Siempre he necesitado que algo ocurra, algo de eso que te hace pararte a reflexionar, para ser consciente de cuántas cosas hay alrededor que valen la pena.
La vida es un regalo dicen, pero yo digo que es mucho más que eso, la vida es todo y un regalo es algo. Y no, la vida no es algo, es todo, simple y llanamente. Esos diminutos segundos que pasan por delante, que disfrutas como si no fuera a haber nada más después, eso que hace alborotar el pelo, abrir la mirada, ensanchar el alma, regar la mente... Eso es el único motivo que tenemos para darnos cuenta de lo bien que estamos cuando estamos bien.
Soy feliz, hoy por hoy puedo decir que soy feliz porque hasta lo malo me hace sentir viva y escucho mi corazón latir, mi sangre correr, mis neuronas despiertas y mis células sanas, ¿podría exigirle a la vida algo más? No tengo más motivo que vivir por mí y para los demás, para esos que constituyen un mundo bonito con su sola presencia. Siempre he dicho que la vida son ratitos y qué duda cabe.
La vida son decisiones, soledades derivadas por pérdidas irreparables, reparadas pérdidas con libertades elegidas, amores de paso, amigos eternos, luces que se encienden cuando todo oscurece, oscuridades que alumbran íntimas estancias, paseos cansados, compañías felices, despedidas con lágrimas y fábricas de recuerdos.
Y también es mucho más que eso; la vida es todo.
Hasta donde llegue tu imaginación.
El tema de hoy es "Más de cien mentiras" de maestro entre los maestros, Don Joaquín Sabina.
La canción habla por sí sola.
https://www.youtube.com/watch?v=WZ1hVTWOxv8
Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.
Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
martes, 29 de marzo de 2016
HASTA DONDE LLEGUE TU IMAGINACIÓN
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martes, 22 de marzo de 2016
SEMANA FALLERA, CAOS ORGANIZADO.
Como cada año, las Fallas paralizan mi vida y todo lo cotidiano, hasta escuchar música o leer, queda completamente en un segundo plano. Pronto una se acostumbra a pasar 20 de las 24 horas que tiene el día, en la calle, con su gente, en esa carpa que de pronto se convierte en hogar y luego cuesta desengancharse de eso. Aunque este año la "depre" es menor, pues el jueves estaré volando hacia Oporto con una maleta llena de ganas e ilusión.
Hoy voy a usar el blog como una recapitulación de mis Fallas, más a modo personal que otra cosa, porque creo que la mejor semana del año merece algún reconocimiento por parte de esta humilde fallera que las ama con locura, más allá del que esperemos nos brinde la UNESCO el próximo noviembre.
Todo empezó el viernes 11 de marzo, cuando llegada la tarde, mi querida amiga Irene (alias Parri) y yo, nos fuimos al centro a comernos un buen chocolate con buñuelos en la mítica Santa Catalina, para coger fuerzas, pues tras ver algunas fallas, la tarde/noche culminaría con el encendido de la doble campeona (de luces y monumento), Cuba-Literato Azorín, que junto a su vecina Sueca, en aquella tarde que olía a fiesta, inauguraba su iluminación. Una hora de plantón que valió la pena, pues fue una verdadera maravilla. Tras esa "panzá" fallera, tocaba recoger el bocata e irnos a cenar a nuestra comisión; era noche de estrenar la carpa. Las cenas con los amigos molan, pero cuando no falta ni uno mola mucho más. Un año esperando ese momento, así que no podíamos quedarnos sin abrir la barra y bailar.
El sábado 12 no fue para menos. Esa mañana almorzamos con ganas, recogimos nuestros blusones personalizados y tuvimos la comida ofrecida por nuestra Fallera Mayor: arroz, como no podía ser de otra manera en esta intensa semana. El primer arroz de los tantos que vendrían.
La tarde la dediqué a leer mi Extra de Fallas del Levante, algo que tradicionalmente mi padre me compra cada año desde que era muy pequeña, que devoro con ganas y que colecciono.
El anochecer lo dedicamos a comprar la "picaeta" para las paellas del día siguiente y he de decir que este año la organización fue máxima. Se nota que nos hacemos mayores. Y tras guardar nuestras papas, quesos, refrescos y demás, pusimos rumbo al Carmen, para acudir a nuestra anual cita en los Picapiedra, donde cenamos y bebimos hasta terminar haciéndonos amigos de todo el mundo (como suele ser habitual). Ya entrada la madrugada, terminanos en nuestra falla, pues había verbena, estaba la carpa hasta los topes y Manolita había vuelto de Japón. Fue un buen comienzo, un sábado de 10.
El domingo 13 se hizo un mundo levantarse de la cama, pero tocaba el concurso de paellas, así que una vez colocado el blusón y el pañuelo, todo fue mejor. Cerveza en mano y con un maravilloso sol que no debería haberse movido de ahí, terminamos haciendo una paella buenísima, que no sabemos por qué, el jurado no supo valorar, pero nuestros estómagos sí. La tarde, tras el café en nuestro bar de reunión, terminó con una buena ducha, pijama y cama. El finde ya había dado demasiado de sí.
Lunes 14, era el día dedicado a mi querida mamá. La tarde fue invertida por completo en recorrernos el centro viendo las fallas más grandes, cuyos artistas trabajaban sin descanso, ultimando la plantà. Desde Convento Jerusalén, hasta el Mercado Central, pasando por Na Jordana, el Pilar y la majestuosa falla municipal, hicimos fotos y lo pasamos bien, como siempre que vamos juntas y si es por motivos falleros, más aún.
La noche, de nuevo, sabía a falla. Teníamos cena, la última "no oficial" y la última sin una fiesta detrás acompañando la semana. Pero, claro está, la juerga siempre acabamos montándola nosotros.
Y por fin llegó el martes 15, día de plantà. El día amaneció con nuestra fallita infantil en su lugar de siempre, observando tranquila todo lo que acontecía en la demarcación de nuestra comisión. El martes fue día de almuerzo y tarde completa de casal, de esas de las que no te cansas, en tu ambiente y riendo, eso sí, ese día tocaba ir con los moños a cuestas, pues nada más comer había tenido peluquería. ¡Por fin estrenaba peinetas! Y los buñuelos de la merienda, supieron mejor así peinada. Sobre las 20.30, llegó nuestro ninot de la exposición y le dimos la bienvenida con una cena, la cena de la plantà, la primera cena oficial. Después la Nit d'Alba que se celebraba este año por primera vez, desde los años 60, informaba del comienzo de la fiesta. Una carcasa lanzada por todas las comisiones falleras a las 00.00h., anunciaba al cielo que las Fallas 2016 ya habían comenzado. Tras este nuevo y emocionante acto, teníamos verbena y ruta por el barrio, llena de anécdotas de esas que quedan en la más estricta intimidad y con cubatas cortesía de nuestros amigos de fallas vecinas.
El miércoles 16 de marzo, Valencia despertó con un radiante sol que iluminaba cada rincón de la ciudad. Las fallas ya estaban en la calle en toda su plenitud, y comenzaba así el día fallero por excelencia, el que transforma la ciudad, el más anhelado. El día 16 teníamos la primera "picaeta" ofrecida por la falla, esa del mediodía que te quita las ganas de comer, donde el vermú, la cerveza, el queso y los tramusos, se rifan entre falleros y no falleros. Uno de los momentos que personalmente más me gustan de todo el día.
La tarde era para vestirse de fallera, pues teníamos pasacalle nocturno. Qué ganas tenía de estrenar mi traje azul y plata; no hay nada como llevar indumentaria valenciana elegida por una misma al detalle.
El pasacalle fue muy divertido, como cada año. Los falleros portan las antorchas y las falleras bailamos al ritmo de la charanga. Un nutrido grupo somos los que damos vida a este desfile, por el que vale la pena calzarse las mejores galas.
Tras el pasacalle, tocaba cambiarse y ducharse rápidamente, pues teníamos cena y noche de disfraces. Éramos Mélody y los gorilas y cómo no, nuestro querido Enrique, siempre es la nota discordante, y el protagonista indiscutible de esa noche. Él fue Mélody, igual que en su día fue la manzana de Blancanieves, Mary Poppis o la "máquina del tiempo" con heces dibujadas en la espalda.
La noche terminó, como siempre, bailando el Piki Piki con el gintonic. No muy originales, pero sí muy divertidos.
Llegó el jueves 17, posiblemente el día más esperado por toda fallera (y fallero), la Ofrenda de flores a nuestra Mare de Deu dels Desamparats. La Xeperudeta. Nostra Mareta.
La mañana, como el día anterior, fue dedicada a "picotear", pero antes de eso también teníamos, por fin, mascletà. Yo ya había pasado por chapa y pintura en manos de mi mejor amiga Carla, que me dejó perfecta con sus dotes artísticos para el maquillaje.
Tras comer, fui a la pelu de nuevo a hacerme otra vez los moños, aunque esta vez por un motivo mucho más especial. La ilusión rebosaba.
Ya con el pelo hecho, sólo faltaba vestirse. Este día, como anécdota contaré que siempre termino discutiendo con mi madre por algo ten sencillo como la mantilla. Pues yo que soy algo tiquismiquis para eso, termino sacando alguna pega de largaria cuando ya está colocada y mi madre, que tiene la misma santa paciencia que yo (es decir la misma que un ácaro), se pone algo nerviosa y terminamos como el perro y el gato y por supuesto este año no fue una excepción. Algo que se esfumó en cuanto todo estuvo listo y salí a la calle a lucir palmito.
A partir de ahí, comenzó la caminata hasta la calle Colón, donde estos último años, quizás por el temor a las amenazas de lluvia que lleva ya dos años haciéndonos sufrir, el parón es mínimo, pero aun así nos dio tiempo a reponer fuerzas y ahí estaban nuestras benditas e incodicionales mamás con la merienda y el agua. ¡Qué haríamos sin ellas! Cuando nos pusimos en marcha de nuevo ya no había quien nos frenara y ya sabíamos hacia dónde nos dirigíamos. Todos los años es lo mismo, pero cada año es especial. Pasado el Parterre nos adentrábamos en la calle de la Paz, en filas de cinco, todas con el ramo en la mano izquierda y los metros exigidos de separación con la fila de delante; la sonrisa de par en par, los agradecimiento a quien te gritaba guapa o te aplaudía, las miradas de complicidad con tus amigas y las notas de los pasodobles resonaban al compás de nuestros vestidos. Terminada la calle, pasamos las estrechas callejuelas que separan la Paz de la plaza de la Virgen y que tan familiar nos resultan y por fin entramos, escuchando cómo nombraban nuestra falla, retumbando por los altavoces de la plaza; y la miré, por mí, por mi iaia, por mi familia, por mis amigos, por todo lo que tengo y por poder estar ahí un año más. Las lágrimas de felicidad y devoción recorrieron, como siempre, mis mejillas y así fue como le lancé a sus pies ese clavel que siempre preparo y besé mi ramo antes de entregarlo al vestidor que lo colocaría en su manto. Es algo imposible de explicar.
Una vez pasada la Ofrenda, era hora de esperar los autobuses en la Alameda y eso es lo más duro. Ahí la adrenalina ya había bajado hasta la punta del pie y comenzó a dolernos todo: Ganchos, zapatos, falda, etc. Así que subir al autobús fue toda una guerra, pero yo no podía quedarme sin sitio.
Ya en casa, mi madre de nuevo me lo quitó todo y me metí en la ducha para hacerme un buen masaje capilar, sin peinetas de ningún tipo. Las mejores duchas, sin ninguna duda, son esas que te das después de haber llevado el traje de fallera, por eso merecen mención especial.
Esa noche también tocaba cena, con sus correspondientes batallas de cacahuetes y tramusos de una punta a otra de la mesa y fiesta en primera fila, de esa que tanto nos gusta, hasta el amanecer, mucho más allá del fin de la música, pues la siempre "petardera oficial", Lucía, nos lió para tirar unos cuantos. Los únicos que he tirado estas Fallas, yo soy más de bombetas, de tota la vida de Deu.
Viernes, 18 de marzo, el día que comienza a oler a final por excelencia. Este día fue más de lo mismo por la mañana, una buena "picaeta", para no decaer y después comida en el bar de siempre. Ese día nos mezclamos personas de todas las edades de mi falla, pero lo pasamos estupendamente. Somo los "chupiguays", desde padres hasta hijos, de los que cerramos siempre el casal, con cubata en mano.
La comida se fue alargando, hasta el punto que no pasé por casa en todo el día, y tras los play backs infantiles de la tarde y la siempre fabulosa mascletà nocturna, el cansancio comenzó a hacer sus estragos y yo, tan llorona como soy, pues cogí un buen soponcio que fue arreglado con un Ibuprofeno y un vasito de cazalla. Nada que no solucionen mis amigos.
Era la noche grande por antonomasia, la última y la que siempre revienta la carpa de gente. Mi hermana Laura y mi cuñado David vinieron, como suele ser habitual, así como mi colega estopera Silvi, con la que terminé bailando "Cacho a cacho" como si de un concierto se tratase. Finalmente lo di todo y olvidé que estaba extenuada. La cama me vio aparecer a las 8.00h., cuando las comisiones falleras tiraban su última despertà, la que daba la bienvenida a San José.
Y llegó San José, el sábado 19 de marzo, el día grande pero también el más triste, el que sabe a final definitivo y sin tregua y el que no sabes cómo cogerlo, a pesar de vivirlo año tras año. El sábado ya no teníamos motivación, ya no nos apetecía ni tomarnos nuestra cervecita, pero no podíamos faltar a la última mascletà, los bailes regionales y la picaeta diaria. Sólo se hablaba de la mala suerte que teníamos con la climatología, mientras echábamos las últimas partidas de futbolín y esperábamos la ejecución.
Comimos arroz, para variar, entre lamentos y ojeras y la tarde se pasó mirándonos las caras y haciendo balance de lo que había sido la semana.
Llegadas las 22.00h. ardió nuestra fallita infantil y con ella la mitad de nuestro corazón, sabiendo que ya era irrevocable el fin, pero la otra mitad aún se alzaba victoriosa aunque envuelta en traca, porque nos quedaba la última cena.
Esa última cena siempre es triste, a diferencia de las demás, ya no se bebe nada y se masca en el ambiente que la melancolía lo abarca todo. Sabes que volverán, pero sobre todo sabes que se están yendo, y eso cada año, si lo vives de verdad, cuesta asimilarlo.
Pasadas las 00.20h de la noche un castillo gritaba a Valencia que otra falla iba a arder, de las tantas que a esas horas ya eran ceniza y las que tras ésta y junto a ésta se convertirían también en ello. Y así, con la pólvora dando mecha al final, crecían las llamas de "La Dança del Velatori" nuestro monumento de vareta, plantado apenas cinco días antes al tombe (de la forma tradicional), pequeñito pero con una cremà impresionante, diciendo adiós a las Fallas de 2016, pero sobre todo dando la bienvenida a la preciosa primavera y con el fuego encendido de la esperanza y la majestuosa ilusión que alberga soñar con las próximas, con las de 2017.
Ahora toca volver a la vida normal, la que se deja atrás cuando comienza este caos organizado. Toca guardar trajes, peinetas, aderezos, cancanes y recuerdos, sobre todo recuerdos, de esos que resucitan a un muerto.
De hoy, en 358 días, las volvemos a plantar.
Y aquí dejo varias fotos que resumen de forma breve estos intensos días, junto a la que sin duda ha sido, con el Piki Piki (pero ésta me gusta más), la reina de las canciones en cada una de nuestras noches, Madre Tierra. Gracias a todos los que habéis hecho de éstas, otras Fallas más que especiales. Sois mis amigos, lo mejor de mi vida y hacéis más bonitas si caben, las fiestas que tanto amo.
https://www.youtube.com/watch?v=T9muAzJaOss
"Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida."
Hoy voy a usar el blog como una recapitulación de mis Fallas, más a modo personal que otra cosa, porque creo que la mejor semana del año merece algún reconocimiento por parte de esta humilde fallera que las ama con locura, más allá del que esperemos nos brinde la UNESCO el próximo noviembre.
Todo empezó el viernes 11 de marzo, cuando llegada la tarde, mi querida amiga Irene (alias Parri) y yo, nos fuimos al centro a comernos un buen chocolate con buñuelos en la mítica Santa Catalina, para coger fuerzas, pues tras ver algunas fallas, la tarde/noche culminaría con el encendido de la doble campeona (de luces y monumento), Cuba-Literato Azorín, que junto a su vecina Sueca, en aquella tarde que olía a fiesta, inauguraba su iluminación. Una hora de plantón que valió la pena, pues fue una verdadera maravilla. Tras esa "panzá" fallera, tocaba recoger el bocata e irnos a cenar a nuestra comisión; era noche de estrenar la carpa. Las cenas con los amigos molan, pero cuando no falta ni uno mola mucho más. Un año esperando ese momento, así que no podíamos quedarnos sin abrir la barra y bailar.
El sábado 12 no fue para menos. Esa mañana almorzamos con ganas, recogimos nuestros blusones personalizados y tuvimos la comida ofrecida por nuestra Fallera Mayor: arroz, como no podía ser de otra manera en esta intensa semana. El primer arroz de los tantos que vendrían.
La tarde la dediqué a leer mi Extra de Fallas del Levante, algo que tradicionalmente mi padre me compra cada año desde que era muy pequeña, que devoro con ganas y que colecciono.
El anochecer lo dedicamos a comprar la "picaeta" para las paellas del día siguiente y he de decir que este año la organización fue máxima. Se nota que nos hacemos mayores. Y tras guardar nuestras papas, quesos, refrescos y demás, pusimos rumbo al Carmen, para acudir a nuestra anual cita en los Picapiedra, donde cenamos y bebimos hasta terminar haciéndonos amigos de todo el mundo (como suele ser habitual). Ya entrada la madrugada, terminanos en nuestra falla, pues había verbena, estaba la carpa hasta los topes y Manolita había vuelto de Japón. Fue un buen comienzo, un sábado de 10.
El domingo 13 se hizo un mundo levantarse de la cama, pero tocaba el concurso de paellas, así que una vez colocado el blusón y el pañuelo, todo fue mejor. Cerveza en mano y con un maravilloso sol que no debería haberse movido de ahí, terminamos haciendo una paella buenísima, que no sabemos por qué, el jurado no supo valorar, pero nuestros estómagos sí. La tarde, tras el café en nuestro bar de reunión, terminó con una buena ducha, pijama y cama. El finde ya había dado demasiado de sí.
Lunes 14, era el día dedicado a mi querida mamá. La tarde fue invertida por completo en recorrernos el centro viendo las fallas más grandes, cuyos artistas trabajaban sin descanso, ultimando la plantà. Desde Convento Jerusalén, hasta el Mercado Central, pasando por Na Jordana, el Pilar y la majestuosa falla municipal, hicimos fotos y lo pasamos bien, como siempre que vamos juntas y si es por motivos falleros, más aún.
La noche, de nuevo, sabía a falla. Teníamos cena, la última "no oficial" y la última sin una fiesta detrás acompañando la semana. Pero, claro está, la juerga siempre acabamos montándola nosotros.
Y por fin llegó el martes 15, día de plantà. El día amaneció con nuestra fallita infantil en su lugar de siempre, observando tranquila todo lo que acontecía en la demarcación de nuestra comisión. El martes fue día de almuerzo y tarde completa de casal, de esas de las que no te cansas, en tu ambiente y riendo, eso sí, ese día tocaba ir con los moños a cuestas, pues nada más comer había tenido peluquería. ¡Por fin estrenaba peinetas! Y los buñuelos de la merienda, supieron mejor así peinada. Sobre las 20.30, llegó nuestro ninot de la exposición y le dimos la bienvenida con una cena, la cena de la plantà, la primera cena oficial. Después la Nit d'Alba que se celebraba este año por primera vez, desde los años 60, informaba del comienzo de la fiesta. Una carcasa lanzada por todas las comisiones falleras a las 00.00h., anunciaba al cielo que las Fallas 2016 ya habían comenzado. Tras este nuevo y emocionante acto, teníamos verbena y ruta por el barrio, llena de anécdotas de esas que quedan en la más estricta intimidad y con cubatas cortesía de nuestros amigos de fallas vecinas.
El miércoles 16 de marzo, Valencia despertó con un radiante sol que iluminaba cada rincón de la ciudad. Las fallas ya estaban en la calle en toda su plenitud, y comenzaba así el día fallero por excelencia, el que transforma la ciudad, el más anhelado. El día 16 teníamos la primera "picaeta" ofrecida por la falla, esa del mediodía que te quita las ganas de comer, donde el vermú, la cerveza, el queso y los tramusos, se rifan entre falleros y no falleros. Uno de los momentos que personalmente más me gustan de todo el día.
La tarde era para vestirse de fallera, pues teníamos pasacalle nocturno. Qué ganas tenía de estrenar mi traje azul y plata; no hay nada como llevar indumentaria valenciana elegida por una misma al detalle.
El pasacalle fue muy divertido, como cada año. Los falleros portan las antorchas y las falleras bailamos al ritmo de la charanga. Un nutrido grupo somos los que damos vida a este desfile, por el que vale la pena calzarse las mejores galas.
Tras el pasacalle, tocaba cambiarse y ducharse rápidamente, pues teníamos cena y noche de disfraces. Éramos Mélody y los gorilas y cómo no, nuestro querido Enrique, siempre es la nota discordante, y el protagonista indiscutible de esa noche. Él fue Mélody, igual que en su día fue la manzana de Blancanieves, Mary Poppis o la "máquina del tiempo" con heces dibujadas en la espalda.
La noche terminó, como siempre, bailando el Piki Piki con el gintonic. No muy originales, pero sí muy divertidos.
Llegó el jueves 17, posiblemente el día más esperado por toda fallera (y fallero), la Ofrenda de flores a nuestra Mare de Deu dels Desamparats. La Xeperudeta. Nostra Mareta.
La mañana, como el día anterior, fue dedicada a "picotear", pero antes de eso también teníamos, por fin, mascletà. Yo ya había pasado por chapa y pintura en manos de mi mejor amiga Carla, que me dejó perfecta con sus dotes artísticos para el maquillaje.
Tras comer, fui a la pelu de nuevo a hacerme otra vez los moños, aunque esta vez por un motivo mucho más especial. La ilusión rebosaba.
Ya con el pelo hecho, sólo faltaba vestirse. Este día, como anécdota contaré que siempre termino discutiendo con mi madre por algo ten sencillo como la mantilla. Pues yo que soy algo tiquismiquis para eso, termino sacando alguna pega de largaria cuando ya está colocada y mi madre, que tiene la misma santa paciencia que yo (es decir la misma que un ácaro), se pone algo nerviosa y terminamos como el perro y el gato y por supuesto este año no fue una excepción. Algo que se esfumó en cuanto todo estuvo listo y salí a la calle a lucir palmito.
A partir de ahí, comenzó la caminata hasta la calle Colón, donde estos último años, quizás por el temor a las amenazas de lluvia que lleva ya dos años haciéndonos sufrir, el parón es mínimo, pero aun así nos dio tiempo a reponer fuerzas y ahí estaban nuestras benditas e incodicionales mamás con la merienda y el agua. ¡Qué haríamos sin ellas! Cuando nos pusimos en marcha de nuevo ya no había quien nos frenara y ya sabíamos hacia dónde nos dirigíamos. Todos los años es lo mismo, pero cada año es especial. Pasado el Parterre nos adentrábamos en la calle de la Paz, en filas de cinco, todas con el ramo en la mano izquierda y los metros exigidos de separación con la fila de delante; la sonrisa de par en par, los agradecimiento a quien te gritaba guapa o te aplaudía, las miradas de complicidad con tus amigas y las notas de los pasodobles resonaban al compás de nuestros vestidos. Terminada la calle, pasamos las estrechas callejuelas que separan la Paz de la plaza de la Virgen y que tan familiar nos resultan y por fin entramos, escuchando cómo nombraban nuestra falla, retumbando por los altavoces de la plaza; y la miré, por mí, por mi iaia, por mi familia, por mis amigos, por todo lo que tengo y por poder estar ahí un año más. Las lágrimas de felicidad y devoción recorrieron, como siempre, mis mejillas y así fue como le lancé a sus pies ese clavel que siempre preparo y besé mi ramo antes de entregarlo al vestidor que lo colocaría en su manto. Es algo imposible de explicar.
Una vez pasada la Ofrenda, era hora de esperar los autobuses en la Alameda y eso es lo más duro. Ahí la adrenalina ya había bajado hasta la punta del pie y comenzó a dolernos todo: Ganchos, zapatos, falda, etc. Así que subir al autobús fue toda una guerra, pero yo no podía quedarme sin sitio.
Ya en casa, mi madre de nuevo me lo quitó todo y me metí en la ducha para hacerme un buen masaje capilar, sin peinetas de ningún tipo. Las mejores duchas, sin ninguna duda, son esas que te das después de haber llevado el traje de fallera, por eso merecen mención especial.
Esa noche también tocaba cena, con sus correspondientes batallas de cacahuetes y tramusos de una punta a otra de la mesa y fiesta en primera fila, de esa que tanto nos gusta, hasta el amanecer, mucho más allá del fin de la música, pues la siempre "petardera oficial", Lucía, nos lió para tirar unos cuantos. Los únicos que he tirado estas Fallas, yo soy más de bombetas, de tota la vida de Deu.
Viernes, 18 de marzo, el día que comienza a oler a final por excelencia. Este día fue más de lo mismo por la mañana, una buena "picaeta", para no decaer y después comida en el bar de siempre. Ese día nos mezclamos personas de todas las edades de mi falla, pero lo pasamos estupendamente. Somo los "chupiguays", desde padres hasta hijos, de los que cerramos siempre el casal, con cubata en mano.
La comida se fue alargando, hasta el punto que no pasé por casa en todo el día, y tras los play backs infantiles de la tarde y la siempre fabulosa mascletà nocturna, el cansancio comenzó a hacer sus estragos y yo, tan llorona como soy, pues cogí un buen soponcio que fue arreglado con un Ibuprofeno y un vasito de cazalla. Nada que no solucionen mis amigos.
Era la noche grande por antonomasia, la última y la que siempre revienta la carpa de gente. Mi hermana Laura y mi cuñado David vinieron, como suele ser habitual, así como mi colega estopera Silvi, con la que terminé bailando "Cacho a cacho" como si de un concierto se tratase. Finalmente lo di todo y olvidé que estaba extenuada. La cama me vio aparecer a las 8.00h., cuando las comisiones falleras tiraban su última despertà, la que daba la bienvenida a San José.
Y llegó San José, el sábado 19 de marzo, el día grande pero también el más triste, el que sabe a final definitivo y sin tregua y el que no sabes cómo cogerlo, a pesar de vivirlo año tras año. El sábado ya no teníamos motivación, ya no nos apetecía ni tomarnos nuestra cervecita, pero no podíamos faltar a la última mascletà, los bailes regionales y la picaeta diaria. Sólo se hablaba de la mala suerte que teníamos con la climatología, mientras echábamos las últimas partidas de futbolín y esperábamos la ejecución.
Comimos arroz, para variar, entre lamentos y ojeras y la tarde se pasó mirándonos las caras y haciendo balance de lo que había sido la semana.
Llegadas las 22.00h. ardió nuestra fallita infantil y con ella la mitad de nuestro corazón, sabiendo que ya era irrevocable el fin, pero la otra mitad aún se alzaba victoriosa aunque envuelta en traca, porque nos quedaba la última cena.
Esa última cena siempre es triste, a diferencia de las demás, ya no se bebe nada y se masca en el ambiente que la melancolía lo abarca todo. Sabes que volverán, pero sobre todo sabes que se están yendo, y eso cada año, si lo vives de verdad, cuesta asimilarlo.
Pasadas las 00.20h de la noche un castillo gritaba a Valencia que otra falla iba a arder, de las tantas que a esas horas ya eran ceniza y las que tras ésta y junto a ésta se convertirían también en ello. Y así, con la pólvora dando mecha al final, crecían las llamas de "La Dança del Velatori" nuestro monumento de vareta, plantado apenas cinco días antes al tombe (de la forma tradicional), pequeñito pero con una cremà impresionante, diciendo adiós a las Fallas de 2016, pero sobre todo dando la bienvenida a la preciosa primavera y con el fuego encendido de la esperanza y la majestuosa ilusión que alberga soñar con las próximas, con las de 2017.
Ahora toca volver a la vida normal, la que se deja atrás cuando comienza este caos organizado. Toca guardar trajes, peinetas, aderezos, cancanes y recuerdos, sobre todo recuerdos, de esos que resucitan a un muerto.
De hoy, en 358 días, las volvemos a plantar.
Y aquí dejo varias fotos que resumen de forma breve estos intensos días, junto a la que sin duda ha sido, con el Piki Piki (pero ésta me gusta más), la reina de las canciones en cada una de nuestras noches, Madre Tierra. Gracias a todos los que habéis hecho de éstas, otras Fallas más que especiales. Sois mis amigos, lo mejor de mi vida y hacéis más bonitas si caben, las fiestas que tanto amo.
https://www.youtube.com/watch?v=T9muAzJaOss
"Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida."
miércoles, 2 de marzo de 2016
CUANDO SE ALEJA LA MAREA
La has notado, la has tenido muy cerca susurrando en tus oídos pesadumbre, la has sentido en cada célula de tu cuerpo, en cada rincón de tu piel; te ha besado, y no has sido capaz de decirle "no", ni siquiera has sido capaz de enfrentarla o mirarla a la cara. Ahora ya sabes que cuando llega, se instala.
Habías sentido hasta aquel instante muchas sensaciones diferentes en tu vida, tanto físicas como psicológicas. Magulladuras externas o internas te habían hecho alertarte del peligro al que nos exponemos a diario, pero nada fue comparable a aquel grito desgarrador que apabulló tu sedienta alma. Aquello era dolor, auténtico dolor, del que exprime hasta la última lágrima de tu cuerpo, dando lugar a eso que creías haber conocido antes, pero que sólo eran avisos para lo que te esperaba: la tristeza. Esa mala consejera que abofetea tus entrañas y te mantiene alejada de los vértices de la libertad. Ella borró tu sonrisa y convirtió el sol de tus días, en una densa niebla que disipaba hasta el color de tu mirada. Dejaste de distinguir entre el bien y el mal, es más, dejó de importarte lo que era bueno o malo. Sabías que pasaría, pero hasta que pasara, las horas se volverían tus peores enemigas. Y se instaló desteñida a vivir contigo la sombra de lo que fuiste y sonreír por compromiso se convirtió en todo un modo de vida. Jamás fuiste una de esas personas que estallan pronto en sentimientos ocultos, sólo cuando realmente están saturadas, y tú simplemente no lo estabas. No era saturación, era más bien indiferencia ante un desustanciado día a día, que sin duda, nadie entendería si intentabas explicarlo. Y fueron muchos, muchísimos los minutos que sin sal y sin azúcar, tuvieron que pasar por delante de tu cara para que decidieras, sin rendir cuentas, ni pedir favores, tomar la brújula de tu existencia.
Y se fue, no hay más explicación que esa. Un día, cogió las maletas y se marchó, dejando una paz interior digna de haber sido donada en porciones a cada ser humano del mundo. De repente, esa insostenible "amiga" que se agarró fuerte a la vida a tu costa, llamada "tristeza", un día había desaparecido y ni una nota de despedida había dejado. No era necesario, simplemente sabías que no volvería, al menos de esa manera, al menos ya no así. Y todo cobró sentido, la ventana anunciaba un radiante sol que iluminaba aquellos rincones fríos y desalentados de antes. De un antes que cada vez parecía más lejano.
No volviste a caer. Ahora, cada vez que pareces flojear, te enderezas con fuerza, ahora sabes el camino correcto para que nada vuelva a destrozar lo que ya fue destrozado. Ahora ya no hay ninguna bomba apunto de ser detonada, pues sobreviviste a la única detonación del camino: la de la verdadera tristeza, la que sólo se siente una vez en la vida y de la que se aprende tanto y tan rápido, que no os volvéis a cruzar. Ya no volverá a rodearte con sus frías manos haciéndote sentir una fragilidad que nunca estuvo, que nunca estará.
La felicidad no se busca. La felicidad es. Y para ti, ¿qué es?
Habías sentido hasta aquel instante muchas sensaciones diferentes en tu vida, tanto físicas como psicológicas. Magulladuras externas o internas te habían hecho alertarte del peligro al que nos exponemos a diario, pero nada fue comparable a aquel grito desgarrador que apabulló tu sedienta alma. Aquello era dolor, auténtico dolor, del que exprime hasta la última lágrima de tu cuerpo, dando lugar a eso que creías haber conocido antes, pero que sólo eran avisos para lo que te esperaba: la tristeza. Esa mala consejera que abofetea tus entrañas y te mantiene alejada de los vértices de la libertad. Ella borró tu sonrisa y convirtió el sol de tus días, en una densa niebla que disipaba hasta el color de tu mirada. Dejaste de distinguir entre el bien y el mal, es más, dejó de importarte lo que era bueno o malo. Sabías que pasaría, pero hasta que pasara, las horas se volverían tus peores enemigas. Y se instaló desteñida a vivir contigo la sombra de lo que fuiste y sonreír por compromiso se convirtió en todo un modo de vida. Jamás fuiste una de esas personas que estallan pronto en sentimientos ocultos, sólo cuando realmente están saturadas, y tú simplemente no lo estabas. No era saturación, era más bien indiferencia ante un desustanciado día a día, que sin duda, nadie entendería si intentabas explicarlo. Y fueron muchos, muchísimos los minutos que sin sal y sin azúcar, tuvieron que pasar por delante de tu cara para que decidieras, sin rendir cuentas, ni pedir favores, tomar la brújula de tu existencia.
Y se fue, no hay más explicación que esa. Un día, cogió las maletas y se marchó, dejando una paz interior digna de haber sido donada en porciones a cada ser humano del mundo. De repente, esa insostenible "amiga" que se agarró fuerte a la vida a tu costa, llamada "tristeza", un día había desaparecido y ni una nota de despedida había dejado. No era necesario, simplemente sabías que no volvería, al menos de esa manera, al menos ya no así. Y todo cobró sentido, la ventana anunciaba un radiante sol que iluminaba aquellos rincones fríos y desalentados de antes. De un antes que cada vez parecía más lejano.
No volviste a caer. Ahora, cada vez que pareces flojear, te enderezas con fuerza, ahora sabes el camino correcto para que nada vuelva a destrozar lo que ya fue destrozado. Ahora ya no hay ninguna bomba apunto de ser detonada, pues sobreviviste a la única detonación del camino: la de la verdadera tristeza, la que sólo se siente una vez en la vida y de la que se aprende tanto y tan rápido, que no os volvéis a cruzar. Ya no volverá a rodearte con sus frías manos haciéndote sentir una fragilidad que nunca estuvo, que nunca estará.
La felicidad no se busca. La felicidad es. Y para ti, ¿qué es?
El tema de hoy es "Felicidad" de La Cabra Mecánica. Un grupo musical que da muy buena energía y una canción, que personalmente, me gusta muchísimo.
"Mata más gente el tabaco que los aviones y he perdido el miedo a volar."
miércoles, 24 de febrero de 2016
FALLAS, ESAS ODIADAS.
Hoy quiero hablar de las Fallas, de mis queridas Fallas, de esa fiesta que sin saber muy bien por qué, aman los que la visitan y desprecian algunos valencianos. Esa fiesta que crea controversia, que adoras o detestas, pero que no deja indiferente a nadie. Hoy no pretendo con esto convencer a ningún cerebro ardiente, de esos a los que ya les duele la cabeza de pensar en los días que se aproximan, pero sí invito a una reflexión por si no saben lo que hay detrás de esta imponente tradición.
No soy una experta en indumentaria, pero soy de las que distingo una seda estrecha, una seda ancha, un rayón, un damasco, un brocat o un espolín, sólo con echarle una rápida mirada. La mayoría de personas (incluso propios falleros), no saben lo que hay detrás de esos trajes. No saben lo trabajados que están, desconocen que un espolín está hecho a mano, con seda natural, en telares centenarios y que no se tejen más de 10 centímetros al día. ¡10 centímetros, señores y señoras!
Hablemos de las peluquerías que trabajan de sol a sol para que luzcamos nuestros peinados, con la artillería de ganchos y la paciencia de quien nos lo hace. Sin poder fallar en nada que lo desmonte todo y tengas que volver a empezar, y en casos de melenas como la mía, se ganan el cielo, para poder mostrar al mundo uno de los peinados más espectaculares en cuanto a fiestas populares se refiere.
Nuestras peinetas y aderezos, cinceladas a mano, orfebres que son auténticos artistas que dan rienda suelta a su talento e imaginación construyendo unas piezas únicas, que son una gran inversión, pues de eso ya no te deshaces jamás y además, en la mayoría de los casos, cuesta bastante menos que un brillante, sin dejar de ser una joya exclusiva y hecha con mucho amor.
Los indumentaristas, los que dan forma a nuestras sedas, los que organizan sus patrones para ajustar a nuestro cuerpo las maravillosas telas valencianas; los que hacen realidad el sueño de toda fallera. Los creadores de ilusiones.
Nuestra ciudad sonando a ritmo de pólvora día y noche, esa seña de identidad tan nuestra y que así es posible gracias a los pirotécnicos, aquellos que se juegan la vida bajo tradiciones familiares y siempre desde la discreción más absoluta.
Y por supuesto, cómo iba a olvidarme de hablar de los artistas falleros. Todos los años me gusta pasear por las calles de Valencia, sobre el día 12 o 13 y pasarme horas mirando la plantà, embobada y sin perder detalle. Ya lo dije el año pasado y lo reitero una y mil veces: Bastarían 10 minutos de plantà a pie de calle, para declarar las Fallas Patrimonio de la Humanidad. Ahí, donde se juntan la ingeniería, el ingenio y el arte. Ahí donde cada pieza debe encajar al milímetro. Los verdaderos artífices de nuestra fiesta, los que durante un año entero preparan en sus talleres inigualables obras de arte, para pasarse días sin dormir y que el 16 de marzo, Valencia amanezca preciosa.
Todo esto sólo es lo principal, lo que más destaca de las Fallas, y todo junto hacen una fiesta grandiosa y completa, donde aburrirse es imposible y donde admirar la cultura y la belleza es algo sencillo si das dos pasos por Valencia esos días. Nuestra fiesta se realiza gracias al esfuerzo de muchísimas personas y todas ellas trabajan gracias a las Fallas; miles y miles de familias viven de esto, por obligación o vocación, pero alimentan a sus hijos, pagan sus hipotecas o se van de viaje, porque nuestra fiesta existe y perdura. No olvidemos que también están los hosteleros, zapateros, empresas de transporte, de montaje, de grúas, y un largo etcétera que abarca todo tipo de sectores.
Aparte de eso también estamos los falleros, los que en lugar de cobrar, pagamos, los que la amamos, los que la conocemos desde dentro y desde fuera, los grandes odiados por ser los que damos vida a esos días, sin los que no existirían las Fallas; somos los que plantamos.
Y yo, a nivel personal, las espero un año más como no espero nada en mi vida. Desde que tengo uso de razón, las he exprimido al máximo, cada minuto se me queda corto y siempre quiero más. El sueño y el cansancio no son un impedimento, es más, no existen esos días. Del 15 al 19 de marzo, me sumerjo en un submundo inexplicable, en un ambiente que me encanta y soy la persona más feliz del planeta. Mi casa se convierte en un caos organizado, y los muebles también se contagian del ritmo de vida, y empiezan a llenarse de ganchos, peinetas, cancanes, faldas, corpiños, banda, mantillas... Y comienza el ritual y el estrés: "Vísteme que llego tarde", "mamá la mantilla está de lado", "cuidado al meterme la falda, no me deshagas el moño" y esos gajes del oficio que toda fallera conoce.
Pero bajas a la calle, con tu traje, y más orgullosa ya no puedes estar, la gente te para, te piropea, te fotografía y la adrenalina recorre tu cuerpo;aunque nada como desfilar por la calle de la Paz, escuchar los aplausos, enderezar la espalda, agarrar tu ramo de claveles y saber que ya estás cerca, que un año más llega el momento. Y estar frente a frente con la Virgen, girar esa esquina y verla, es lo más maravilloso que una fallera puede experimentar. Y las lágrimas de felicidad, de devoción y de amor corren tu maquillaje, porque a partir de ese momento, estar guapa ya no cuenta.
Y para eso se teje tu tela, para eso se cose tu traje, para eso te peina el peluquero, para eso hicieron tus peinetas y aderezo. Para vivir momentos únicos.
Al final, los recuerdos son pasto de las llamas junto a las esculturas efímeras que custodian nuestra ciudad en marzo. Al final todo pasa, de tal forma, que el 20 no sabes si todo ha sido un sueño o realmente ha existido. Y esto es como todo, lo que se va, ya nunca vuelve o no vuelve nunca igual.
Y para eso se plantan las fallas, para aliviar esta podredumbre de mundo en el que vivimos durante unos días, para ser feliz y disfrutar dentro de las posibilidades de cada uno. Para contagiarse de alegría, de la alegría de tener unas fiestas tan extraordinarias, tan estupendas y que sin duda merecen ser declaradas PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.
Amo Valencia, pero amo mucho más Valencia en Fallas.
Aquí os dejo un vídeo que me encanta y que creo que resume de una manera breve y sencilla el transcurso de las Fallas. Si no he contado mal, comienza a plantarse el día 8 y así se ve avanzar los días, hasta el momento cumbre: la cremà. Este vídeo es de las Fallas 2001, más concretamente "Pinotxada Universal" de Na Jordana, un monumento que aunque yo apenas contaba con 9 años cuando fui a verla, quedó grabado a fuego, valga la redundancia, en mi cabeza. No tiene desperdicio.
https://www.youtube.com/watch?v=wX2sx4lF8cs
Y por supuesto no puede faltar canción, y qué mejor a cuatro días de la Cridà 2016 y a seis de que comience nuestro gran mes, que el pasodoble El Fallero, compuesta por José Serrano y letra de Maximiliano Thous.
Escucho el primer segundo y ya llevo la piel de gallina. Disfrutadlo y ¡FELICES FALLAS!
https://www.youtube.com/watch?v=tIKSERBk0e8
No soy una experta en indumentaria, pero soy de las que distingo una seda estrecha, una seda ancha, un rayón, un damasco, un brocat o un espolín, sólo con echarle una rápida mirada. La mayoría de personas (incluso propios falleros), no saben lo que hay detrás de esos trajes. No saben lo trabajados que están, desconocen que un espolín está hecho a mano, con seda natural, en telares centenarios y que no se tejen más de 10 centímetros al día. ¡10 centímetros, señores y señoras!
Hablemos de las peluquerías que trabajan de sol a sol para que luzcamos nuestros peinados, con la artillería de ganchos y la paciencia de quien nos lo hace. Sin poder fallar en nada que lo desmonte todo y tengas que volver a empezar, y en casos de melenas como la mía, se ganan el cielo, para poder mostrar al mundo uno de los peinados más espectaculares en cuanto a fiestas populares se refiere.
Nuestras peinetas y aderezos, cinceladas a mano, orfebres que son auténticos artistas que dan rienda suelta a su talento e imaginación construyendo unas piezas únicas, que son una gran inversión, pues de eso ya no te deshaces jamás y además, en la mayoría de los casos, cuesta bastante menos que un brillante, sin dejar de ser una joya exclusiva y hecha con mucho amor.
Los indumentaristas, los que dan forma a nuestras sedas, los que organizan sus patrones para ajustar a nuestro cuerpo las maravillosas telas valencianas; los que hacen realidad el sueño de toda fallera. Los creadores de ilusiones.
Nuestra ciudad sonando a ritmo de pólvora día y noche, esa seña de identidad tan nuestra y que así es posible gracias a los pirotécnicos, aquellos que se juegan la vida bajo tradiciones familiares y siempre desde la discreción más absoluta.
Y por supuesto, cómo iba a olvidarme de hablar de los artistas falleros. Todos los años me gusta pasear por las calles de Valencia, sobre el día 12 o 13 y pasarme horas mirando la plantà, embobada y sin perder detalle. Ya lo dije el año pasado y lo reitero una y mil veces: Bastarían 10 minutos de plantà a pie de calle, para declarar las Fallas Patrimonio de la Humanidad. Ahí, donde se juntan la ingeniería, el ingenio y el arte. Ahí donde cada pieza debe encajar al milímetro. Los verdaderos artífices de nuestra fiesta, los que durante un año entero preparan en sus talleres inigualables obras de arte, para pasarse días sin dormir y que el 16 de marzo, Valencia amanezca preciosa.
Todo esto sólo es lo principal, lo que más destaca de las Fallas, y todo junto hacen una fiesta grandiosa y completa, donde aburrirse es imposible y donde admirar la cultura y la belleza es algo sencillo si das dos pasos por Valencia esos días. Nuestra fiesta se realiza gracias al esfuerzo de muchísimas personas y todas ellas trabajan gracias a las Fallas; miles y miles de familias viven de esto, por obligación o vocación, pero alimentan a sus hijos, pagan sus hipotecas o se van de viaje, porque nuestra fiesta existe y perdura. No olvidemos que también están los hosteleros, zapateros, empresas de transporte, de montaje, de grúas, y un largo etcétera que abarca todo tipo de sectores.
Aparte de eso también estamos los falleros, los que en lugar de cobrar, pagamos, los que la amamos, los que la conocemos desde dentro y desde fuera, los grandes odiados por ser los que damos vida a esos días, sin los que no existirían las Fallas; somos los que plantamos.
Y yo, a nivel personal, las espero un año más como no espero nada en mi vida. Desde que tengo uso de razón, las he exprimido al máximo, cada minuto se me queda corto y siempre quiero más. El sueño y el cansancio no son un impedimento, es más, no existen esos días. Del 15 al 19 de marzo, me sumerjo en un submundo inexplicable, en un ambiente que me encanta y soy la persona más feliz del planeta. Mi casa se convierte en un caos organizado, y los muebles también se contagian del ritmo de vida, y empiezan a llenarse de ganchos, peinetas, cancanes, faldas, corpiños, banda, mantillas... Y comienza el ritual y el estrés: "Vísteme que llego tarde", "mamá la mantilla está de lado", "cuidado al meterme la falda, no me deshagas el moño" y esos gajes del oficio que toda fallera conoce.
Pero bajas a la calle, con tu traje, y más orgullosa ya no puedes estar, la gente te para, te piropea, te fotografía y la adrenalina recorre tu cuerpo;aunque nada como desfilar por la calle de la Paz, escuchar los aplausos, enderezar la espalda, agarrar tu ramo de claveles y saber que ya estás cerca, que un año más llega el momento. Y estar frente a frente con la Virgen, girar esa esquina y verla, es lo más maravilloso que una fallera puede experimentar. Y las lágrimas de felicidad, de devoción y de amor corren tu maquillaje, porque a partir de ese momento, estar guapa ya no cuenta.
Y para eso se teje tu tela, para eso se cose tu traje, para eso te peina el peluquero, para eso hicieron tus peinetas y aderezo. Para vivir momentos únicos.
Al final, los recuerdos son pasto de las llamas junto a las esculturas efímeras que custodian nuestra ciudad en marzo. Al final todo pasa, de tal forma, que el 20 no sabes si todo ha sido un sueño o realmente ha existido. Y esto es como todo, lo que se va, ya nunca vuelve o no vuelve nunca igual.
Y para eso se plantan las fallas, para aliviar esta podredumbre de mundo en el que vivimos durante unos días, para ser feliz y disfrutar dentro de las posibilidades de cada uno. Para contagiarse de alegría, de la alegría de tener unas fiestas tan extraordinarias, tan estupendas y que sin duda merecen ser declaradas PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.
Amo Valencia, pero amo mucho más Valencia en Fallas.
Aquí os dejo un vídeo que me encanta y que creo que resume de una manera breve y sencilla el transcurso de las Fallas. Si no he contado mal, comienza a plantarse el día 8 y así se ve avanzar los días, hasta el momento cumbre: la cremà. Este vídeo es de las Fallas 2001, más concretamente "Pinotxada Universal" de Na Jordana, un monumento que aunque yo apenas contaba con 9 años cuando fui a verla, quedó grabado a fuego, valga la redundancia, en mi cabeza. No tiene desperdicio.
https://www.youtube.com/watch?v=wX2sx4lF8cs
Y por supuesto no puede faltar canción, y qué mejor a cuatro días de la Cridà 2016 y a seis de que comience nuestro gran mes, que el pasodoble El Fallero, compuesta por José Serrano y letra de Maximiliano Thous.
Escucho el primer segundo y ya llevo la piel de gallina. Disfrutadlo y ¡FELICES FALLAS!
https://www.youtube.com/watch?v=tIKSERBk0e8
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lunes, 15 de febrero de 2016
BRILLO POSITIVO.
Llevo varios días sin escribir, toda una prueba de fuego para mí, que normalmente necesito una dosis diaria de escritura. Lo cierto es que últimamente no estoy especialmente inspirada, será que todo está tranquilo y estable a mi alrededor, no hay nada que amenace ese confort que logré crearme yo misma, para mí sola y tampoco es que las noticias que vocea cada día la televisión lleguen al fondo de mi cerebro. Todos los días más de los mismo: violencia de género ante la pasividad total de la justicia, ladrones de guante blanco ante la pasividad total de la justicia y un gobierno sin formar ante la pasividad total de los partidos políticos. Y debe ser que la pasividad es contagiosa, pues así me muestro yo desde hace ya unas cuantas semanas. Todo me da igual, de la forma más estrictamente literal. No me da igual de una forma negativa, ni siquiera indiferente, todo me da igual de una manera muy positiva para mi salud mental. Cuántas veces he escuchado eso de que "las cosas te la deberían resbalar", sin jamás ponerlo en práctica. Yo, por favor, la reina del drama haciendo alarde de la tranquilidad ante los problemas cotidianos o a gran escala. Eso era impensable. Pues ya no lo es tanto, porque lo estoy logrando, aunque sé que sólo es un espejismo y pronto volveré a ser la que era. Hay ciertos días al mes que tengo trastornos de personalidad. Pero de momento puedo decir orgullosa que mi chaleco antibalas funciona de maravilla, así que disparad que hasta que se rompa o empiece a darme calor, lo voy a seguir usando.
Podría aconsejar que tomarais esta posición ante los problemas, una posición que tantas veces me han recomendado, pero no creo que sea yo la persona adecuada para dar consejos sobre estas cosas, pues ni tan siquiera yo sé cómo he llegado a este grado de bienestar psíquico. O quizás sí lo sé. A veces, cuando te desprendes de las personas que crean negatividad a tu alrededor, un halo de confianza comienza a sembrarse en el interior de uno mismo. Hay personas que hacen mal. O mejor dicho, hay personas que son el mal y que sin darte cuenta, van menguando tu cabeza hasta casi hacerla estallar. Y ya saben, amigos, que la mía no es muy difícil detonarla.
Recientemente me he sentido agobiada y acorralada, en un callejón sin salida, donde yo tenía que fabricar un pasaje oculto no para huir, sino para invitar a marcharse por ahí a quien deliberadamente busca hacerte daño. Y después se tapia. De ahí ya no sales.
Y así, desarrollando el poder de deshacerte de las energías negativas que perjudican seriamente tu salud, la calidad de vida aumenta. No es que la vida de uno dependa de alguien con intenciones oscuras, pero sí puede ser un tropiezo incómodo en el camino.
Así que yo lo tengo claro, hay decisiones que ya no tienen vuelta de hoja y parece que el sol brilla mejor últimamente.
La canción de hoy es "Live And Let Die" del insuperable, único y maravilloso Paul McCartney, escrita para la octava película de James Bond del mismo nombre que la canción. Toda una obra maestra y que sin duda le va como anillo al dedo a mi post de hoy.
"When you were young
and your heart was an open book
You used to say live and let live
you know you did
But if this ever changin
in which we live in
Makes you give in and cry
Say live and let die"
and your heart was an open book
You used to say live and let live
you know you did
But if this ever changin
in which we live in
Makes you give in and cry
Say live and let die"
lunes, 25 de enero de 2016
BULLYING, ESA RARA ENFERMEDAD
Me despierto esta mañana con una de esas noticias que te dejan destripada: Un hombre de 30 años agrede a una mujer de 18 y lanza a su hija de año y medio por el balcón.
Como he dicho, destripada me he quedado y así me hallo aún. Aun así, no me sorprende en absoluto, cómo va a sorprenderme en un país donde -dejando a un lado la (in)justicia-, se hace caso omiso al "acoso infantil" y se plantea en la televisión como un niño con algún tipo de enfermedad rara. En serio, fijaos cuando dan una noticia de ese tipo, pues siempre se le da un enfoque irreal. Como si eso quedara lejano a nosotros o a esta sociedad. Bullying le llaman. Esa es la rara enfermedad que padecen cientos de niños (por no decir miles), cada día, en cada colegio de cada pueblo, de cada barrio, de cada ciudad, de cada comunidad autónoma, de este país. De nuestro país. Bullying, por no llamarle maltrato. Porque es MALTRATO señores, un maltrato bien sea físico o verbal, pero es maltrato. Ni siquiera acoso. Maltrato. ¿Por qué no comenzamos a llamar las cosas por su nombre?
No soy psicóloga, pero sí he sido niña y por suerte no he sufrido ningún tipo de maltrato, aunque por mi carácter sí he discutido mucho. Ya desde que era una pueril estudiante. Y aunque parezca que no, ahora con 24 años yo recuerdo esas discusiones, a veces provocadas por mí, que no han tenido mayor importancia, pero se recuerda, porque cuando uno está en la infancia el cerebro está tierno y toda la información que recibas en él, queda grabada a fuego. Entonces me pongo en la piel de esos niños y niñas que día tras día van a un sitio donde se supone se reparte cultura, datos y educación y tiene que soportar, sin saber muy bien cómo, las bofetadas físicas y/o psicológicas de quien tiene vía libre y consentimiento total y absoluto de la sociedad para menospreciar y manchar unos años que deben ser despreocupados y felices. Ningún niño debe pasar por eso. Ninguno. ¿Cómo son las secuelas que deja eso el resto de la vida, si lo primero que has conocido ha sido seres llenos de maldad disfrutando con el sufrimiento de otro? ¿Podrás confiar en alguien al paso del tiempo? Yo apostaría a que no. Eso sí, si llegas a adulto y no te quitas la vida antes con apenas 11 años.
Oye, profesores, ¿hacia dónde estáis mirando? Lo tenéis en vuestras clases día tras día, yo lo he visto en la mía infinidad de veces y en aquel momento me callé. Si fuese hoy en día y veo a un sólo niño torturar a otro en mi cara, gritaría hasta quedarme sin voz. Por favor, que se os deje de llenar la boca inculcando falsos valores de adultos a niños que necesitan que les eduquen aquí y ahora. No pueden decirle a ese muchacho de 10 años que maltratar a la mujer está mal, mientras hacen caso omiso a que cada día le haga la zancadilla a su compañera de pupitre. Ese niño, sabemos qué será, sabemos en qué se convertirá, si no se hace nada, el destino suele estar bastante marcado desde pequeño. Yo adiviné el futuro de algunos compañeros. Se veía venir. Y si se ve venir, ¿por qué no se intenta frenar o al menos paliar cuando todavía se está a tiempo? No creo que sea mejor meter en la cárcel a un hombre de 30 años que arroja por la ventana a un bebé y sacarlo a los cinco años por buen comportamiento, pues con 30 uno ya no se reforma, en ese momento es conveniente un buen castigo; la reforma sólo es posible con 10 años para que no se llegue así a los 30. ¿Comprenden? La justicia de este país está enfocada para enderezar el comportamiento de aquellos que han obrado mal, en lugar de castigarles, sin saber que cuando cometen algo verdaderamente atroz es porque ya no hay enderezo posible. Hubiese estado mucho mejor que un par de décadas atrás alguien hubiera agarrado el toro por los cuernos y tras escuchar con atención a aquel pequeño que sufría maltrato en manos de otro o de otros, hubiese involucrado su paciencia y sus conocimientos educativos para evitar que alguien más sufra en manos de adultos que en su día, también fueron niños.
La canción de hoy es "De Cine" de un grupo que me fascina y además valenciano, La Habitación Roja. Un muy buen tema.
"Me han robado el futuro, yo les odio y ellos no pueden soportarnos."
jueves, 14 de enero de 2016
BEBÉ A BORDO.
Me río, me río y me vuelvo a reír mil veces más ante la expectación creada alrededor de un ser humano recién llegado al mundo, cuya madre ha decidido llevárselo al trabajo. Nosotras, las mujeres, víctimas de un machismo mayúsculo que se intenta ocultar a diario en los medios de comunicación, donde nos dibujan vulnerables, no aceptamos, ni consentimos que una madre se lleve a su cachorro donde le salga de las narices.
Me sorprende abiertamente que un hombre que jamás va a llevar dentro 9 meses el comienzo de la vida, que jamás va a parir y jamás podrá alimentar de cuerpo a cuerpo a un ser vivo, se crea con el total libertinaje de decir si está bien o está mal que una madre lleve consigo lo que tanto le ha costado tener. Pero si hay algo que aún me asombra mucho más, es ver a personas de mi mismo sexo criticar esta acción. Nosotras, que somos las que nos llevamos la peor parte de tener un hijo, tanto en lo físico, como en lo psicológico y lo laboral; lamentablemente en las dos primeras la naturaleza no repartió igualdad entre hombres y mujeres, pero resulta que en la tercera, la sociedad (ese conjunto de seres humanos dominados por quién sabe qué), tampoco.
¿Traer un ser humano al mundo no es lo más natural que puede haber precisamente en el mundo? ¿Y qué tiene que hacer una madre para poder serlo? ¿Consentir que la despidan del trabajo? ¿Dejar a su hijo al cuidado de otro a los 4 meses? ¿Ver cómo crece en pijama?
Compaginar la vida laboral con la maternidad, tiene que ser una ardua tarea, de esas que sólo quienes la viven lo sabe. Admiro a toda aquella fémina que sabe cómo organizarse, espero tomar ejemplo cuando llegue mi momento, pero espero que para ese día algo haya cambiado. Ir con tu hijo a cuestas, cuando apenas es un bebé indefenso debería ser lo normal, porque a fin de cuentas ser madre también es un trabajo. Sólo quien lo ha estado alimentando los 4 primeros meses directamente de su pecho, sabe a las horas que come, sabe cuándo llora por hambre o por cualquier otra cosa, sabe cómo darle golpecitos para hacerlo eructar... por muchos sacaleches que existan en el mundo. ¿Dejar en manos de un desconocido a una criatura de 5 meses a la que le has dado la vida? Pongámonos en el caso de que no tengas unos padres disponibles que puedan atender al niño... ¿En serio alguien es capaz de descuidar algo tan suyo como si de un Nenuco se tratara? Y sí, es cierto que es algo que habréis hecho muchas madres, que no queda otro remedio diréis, pero claro que lo hay, lo que ocurre que el machismo de quienes nos gobiernan no cree que esto sea interesante debatirlo en un congreso y prefieren dedicarse a desprestigiar a quien, por descontado tendrá dinero para pagar una persona que cuide de su hijo, pero como es suyo decide llevárselo donde le de la real gana. Porque la madre necesita a su niño, pero el niño necesita mucho más a su madre y no se es madre para abandonar a tu criatura porque un mundo descontrolado por el dinero gracias a un pueblo esclavo de éste, te obligue a hacerlo. Y que a pesar de todo, el propio pueblo, y sobre todo las propias mujeres que han sufrido, sufren o sufrirán en sus carnes el machismo alrededor de la maternidad, critiquen a una persona por llevar a otra persona a su lugar de trabajo. Lamentable espectáculo humano estamos dando. Y cierto es que todos los trabajos no tienen el privilegio de tener una silla calentita y preparada para este tipo de cosas, pero para eso deberían estar los gobiernos, para buscar soluciones y no más problemas, ante una situación que realmente discrimina en todos los aspectos a lo que se empeñan en convertir en el "sexo débil", y sólo consiguen hacer sentir vulnerable a esa madre que tiene que elegir entre su hijo o su trabajo, y el uno sin el otro no son compatibles. Soluciones, para eso estáis ahí, no más problemas de los que ya tenemos. Dejad de hacer leña del árbol caído.
Así que yo soy de esas que apoya a mi tocaya Carolina Bescansa, por este acto reivindicativo, por no importarle las críticas y porque cada uno con lo suyo, hace lo que le viene en gana (o deberían dejar hacer lo que le viene en gana).
Hoy el tema es "A quién le importa" de la gran Alaska. Con esta filosofía hay que tomarse la vida. El himno, por excelencia.
https://www.youtube.com/watch?v=OnQeexb8bB8
"La envidia les corroe, mi vida les agobia."
Me sorprende abiertamente que un hombre que jamás va a llevar dentro 9 meses el comienzo de la vida, que jamás va a parir y jamás podrá alimentar de cuerpo a cuerpo a un ser vivo, se crea con el total libertinaje de decir si está bien o está mal que una madre lleve consigo lo que tanto le ha costado tener. Pero si hay algo que aún me asombra mucho más, es ver a personas de mi mismo sexo criticar esta acción. Nosotras, que somos las que nos llevamos la peor parte de tener un hijo, tanto en lo físico, como en lo psicológico y lo laboral; lamentablemente en las dos primeras la naturaleza no repartió igualdad entre hombres y mujeres, pero resulta que en la tercera, la sociedad (ese conjunto de seres humanos dominados por quién sabe qué), tampoco.
¿Traer un ser humano al mundo no es lo más natural que puede haber precisamente en el mundo? ¿Y qué tiene que hacer una madre para poder serlo? ¿Consentir que la despidan del trabajo? ¿Dejar a su hijo al cuidado de otro a los 4 meses? ¿Ver cómo crece en pijama?
Compaginar la vida laboral con la maternidad, tiene que ser una ardua tarea, de esas que sólo quienes la viven lo sabe. Admiro a toda aquella fémina que sabe cómo organizarse, espero tomar ejemplo cuando llegue mi momento, pero espero que para ese día algo haya cambiado. Ir con tu hijo a cuestas, cuando apenas es un bebé indefenso debería ser lo normal, porque a fin de cuentas ser madre también es un trabajo. Sólo quien lo ha estado alimentando los 4 primeros meses directamente de su pecho, sabe a las horas que come, sabe cuándo llora por hambre o por cualquier otra cosa, sabe cómo darle golpecitos para hacerlo eructar... por muchos sacaleches que existan en el mundo. ¿Dejar en manos de un desconocido a una criatura de 5 meses a la que le has dado la vida? Pongámonos en el caso de que no tengas unos padres disponibles que puedan atender al niño... ¿En serio alguien es capaz de descuidar algo tan suyo como si de un Nenuco se tratara? Y sí, es cierto que es algo que habréis hecho muchas madres, que no queda otro remedio diréis, pero claro que lo hay, lo que ocurre que el machismo de quienes nos gobiernan no cree que esto sea interesante debatirlo en un congreso y prefieren dedicarse a desprestigiar a quien, por descontado tendrá dinero para pagar una persona que cuide de su hijo, pero como es suyo decide llevárselo donde le de la real gana. Porque la madre necesita a su niño, pero el niño necesita mucho más a su madre y no se es madre para abandonar a tu criatura porque un mundo descontrolado por el dinero gracias a un pueblo esclavo de éste, te obligue a hacerlo. Y que a pesar de todo, el propio pueblo, y sobre todo las propias mujeres que han sufrido, sufren o sufrirán en sus carnes el machismo alrededor de la maternidad, critiquen a una persona por llevar a otra persona a su lugar de trabajo. Lamentable espectáculo humano estamos dando. Y cierto es que todos los trabajos no tienen el privilegio de tener una silla calentita y preparada para este tipo de cosas, pero para eso deberían estar los gobiernos, para buscar soluciones y no más problemas, ante una situación que realmente discrimina en todos los aspectos a lo que se empeñan en convertir en el "sexo débil", y sólo consiguen hacer sentir vulnerable a esa madre que tiene que elegir entre su hijo o su trabajo, y el uno sin el otro no son compatibles. Soluciones, para eso estáis ahí, no más problemas de los que ya tenemos. Dejad de hacer leña del árbol caído.
Así que yo soy de esas que apoya a mi tocaya Carolina Bescansa, por este acto reivindicativo, por no importarle las críticas y porque cada uno con lo suyo, hace lo que le viene en gana (o deberían dejar hacer lo que le viene en gana).
Hoy el tema es "A quién le importa" de la gran Alaska. Con esta filosofía hay que tomarse la vida. El himno, por excelencia.
https://www.youtube.com/watch?v=OnQeexb8bB8
"La envidia les corroe, mi vida les agobia."
domingo, 10 de enero de 2016
INTROSPECCIÓN
Sentí...
Rabia
Sueño
Pesadillas
Vuelco
Espera
Ansiedad
Lágrimas
Miedo
Traición
Pánico
Rabia
Tristeza
Mareo
Turbulencias
Apetito
Desgana
Gula
Arrojo
Despojo
Preguntas
Negación
Interrogantes
No sentí...
Nada que no haya sentido nadie antes. Nuevas sensaciones. Sobreviví. Sobrevivo. Por mí misma. Calma. Me pellizqué. Vivía. Vivo. De otro modo no hubiera sentido rabia, sueño, pesadillas, vuelco, espera, ansiedad, lágrimas, miedo, traición, pánico, rabia, tristeza, mareo, turbulencias, apetito, desgana, gula, arrojo, despojo, preguntas, negación e interrogantes. El orden de los factores sí alteraría el producto. Dejo que mi espíritu vuele, que piense. No hay necesidad de ayudas externas, sólo interna, la propia. Nada que no haya sentido nadie antes. Debo empezar a comprender, por qué el mundo está tan loco.
Urge Overkill - Girl You'll Be A Woman Soon/Pulp Fiction
"Don't you know girl, you'll be a woman soon?"
Rabia
Sueño
Pesadillas
Vuelco
Espera
Ansiedad
Lágrimas
Miedo
Traición
Pánico
Rabia
Tristeza
Mareo
Turbulencias
Apetito
Desgana
Gula
Arrojo
Despojo
Preguntas
Negación
Interrogantes
No sentí...
Nada que no haya sentido nadie antes. Nuevas sensaciones. Sobreviví. Sobrevivo. Por mí misma. Calma. Me pellizqué. Vivía. Vivo. De otro modo no hubiera sentido rabia, sueño, pesadillas, vuelco, espera, ansiedad, lágrimas, miedo, traición, pánico, rabia, tristeza, mareo, turbulencias, apetito, desgana, gula, arrojo, despojo, preguntas, negación e interrogantes. El orden de los factores sí alteraría el producto. Dejo que mi espíritu vuele, que piense. No hay necesidad de ayudas externas, sólo interna, la propia. Nada que no haya sentido nadie antes. Debo empezar a comprender, por qué el mundo está tan loco.
Urge Overkill - Girl You'll Be A Woman Soon/Pulp Fiction
https://www.youtube.com/watch?v=JAHA4Jh5jkw
"Don't you know girl, you'll be a woman soon?"
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miércoles, 6 de enero de 2016
HASTA QUE SE EXTINGA LA FE.
Qué especial es el día 5 de enero, y ya no lo digo porque en mi casa por tradición y atavismo, los regalos se den esa noche, ni siquiera es por los regalos en sí; es simplemente un día bonito, con una tarde maravillosa y una noche preciosa. Y siento mucho si alguien discrepa, pero tengo la total convicción de que no existe algo tan mágico en todo el año.
Veo a los niños, con esa cara de ilusión, de alegría, cuando los Reyes Magos de Oriente llegan a la ciudad. Pequeños, contentos, llenos de ganas y de vida. Pasa tan rápido ese periodo de credulidad, de inocencia programada pero inolvidable al paso de los años. Me confieso una nostálgica total y absoluta de mi infancia en el 5 de enero. Creo que en el fondo nunca superaré el haber crecido, cuando llega "el día", y observo la expresión de la niñez mientras me visualizo a mí, muchos años atrás, nerviosa, inquieta, con un nudo en el estómago, como cuando vas al encuentro con el amor, como ese cosquilleo en el fondo de tu vientre y ese corazón que parece salirse por la boca. Sí, el corazón casi se salía por la boca. Y entonces se hacían las 00.00 y unos golpes sonaban en el balcón de mi casa, anunciando que la parada por mi hogar de Melchor, Gaspar y Baltasar, ya había llegado.
Y entonces con total rapidez salía y ya no veía nada más. Sólo regalos. Jamás en exceso. Pero nunca faltaban, año tras año. Impresionante. Aún hoy me impresiono de ver cómo mis incondicionales padres, junto a mis queridos hermanos, se organizaban de tal forma que jamás descubrí nada, nunca sospeché que algo se escondía y en la vida me mantuvieron dormida para organizar los paquetes y no ser descubiertos. Simplemente me entretenían unos, mientras otros colocaban todo y tampoco era muy difícil de entretener, por lo que se ve. Hay cosas que no cambian.
Así que creo que los padres sobre todo, merecen una oda. Por su dedicación, porque a pesar de ser tiempos asqueosamente pesimistas en muchas casas, ningún padre, ni madre deja a su hijo sin un regalo como mínimo. Porque no hace falta gastar en exceso, de hecho puede ser hasta beneficioso en la educación, aprovechar este día para enseñarles a los niños que menos, es más. Pero no pueden hacer sentir culpables a ningunos padres, por darles a sus hijos todo cuanto les apetece, desde una posición es evidente que afortunada, por poderles ofrecer la ilusión de ese día e intentar con sudor y sangre, que jamás la pierdan.
Odio este mundo fabricado sobre los cimientos del consumo desmesurado, que también nos consume a nosotros mismos. Pero no creo que debiera ir asociada una cosa con la otra. El mejor recuerdo de mi niñez, esa que ya no se puede cambiar, esa desde la que partió mi vida para ser la que soy, es la Noche de Reyes y ojalá para todos y cada uno de los niños, al menos de este país que ahora mismo se sostiene de un hilo y donde es tradición esto, también lo sea en un futuro. Cuando tengan 24 años y recuerden esas madrugadas del 5 de enero acostándose tarde con los juguetes que tanto llenan de felicidad, o en la mayoría de los casos, despertando el 6 de enero con el ansia de abrir sus envoltorios. Porque son juguetes, no es más lo que un niño pide. Y todos los pequeños merecen juguetes. Nunca en exceso, que no se nos olvide. Pero siempre juguetes.
Dejemos de politizar, de especular, de rumorear acerca de algo que es en base a los niños. Dejemos de mentirles, como se ha hecho en Valencia, diciéndoles que no iban a ser Reyes, sino Reinas o que San José no estaría en la Cabalgata (lo que quiere decir que Jesús, saldría sin padrastro.) Dejemos de convertirles SU fiesta en NUESTRAS diferencias como ciudadanos, que ya tendrán tiempo de perder la fe y ver cómo está el mundo y por qué no nos ponemos de acuerdo. Ahora deben disfrutar, es su hora, es su día.
Cuando yo sea mamá, haré de ese día el día más fantástico en la vida de mi hijo. Y no por los regalos solamente, pues creo que hacer girar algo tan especial, en torno al materialismo no ayuda en absoluto; tampoco le hablaré de biblias o religiones, aunque yo sí sea creyente, ya tendrá vida por delante para enterarse quiénes fueron Los Reyes y quiénes son en la actualidad, pero en su infancia no involucraré nada más que sus ganas. Simplemente le haré temblar de emoción, le haré creer hasta que ya no crea en nada de este mundo. Como mis padres y hermanos hicieron conmigo. Como revivo cada 5 de enero. Con toda la fantasía en mi corazón.
Veo a los niños, con esa cara de ilusión, de alegría, cuando los Reyes Magos de Oriente llegan a la ciudad. Pequeños, contentos, llenos de ganas y de vida. Pasa tan rápido ese periodo de credulidad, de inocencia programada pero inolvidable al paso de los años. Me confieso una nostálgica total y absoluta de mi infancia en el 5 de enero. Creo que en el fondo nunca superaré el haber crecido, cuando llega "el día", y observo la expresión de la niñez mientras me visualizo a mí, muchos años atrás, nerviosa, inquieta, con un nudo en el estómago, como cuando vas al encuentro con el amor, como ese cosquilleo en el fondo de tu vientre y ese corazón que parece salirse por la boca. Sí, el corazón casi se salía por la boca. Y entonces se hacían las 00.00 y unos golpes sonaban en el balcón de mi casa, anunciando que la parada por mi hogar de Melchor, Gaspar y Baltasar, ya había llegado.
Y entonces con total rapidez salía y ya no veía nada más. Sólo regalos. Jamás en exceso. Pero nunca faltaban, año tras año. Impresionante. Aún hoy me impresiono de ver cómo mis incondicionales padres, junto a mis queridos hermanos, se organizaban de tal forma que jamás descubrí nada, nunca sospeché que algo se escondía y en la vida me mantuvieron dormida para organizar los paquetes y no ser descubiertos. Simplemente me entretenían unos, mientras otros colocaban todo y tampoco era muy difícil de entretener, por lo que se ve. Hay cosas que no cambian.
Así que creo que los padres sobre todo, merecen una oda. Por su dedicación, porque a pesar de ser tiempos asqueosamente pesimistas en muchas casas, ningún padre, ni madre deja a su hijo sin un regalo como mínimo. Porque no hace falta gastar en exceso, de hecho puede ser hasta beneficioso en la educación, aprovechar este día para enseñarles a los niños que menos, es más. Pero no pueden hacer sentir culpables a ningunos padres, por darles a sus hijos todo cuanto les apetece, desde una posición es evidente que afortunada, por poderles ofrecer la ilusión de ese día e intentar con sudor y sangre, que jamás la pierdan.
Odio este mundo fabricado sobre los cimientos del consumo desmesurado, que también nos consume a nosotros mismos. Pero no creo que debiera ir asociada una cosa con la otra. El mejor recuerdo de mi niñez, esa que ya no se puede cambiar, esa desde la que partió mi vida para ser la que soy, es la Noche de Reyes y ojalá para todos y cada uno de los niños, al menos de este país que ahora mismo se sostiene de un hilo y donde es tradición esto, también lo sea en un futuro. Cuando tengan 24 años y recuerden esas madrugadas del 5 de enero acostándose tarde con los juguetes que tanto llenan de felicidad, o en la mayoría de los casos, despertando el 6 de enero con el ansia de abrir sus envoltorios. Porque son juguetes, no es más lo que un niño pide. Y todos los pequeños merecen juguetes. Nunca en exceso, que no se nos olvide. Pero siempre juguetes.
Dejemos de politizar, de especular, de rumorear acerca de algo que es en base a los niños. Dejemos de mentirles, como se ha hecho en Valencia, diciéndoles que no iban a ser Reyes, sino Reinas o que San José no estaría en la Cabalgata (lo que quiere decir que Jesús, saldría sin padrastro.) Dejemos de convertirles SU fiesta en NUESTRAS diferencias como ciudadanos, que ya tendrán tiempo de perder la fe y ver cómo está el mundo y por qué no nos ponemos de acuerdo. Ahora deben disfrutar, es su hora, es su día.
Cuando yo sea mamá, haré de ese día el día más fantástico en la vida de mi hijo. Y no por los regalos solamente, pues creo que hacer girar algo tan especial, en torno al materialismo no ayuda en absoluto; tampoco le hablaré de biblias o religiones, aunque yo sí sea creyente, ya tendrá vida por delante para enterarse quiénes fueron Los Reyes y quiénes son en la actualidad, pero en su infancia no involucraré nada más que sus ganas. Simplemente le haré temblar de emoción, le haré creer hasta que ya no crea en nada de este mundo. Como mis padres y hermanos hicieron conmigo. Como revivo cada 5 de enero. Con toda la fantasía en mi corazón.
El clásico "Moonlight Shadow" es la canción que he escogido para hoy de Mike Oldfield junto a la dulce voz de Maggie Reilly. Es una de mis canciones favoritas y puede que le vaya bien al día.
https://www.youtube.com/watch?v=e80qhyovOnA
"Lost in a riddle that Saturday night"
lunes, 4 de enero de 2016
PAROLE.
Dicen y dicen y dicen, las personas sólo parecemos ser palabras, cuando las palabras no son mucho más que las personas. Malgastamos letras, versos, vasos, besos... para todo en concreto, para nada en general. Si cierras los ojos verás la atmósfera mucho más espesa de lo que parece con estos abiertos, cuando vemos lo de enfrente sin notar la espesez de la niebla que nos acompaña, como si de un paisaje cualquiera en lo alto de una montaña nosotros fuéramos. Si imaginas sin mirar cómo es el universo, sabrás que eres más que palabras, pero las palabras no son mucho más que tú. Si nos reinventamos cada día, también podemos inventarnos nuestro propio idioma, el que se construye cuando ni miras, ni ves, sólo sientes. ¿Qué sientes? Un motor arrancando cada medio segundo, saludándote desde dentro. Escúchalo, hazle el favor, te lo está pidiendo a golpe de sangre. Que no es lo que dices, ni lo que ves, que es lo que te hace decir y lo que te hace ver. Llega a tu meta, a la meta de vivir como si fueses un cigarrillo que se consume rápido y fácil, pero a la vez como ese ser vivo que nunca llega a los mil años, aunque piense que quizás sí. Dicen, dicen, dicen.
Cierra los ojos, que eres más que palabras y la atmósfera muy espesa para pensar que el universo que ahí fuera no te espera, es mejor que ese motor que arranca cada medio segundo saludándote para que no olvides jamás que estás vitalmente activo y activamente vital.
Hoy la canción es "Palabras más, palabras menos" de los magníficos Rodríguez, con Andrés Calamaro a la cabeza.
Me gusta este tema.
https://www.youtube.com/watch?v=x8qwWlJYkZE
"Palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento. Palabras que se lleva el viento. Palabras menos, palabras más."
Cierra los ojos, que eres más que palabras y la atmósfera muy espesa para pensar que el universo que ahí fuera no te espera, es mejor que ese motor que arranca cada medio segundo saludándote para que no olvides jamás que estás vitalmente activo y activamente vital.
Hoy la canción es "Palabras más, palabras menos" de los magníficos Rodríguez, con Andrés Calamaro a la cabeza.
Me gusta este tema.
https://www.youtube.com/watch?v=x8qwWlJYkZE
"Palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento. Palabras que se lleva el viento. Palabras menos, palabras más."
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