanza, mata a mis hermanos y me da vida a mí".





miércoles, 20 de febrero de 2019

PASARÉ SOBRE TI Y ME IRÉ.

Cabeza inquieta que grita la toma de decisiones. Decisiones firmes que le hacen seguir adelante. Cae, pero no decae. Bajar la guardia es algo que no forma parte de su jerga lingüística, ni su forma de vivir; que aunque parezca que hay muchas, sólo hay una manera de llevar la vida y cada uno lleva la suya. 

Hace ya tiempo que se rompieron los esquemas milímetricamente calculados de su existencia, pero parece que eso no es un impedimento para seguir, como buenamente puede. Ya ha estado preocupada mucho tiempo como para no merecer ahora lo máximo y lo mejor. Y a por ello va, sin pensar. 

Lágrimas calcáreas recorrieron sus mejillas tiempo atrás, cuando en silencio pensaba que no merecía la vida que le había tocado. Ahora, sin embargo, fuerte, sólida e impredecible como un volcán, ayuna de falsos gestos y palabras desapropiadas, mientras se exige disfrutar, pues todo el mundo lleva una roca a cuestas, y nadie sabe cuál es la más pesada de todas. 

Su poderoso interior, inmenso como universo, sólo proporciona información al 30% sin intereses y en plazo fijo. El resto, es una oleada de desprópositos que sobrepasarían la capacidad de cualquier ser humano de intentar comprender. 

Los días la aventajaron a darse cuenta que mañana no existe y harta de esperar, comprendió que sólo ahora es real. Lo que quiere, ahora, lo que no quiere, ahora, lo que querrá, ahora, lo que quiso, ayer.
Porque ya no es la misma persona y el ayer sí existe, pero en una línea atemporal. Queda guardado a buen recaudo en cada uno de los gestos.

Ella entendió una cosa muy importante cuando perdió el miedo a todo: su vida era suya, total, absoluta, e intransferiblemente suya, y sumergida en su vida es como quiere a los demás, y cuando sale a flote a respirar, es cuando se da cuenta, que es así como quiere que la quieran. Ni una coma de menos, ni un punto de más. 





Hoy pongo una de mis canciones favoritas, me encanta escucharla y sentir el buen rollo que transmite la melodía, así como el divertido mensaje de su letra. 

J'en Ai Marre - Alizée


"J'en ai marre de ceux qui pleurent".

miércoles, 16 de enero de 2019

PALABRAS PARA MAMÁ

Querida mamá:

Sentada en tu sillón te recuerdo, en tus últimos días de sufrimiento, pidiendo a gritos dentro de tu silencio una tregua, una paz que te llegó sin sorpresas, tal y como esperábamos desde que aquel 10 agosto la vida nos cambiase. Y digo "tu sillón", porque lo compramos expresamente para ti cuando enfermaste, y me ha costado varios días poder sentarme en él, por temor a que en cualquier momento aparecieses diciendo: "Carol, se te acabó el chollo", como me decías con ironía cuando querías sentarte tú. Pero no, mamá, este no es tu sofá. Tu sofá era ese en el que te echabas a la siesta antes de que éste existiese, ese en el que nuestra perreta se te tiraba encima cuando aún no llevabas bolsa de drenaje y no había peligro de que te arrancara lo que te ataba a la vida. Tu sofá era ese en el que podías ponerte boca abajo, (tu postura favorita para dormir), sin temor a chafarte la sonda y donde yo, desde el sofá colindante, escuchaba tu respiración en ese tiempo en que jamás pensamos que un temprano final pudiese existir entre nosotras.
Tú, mamá, eras las que me decía que me abrigara más, que me tapara el cuello, que "esos riñones al aire, verás"; la que me hacía larguísimas trenzas en mi antiguo larguísimo pelo, la que me daba su siempre bendita opinión antes de salir de casa un viernes o sábado porque yo te la pedía, porque por muy guapa que me viese en el espejo, yo quería saber tu opinión, la más sincera y auténtica de todas, porque si tú me decías: qué guapa vas o no me gusta como te queda eso, yo sabía que era verdad.
Tú, mamá, la que preparaba las mejores tortillas de patatas, tu plato estrella junto a la fideuá y el arroz al horno, entre otros. Aún recuerdo aquel día que se te volcó la paella y lo pagaste conmigo, cómo no, porque no había día que no discutiésemos. Tu carácter y el mío, tan sumamemente idénticos, se chocaban hasta cuando no viviámos juntas.

Jolín, mami, que este verano no te voy a tener al lado en la playa, quién me va a decir cuando esté en el agua: "hoy de aquí no salimos".
La playa, que merece mención a parte. Nuestro lugar favorito. Cuánto te gustaba fotografiar el Mediterráneo con tu espíritu Sorolla y hacerme a mí sentir musa de tu don para captar instantes. Instantes que quedan en las olas de ese agua que ya nunca llevará tu nombre. Retratos de un pasado de sol de agosto que nos hizo sentir infinitas. "Retales de mi vida", como cantaba El Último de la Fila, tu grupo favorito, esos que sonaban a las 11 de la mañana cuando yo era pequeña y tenía vacaciones, mientras la casa olía a limpio y tú cantabas a gritos con las ventanas abiertas de par en par, contagiando al mundo tu alegría.

Por Dios, mamá, me pongo a escribir y no encuentro nada a mi alrededor o en mí misma que no tenga inspiración tuya. Todo hecho a tu medida, no sabes cuánto te has llevado, pero cuánto has dejado. Las mantas, los cuadros, el mantel, los armarios, lo de dentro de los armarios, el contenido de lo de dentro de los armarios, en fin, como matrioskas rusas, lo grande, lo pequeño y lo diminuto, todo dentro de todo y todo bien comprimido dentro de mi corazón.

Mami, que sonrío, que salgo a la calle, que me relaciono con gente, que me pellizco y siento que tengo ganas de vivir. Yo, que no me imaginaba la vida sin ti, sin tus WhatsApps, sin tus besos de buenas noches, sin tus: ¿dónde comemos hoy?.
Nuestras carcajadas inoportunas a horas inoportunas, nuestras ironías sobre cualquier circunstancia existencial, nuestras broncas que acababan en abrazos y lágrimas, nuestras rutas falleras y nuestras Fallas. Esto último es un golpe bajo. Ya no estarás para decirme que has visto la iluminación de Ruzafa antes que yo, ni podremos comentar qué monumentos nos han gustado más, ni nos haremos nuestra cerveza antes de la mascletá. Qué duro será no tenerte vistiéndome de valenciana, colocándome la mantilla, viéndote en la Ofrenda en primera fila aplaudiéndome y grabándome tan orgullosa, trayéndonos merienda y agua en el parón de Colón a mí y a todo mi séquito de amigas y amigos; porque tú tenías amor para todo el mundo, por eso tantos te lloraron, por eso tantos aún no asimilan que ya no estés. 

Tu armario y tu móvil en su quietud también eterna, nos bajan a todos los pies a la tierra, sabiendo que lo que nuestras manos sostienen y nuestro cuerpo porta en vida, no tiene valor alguno cuando uno ya se ha marchado.

Mamá, aquel 10 de agosto el mundo cayó sobre mí, aquel 10 de agosto todo se desintegró para integrarse de nuevo en los cimientos de mi vida; aquel 10 de agosto supe que tenía que aprender algo que nunca me había planteado: aprender a vivir sin ti. Porque los médicos no se equivocan.
Desde aquel 10 de agosto no volví a oírte cantar Venus, Manolo García o Romeo Santos -sí, sí, a mi madre le gustaba Romeo Santos-. Desde aquel viernes, 10 de agosto, no escuché una carcajada fuerte y sonora de tu boca. Desde aquel 10 de agosto tú sabías que te morías y aunque te mantuviste fuerte y firme, dando lecciones de vida de las que muchos deberían aprender, tú ya no eras la misma y tu entusiasmo por vivir se fue mermando al mismo paso que un maldito cáncer con metástasis en estadio IV, te devoraba por dentro.
Era irreversible y todos lo supimos. Pero en aquellos días interminables y llenos de pánico e incertidumbre de hospital -tres meses para ser exactos-, hubo una canción que escuchábamos con la esperanza de vivir otras Fallas juntas, aunque fuesen las últimas. Una canción que un día nos salvó de llantos, una canción que nos hacía vibrar, el Viva la Vida de Coldplay. Y ahora sé que es la canción que a ti te gustaría que escuchara para recordarte. Para recordar que hemos compartido más vida que muerte y eso es lo único que todos nos vamos a llevar. 
Ese 1 de enero de 2019 no ha hecho más que hacerme sentir que estás más cerca que nunca. Porque ahora estás dentro de mí, ahora yo soy tus ojos. Gracias por haberme dado lo que tanto me has enseñado a valorar: LA VIDA. 

Te quiero, mamá.



Pero la canción de hoy, como Viva la Vida ya está en otra entrada anterior, será esta. Una de tus canciones favoritas y con la que me explayo recordándote.


"Give me one moment in time". 

martes, 18 de diciembre de 2018

SOLA SÍ, MÁTAME.

Salí sola a correr aquella mañana o aquella tarde o aquella noche, quién sabe la hora que era. Miento, en realidad sí la recuerdo. Era una mañana de esta primavera pasada por la orilla de la playa. Día de sol, pero algo de aire, por lo que el mar estaba intranquilo, pero su costa, todo lo contrario. Y ahí estaba él, un hombre probablemente mayor que mi padre, móvil en mano. Lo noté, me estaba grabando; mirando de reojo al pasar junto a él supe que su objetivo estaba siguiendo mi culo, mi cuerpo, el contoneo de mis piernas, mi cara sofocada, mi respiración agitada y mi concentración en mí misma. Pero sobre todo seguía lo primero, mi culo, y especialmente pensó que por lo último, -mi concentración en mí misma-, no me daría cuenta de lo que estaba haciendo. Pero se equivocó. Porque, lamentablemente, las mujeres vamos con cien ojos. Y paré, y no sé ni cómo logré articular palabra tras varios kilómetros seguidos, pero paré, le avergoncé, le amenacé con llamar a la policía y logré que borrara ese vídeo, que entre otras cosas, ni siquiera quise saber qué había grabado, sólo quería ver desaparecer aquello ante mis ojos, mientras sus excusas poco convincentes avivaban mi rabia. Seguí mi camino y no volví a encontrarme con ese repugnante ser. Pero podría haber sido Laura aquella mañana. O muchos otros días en los que igual que ella, salgo sola a hacer deporte.
Pero no lo soy, de momento, menos mal, ¿debería estar agradecida por seguir viva?

Hoy mi nombres, por ejemplo, podría ser Toñi, Míriam y Desirée, cuando aquel día, por carretera secundaria, un coche con dos chicos jóvenes comenzó a perseguirme, estampando en la ventanilla del coche un folio con sus números de teléfono, mientras frenaban y aceleraban para ponerse a mi altura. No, aquel día yo tampoco pasé miedo, qué va, debería ser algo normal en nosotras, deberíamos estar acostumbradas a eso, ¿no?

Bueno, hoy mi nombre podría ser Diana, cuando un día me desmayé por una bajada de tensión en un callejón y me desperté mientras me gritaban si quería follar. Pero por suerte no di con psicópatas, no pretendían ayudarme sólo querían asustarme, nada más, ¿verdad?

O podría ser la chica de la Manada, cuando aquel chaval se bajó los pantalones en plena avenida de Aragón por fastidiarle su intenro de ligoteo, al grito de: ¡¡¡MIRA LO QUE TE PIERDES!!! Pero me salvé porque sólo dañé su ego, él no quería forzarme en realidad.

O quién sabe si mi nombre hubiese sido Mari Luz, cuando siendo pequeña un hombre muy mayor arrimó su pene a mis nalgas, y supe por primera vez que tener vagina iba a ser una constante lucha en mi vida, que no un problema, porque el problema no lo tengo yo.

Pero no,  afortunadamente me llamo Carolina León y mi nombre no pertenece al largo listado de chicas y niñas, violadas o asesinadas por hombres. Pero podría ser mañana una más, y no desearía oír lamentos de nadie, sólo pediría una cosa a quienes me quieren: luchar. Sólo pediría una plataforma, una congregación multitudinaria, una manifestación en contra de la ley machista. Por las que viniesen después, por las que vendrán después. Porque, oh, qué osada de mí, que me fui sola a vivir a un sitio desconocido sin un hombre que me custodie. Qué osada de mí que salgo todos los dias a hacer deporte sola sin un hombre que me custodie. Qué osada de mí que vuelvo sola a mi casa, a la hora que sea, sin un hombre que me custodie. Y todavía no me han matado, todavía no me han violado, todavía...
Pero sí me han increpado, si me han molestado, si me han producido asco, sí he sentido miedo. Y eso lo soluciona una ley, pero también una sociedad, que inculca desde pequeñas vulnerabilidad, que nos convierte en princesas, desde disfraces hasta películas, que nos hace inferiores sin serlo. Y me niego a seguir madurando con pánico, me niego a hacer débil a mi sobrina de 8 años, me niego a rebajarme, me niego a no enfrentarme con uñas y dientes, pero sobre todo, con palabras y hechos. Ya lo expuse en una entrada anterior, soy libre y ese sentimiento no me lo va a quitar nadie. Soy libre de salir, entrar, vestir, decir o hacer lo que me da la gana, cuando me da la gana y donde me da la gana, siempre que no dañe a un tercero. Y ante todo soy persona y merezco el mismo respeto que cualquier otra, ni un ápice menos por ser mujer. 

Atrás quedaron las que incansablemente, sacaron sus armas para que hoy podamos votar, para que hoy podamos conducir, para que hoy manejemos nuestro dinero... Y hoy se lucha para salir solas a la calle y tomar decisiones sentimentales sin ser devoradas. Porque nos devoran con los ojos, nos devoran con la boca, nos devoran con las manos, nos devoran con cuchillos. Y la sangre muerta de las que ya no pueden hablar, sigue latente en las que seguimos teniendo voz. 






Todos me miran - Gloria Trevi

https://youtu.be/g2fQgeXgEbM

"Pero tus cadenas ya no pueden pararme".


miércoles, 14 de noviembre de 2018

CREYÉNDOME POETISA.

Que cada sombra del camino sea luz en tus pupilas.
Que la fuerza que te falte,  sea dureza en tus heridas.
Que la guerra del destino, destelle paz en tu guarida.
Que en las espinas de tu rosa, renazcan verdosas hojas.

Que si la vida se pone dura, yo seré quien te levante.
Que si el camino de ti se burla, yo seré quien le enfrente.
Que si un mal día te amenaza, yo estaré para cantarte.
Las canciones que me enseñaste y las que yo quiero enseñarte.

Que me has dado existencia, educación y disciplina.
Que tú me has encauzado, alzado y sanado.
Que has sido mi hombro, mi refugio y mi prado.
Que si yo sonrío, es porque tú me lo has mostrado.

Que no te soltaré, por mucho que me amenacen los años.
Que yo siempre te llevaré, para calmar cualquier daño.




Hoy rescato una canción que me tenía enganchada hace años. La maravilla de la música es como alguien que quieres y te quiere de verdad; el tiempo no consigue separaros.

Mürfila - Azul y Gris.

https://youtu.be/PPg9l0st_lk

"Porque hoy, las sombras que me inundan, dan más miedo que nunca". 



lunes, 5 de noviembre de 2018

GRACIAS Y SUERTE

Tras unos meses de desconexión del blog, he vuelto. Me encantaría poder contar que durante este tiempo he estado en una isla paradisíaca, perdida del mundo y como única preocupación, elegir un bikini de mi maleta cada día. Pero no, lo cierto es que el anticipado invierno que tan bien me sienta cada año -léase la ironía-, me ha pillado desprevenida y en horas bajas. Ayer, casi casi era verano, casi casi lucía yo palmito y bronceado y de pronto, ¡zasca!, el abrigo hasta el cuello. Aunque cierto es que no echo de menos este verano pasado, al menos desde la señalada fecha ya mencionada en mi entrada anterior. Pero no, hoy no quiero hablar de dramas, ni de mis chakras que ondean mi interior, orgullosos y agradecidos de que en tiempos mejores haya dedicado tiempo y mimo en dominarlos, para que ahora, aunque algo desbaratados a veces por las circunstancias, no estén bailando el corro de la patata. En eso estoy salvada y qué suerte. Es lo mejor que os puedo aconsejar: si vuestra vida está estable, dominaos, porque en esta noria siempre se baja igual que se sube, y os aseguro que en momentos bajos, no hay tiempo para introspecciones. 
Pero de lo que yo en realidad quería hablar es de que el sábado fue mi cumple y pude celebrarlo con mi familia al completo y eso me hizo sentir especialmente feliz. Algo me dice que estos 27 añazos van a ser inolvidables. Como he escrito en entradas anteriores, mis mejores edades siempre han sido las impares. Y bueno, no es que esta cifra haya entrado en mi vida en el mejor momento, pero es posible, y según las estadísticas de mi existencia, que eso cambie y para bien. Bueno con algo hay que consolarse; desde luego que si algún día me preguntaran a qué edad volvería, os puedo jurar mil veces que jamás diría los 26. Quisiera borrar esa edad de mi memoria, aun sabiendo que no es posible y sobre todo siendo consciente de que lo peor que haya podido pasarme durante estos últimos 365 días, es lo que me hace crecer cada día como ser humano.
Pero es que yo nunca pude evitar preguntarme el por qué de las cosas, mientras me mantengo firme con el destino, indomable en mi camino y fuerte conmigo misma. Es raro, pero cada día que pongo un pie fuera de la cama, me digo: Carol, ¿qué puedes hacer por cambiar lo que te ha tocado experimentar? Nada. Esa es mi firmeza con el destino.
También me digo: ¿Vas a dejar que la vida te lleve por donde quiera? Para nada. Ahí es donde actúo indomable en el camino.
Y por último me hablo y me oigo y me entiendo y me aguanto y me soporto y me sobrellevo, y ahí está mi fuerza ante la vida. 
Y así es, no hay más secretos. Una suerte también el incombustible apoyo de quienes he sabido elegir -y muy bien- en mis años. Las personas precisas, en los momentos precisos. No me levantan, es que se tumban conmigo. Ojalá os pille un vendaval con gente así. Ahora os digo, también en estas circunstancias aprenderéis quiénes sí y quiénes no y eso, llegados a este punto, no duele, porque ya nada duele tanto, el camino se hace más ligero y os aseguro, es maravilloso comprobar que por quien apostaría tus ojos, está.
Así que bueno, este ha sido el resumen de la montaña rusa más intensa que he experimentado jamás -con lo que odio yo las montañas rusas- en la que se han convertido mis días. Pero estoy bien, os lo aseguro. Jolín, sólo tengo 27 años y muchos sueños por cumplir. Como dice la banda sonora de hoy: "Es el ciclo sin fin, que lo envuelve todo". 
Gracias y suerte.


Hoy, el Rey León.

https://youtu.be/M7TRx8MoXAc

martes, 11 de septiembre de 2018

¡A MÍ NUNCA ME PASARÍA ESTO!

10 de agosto de 2018: Mamá tiene cáncer con metástasis hepática. Estás en tu media hora de merienda, el mundo se tambalea en una milésima de segundo y no sabes si es que el cielo se ha caído encima de ti o es tu suelo el que se ha desmoronado bajo tus pies. 
Llanto seco, ni una lágrima dentro de la inmensidad, ni una ola salada en tus lacrimales, de esas que por mucho menos, han brotado como setas en tus ojos. Una llamada a una buena amiga como sacudida de desesperación, un recuerdo de un bocadillo de mala digestión. Chorizo y queso. Ya no quiero ni probarlo. 
Vale, toca sobrevivir, no sabes cómo. Un Diazepam por primera vez en tu vida tomado sin consentimiento, pero tampoco sin negación. Un cuñado al volante y una hermana de copiloto viniendo a por ti unas horas después. Viniendo a la que, hasta ese momento, había sido tu tranquila "zona de no confort".
Había salido del confortable confort hacía unos meses, y aunque todo no era color de rosa, en realidad era feliz. Tenía mi trabajo, mi piso, un lugar nuevo, todo muy zen y unas vistas por las que valía la pena levantarse a las 6.00 h. Pero la vida cambió, como cambian las cosas que no son eternas. Y entonces, el contrarreloj comenzó a hacer su cuenta. Luchar, luchar, luchar, hasta quedarte sin fuerzas y cuando creas que no hay más, salen de algún lugar desconocido. Y todo cambia y te replanteas la vida, y dices ¿qué? En realidad la vida no es esto. La vida era lo otro, cuando todo lo tenía sin saber que lo perdía. Pero esto no. Querer ser más listo que el cáncer, creo que te hace parecer más tonto. Tan sólo ha pasado un mes del diagnóstico y mi madre no es la misma y jamás volverá a serlo, sobreviva en el intento o se quede en camino, no volverá a ser esa mujer risueña, que se marcaba la raya negra del ojo para salir con mi padre un sábado o a la que le daban las tantas de la noche cuando cenaba con su mejor amiga. 
Y sí, podéis decir desde fuera, ¿y por qué no? Quizás sí. Bueno, ojalá sí, diría yo, pero ni en mil vidas este golpe nos devolvería a ese pasado. Ni sobreviviendo a desnivel, recuperaríamos ninguno aquello. Pero esto me suena, yo por esto ya he pasado, ya sé lo que es que una enfermedad consuma a alguien que quieres, ya sé lo que es tener sin tener. Lo que el Alzheimer no me enseñó es a luchar por sobrevivir. Y el cáncer sí. Y a apreciar. Apreciar por encima de las posibilidades que creías que no existían. A valorar cada segundo siendo consciente. A retroalimentarte, a valorar la gran familia que tienes, a cuestionarte la existencia , a afrontar, a asumir y a aprender a ser más fuerte cada día. Y la verdad, en esta vida, uno vive, siente y padece y al final, quédate con lo mejor de lo peor, incluso. Quédate con tu aprendizaje diario y tu balance anual. Quédate con lo que las circunstancias, tu entorno y tú misma, te enseñas. Quédate con eso y sé lo más feliz que puedas, porque al final, la vida, es muy simple.

Y no, por primera vez, esta entrada no va a Facebook, porque mi madre, enferma si, pero rendida no, actualiza sus redes sociales y la verdad, no es esta entrada por la que suspiraría su "me gusta". Pero necesitaba escribirla, porque como tantas veces he dicho, es mi blog y no hay límites en él. 
Sed fuertes, vivir es complicado. 





Arms - Christina Perri

https://youtu.be/-oI_H3deDhM

"But you came around and you knocked me off the ground from the start".


sábado, 14 de julio de 2018

SIGUE BRILLANDO

Cae la noche y observo una estrella, desde la persectiva que mi balcón, lejos del jaleo que produce la ciudad, me permite. 
Pienso en la vida de esa luz que transmite; cuántos años, muy lejos de aquí, habrá quedado atrás y no dejo de sorprenderme cada vez que el sol duerme y vuelve ahí, a su sitio, al mismo sitio que la vulnerabilidad de mi humanidad me hace contemplarla. 
Son las 22.45, en mi reproductor suena Let it be y en mi conciencia, todo el firmamento. Cada día me siento más libre y esta sensacion, creedme, no la había tenido tan agudizada, ni tan cerca jamás. No sé de qué cadenas me estoy liberando esta vez, no sé si de verdad he puesto tierra por medio a lo que me impedía crecer o donde ya había crecido todo lo que podía, pero ahora mismo sólo quiero parecerme a esa estrella por su luz, conservarla en espacio y tiempo, pero no en su quietud; no te quedes donde sientas que has cerrado una etapa. No te quedes a esperar, sálvate sin miedo, que miedo ya tendrás tiempo de sentir. 

Maravillosa, la vida me parece maravillosa. El poder que ejerce mi camino recorrido me hace sentir serena. He cometido tantos errores como sorpresas me ha deparado el paso de los años y la paz, la paz sólo la quiero un rato. Prefiero el silencio de mi alma a la paz de mi  existencia. No es lo mismo. Yo nunca he sido paz, no sé serlo, no he aprendido, ni quiero. La guerra del fuero interno es lo que nos mueve. Somos revolución. Ya lo decían Los Beatles. Revolution. 

Reencontrarme con quienes quiero, con quienes me quieren, transmitirles mi entusiasmo y aprender del de ellos, abrazarles, sentirles, tocar ese calor humano o animal que tan frágiles y fuertes nos hace a la par, es la gasolina funcional. Somos estrellas nosotros también, pero nuestra luz sigue viva, tan viva como mis agitados dedos escriben esto. 

¿Han habido tiempos mejores en alguno de los fascículos que han quedado atrás? No lo creo. En cada uno de ellos hemos sido felices o hemos estado tristes o nos hemos sentido enfadados, defraudados o frustrados por lo que en aquel momento suponía algo distinto en nosotros. Pero seguimos y aprendemos de ello, y sobre todo lo afrontamos, con el coraje y la valentía que supone cerrar puertas despacito, cuando creías haber dado portazo previo. No. Los portazos no son la solución. A fin de cuentas es el propio camino, el nuestro, el de nuestras decisiones y pasos, el que nos evoca irremediablemente al continuo aprendizaje, a la atadura de cabos y a entender por qué aquello entonces y por qué esto ahora. Así de simple.

Sigue brillando. 





Esta cancion que me encanta, creo que aún no la había puesto en ninguna de mis entradas y si es así, disculpadme, es que me encanta. 

 https://youtu.be/o2i_ZgeM7Y4

"Tomé sólo el olor y lo mejor de cada instante".



domingo, 17 de junio de 2018

NO SOY UNA TAZA DE MR. WONDERFUL

En mi vida, en mi día a día, estoy acostumbrada a ser yo la que da ánimos y apoyo moral a la gente, la que no permite que alguien caiga o se derrumbe más de la cuenta. No es que yo siempre esté de buen humor, porque eso sería imposible, sino que entre mis mil defectos, creo que algo bueno se rescata y eso es el saber escuchar. Y por eso precisamente, porque soy toda oídos para las personas, se me hace raro estar a veces al otro lado, y permitir que los oídos de otro sean para mí por un momento, pero para ser sinceros, hoy creo que sí me haría falta. Lo que ocurre es que yo me abrí este blog ya hace unos añitos para escribir y contar todo lo que me pasara por la cabeza, sin restricciones ni limitaciones y como no concibo otra forma mejor de expresarme que mediante la escritura, creo que hoy me permitiré que me regaléis vuestro oído y sobre todo vuestra vista, a todos aquellos que se tomen unos minutos para leerme. Hoy vais a ser mis psicólogos personales.

Bueno, no sé muy bien por dónde empezar, ni sé muy bien qué quiere decir esta mezcla de sensaciones tan raras y tan nuevas dentro de mí. Estoy a dos días de marcharme y todo me huele a nostalgia. Estoy muy feliz por un lado por la decisión que he tomado, estoy contenta y llena de adrenalina por las nuevas experiencias que me esperan y que seguro me harán crecer como persona, pero en consecuencia tengo miedo. No es un miedo que me impida tomar decisiones, porque esta decisión la tenía tomada hace ya unos meses y voy a seguir hacia delante con pros y contras, pero sí es un miedo de lo que aquí dejo. Mi vida entera. Es cierto que no me voy muy lejos, que podré venir de vez en cuando, es posible que si me leen mis amigas las que se han ido al otro lado del mundo dirían, (como me dicen muchas veces con muchas cosas cotidianas) que exagero, pero aun así no me gusta minimizar mis sentimientos, porque son míos y cada persona vive las circunstancias a su manera. Yo siempre estoy atada, dentro de mi independencia, a mis personas y animales favoritos. Yo me oxigeno y respiro de ellos, de sus risas, de esos momentos compartidos juntos que no cambiaría por nada, yo, os juro que me alimento de ellos y ahora ellos no van a estar, no de la manera en que están, no todos los días, no tan cerca como para que todo se solucione brindando con una cerveza cuando el mundo se cae encima. Ahora seré yo, en mi marco de supervivencia, mi propia mano amiga. Y echar de menos es algo que no me gusta nada. Odio echar de menos, porque echar de menos significa estar perdiendo un tiempo valioso, el de tu vida, que pasa y pasa y no vuelve, sin alguien a quien quieres y eso es injusto. Eso debería darse sólo tras la muerte y en las películas. No me gusta echar de menos y por tanto, tampoco me gustan las despedidas. No me gustan los abrazos y besos que saben a final o a distancia. No me gustan esas lágrimas que huelen a añoranza. No me gusta la tristeza que dejan los recuerdos que no puedes agarrar con las manos. Me gusta ser feliz, como a todo el mundo supongo, pero es que como dice la canción que hoy pondré en esta entrada: "Siempre quiero estar contenta, triste no valgo la pena". Y es cierto, yo triste no valgo la pena. Estar triste también es perder el tiempo, pero hoy de verdad que lo estoy. Hoy tengo la sensibilidad a flor de piel, hoy miro alrededor y desearía con todas mis fuerzas detener el tiempo. Pero sé que eso es hoy, que es domingo y los domingo son los últimos coletazos del descanso. Mañana secaré las lagrimillas que hoy recorren mis mejillas, guardaré entre mi maleta mi elefantito de la suerte y estaré preparada para seguir con mi vida. Hay que comerse el mundo y compartirlo con quien quieres, porque compartir es sumar tus alegrías, tus batallas ganadas y tus recompensas. Claro que sí, hay que comerse el mundo, pero como no soy una taza de Mr. Wonderful, hoy estoy triste. 







ESTOPA - TE VI, TE VI.
https://www.youtube.com/watch?v=6K5b3gDY2FQ

"Y no te asustes si tu miedo no te asusta".




martes, 5 de junio de 2018

ONAREV

Nunca me siento tan viva como cuando la tarde cae con el sol resistiéndose a dormir. Qué sensación esa de respirar el calor en cada poro de la piel, sabiendo que los pantalones encogen y las mangas desaparecen. Ya no hay necesidad de cubrir con toscas bufandas los cuellos que gritaban por su libertad. Ya las chaquetas, cazadoras, anoraks, abrigos y demás, entierran sus lamentos donde buenamente se les puede hacer un hueco entre los recovecos de unos armarios que claman piedad. Cuanto más llenos están ellos, más llena está el alma de horas de luz natural, que poco apreciamos los humanos y es tan necesaria y vital.

Nunca me siento tan viva como cuando la arena se puede pisar sin zapatos, deseosa de rozar sus millones de granitos sobre las millones de células sensibles al tacto. Las de la piel. La misma piel que se eriza con el primer baño, ese que parece congelar al principio, pero que tan pronto se acostumbra a tu clima. O a la inversa. Pero lo cierto es que si el tiempo se detuviese ahí, no importaría en absoluto.

Nunca me siento tan viva como cuando el color melocotón o el atractivo cereza toman el poder del frutero. Cuando la sandía es la merienda favorita y la rodaja de melón es devorada en un paseo marítimo cualquiera, una noche en que el termómetro promete no dar tregua. Un termómetro que se olvida de un año para otro, cuando se repite constantemente que "este calor no es normal", a sabiendas que esta estación del año conlleva, entre otras cosas, desnudez nocturna y visitantes inesperados que nos visualizan como un manjar sin envoltorio para llenar sus pequeños estómagos. 

Nunca me siento tan viva como cuando la primavera sopla aires de verano, anunciando la inminente llegada de la estación del año que más controversia crea, pero la que sin duda hace disfrutar una buena cerveza como ninguna otra, la que broncea nuestros rostros y la que nos rememora momentos que quedaron en el aire cargado de un tiempo lejano, haciéndonos sentir más guapos, más felices y un poquito menos viejos. 

¡Bienvenido verano! Te espero.






Lykke Li - I Follow Rivers (REMIX)


"You're my river running high, run deep and run wild".