https://twitter.com/carolcarol91

viernes, 4 de mayo de 2018

LA MIERDA NO SONRÍE.

Hoy es el día en que me paro a pensar en una metáfora curiosa de una situación que me sucedió ayer. 
Sí, ayer, un jueves común en mi vida, un día que transcurría tranquilo sin incidencias, hasta que de repente siento algo frío y pastoso en mi cabeza; efectivamente, se me habían hecho popó en el pelo. Cuando miré hacia arriba, una altanera y orgullosa paloma mostraba desde una rama de árbol sus partes más íntimas a, en ese momento, el indefenso ser humano que era yo. Como es evidente, maldije todo lo que tenía cerca, incluida el ave que, por cosas de la vida, con todo el espacio y el tiempo que hay en este universo, tuvo que hacer sus necesidades sobre mí. 
Pasado el mal trago, fui a limpiarme y pensé que ahí había terminado la cosa, pero no, no contenta con haber provocado las risas del resto una vez, sí señores, llegó la segunda. Esta vez fue más generosa y lo hizo sobre mi chaqueta vaquera, porque sabe que el pelo fastidia más. Yo no entendía nada, ya evitaba mirar hacia arriba porque pensaba que la siguiente sería en mi ojo, así que limpié mi chaqueta y me marché, riéndome aunque mosqueada y de este momento surgió un pensamiento. 

Desde luego en esta vida, no es lo mismo chafar una mierda a que te caguen encima. Curiosamente en apenas dos semanas me han pasado ambas cosas y no sabría decir qué es más repulsivo. Literalmente, diría que la primera, por el olor, pero metafóricamente es evidente que es peor la segunda. Aunque la segunda daña más el orgullo tanto literal, como metafóricamente. El caso es que la vida está llena de gente que es una auténtica porquería, no vamos a ser diplomáticos ni vamos a engañarnos, eso es una verdad como un templo. Esas personas que apestan de lejos, jamás dudarían en soltar todas sus heces sobre ti y sobre quien hiciese falta para conseguir sus propósitos, por eso a veces pensamos que lo mejor es aplastarlos antes de que crezca tanto su orgullo, que terminen creyendo que son más que tú. Pero no, en realidad chafando a ese tipo de gente, lo único que consigues es llevarte su mierda detrás y acabar oliendo casi tanto o más que ellos. 
No hay más ejemplo que una paloma; ellas, sólo por el hecho de poder volar, creen que tienen potestad para hacer de ti lo que quieran, mientras nosotros los humanos, sólo podemos admirar esa libertad de ir de aquí para allá aleteando. Es curioso y triste, pero hay muchas personas comparables a una paloma. Mientras tú les admiras, ellos te miran con una superioridad moral de la que sólo puedes esperar  ver cómo un día se la comerán con patatas. Puede que sea también cuestión de educación, porque el boñigo que chafes en el suelo no será culpa del noble perro, sino de su repugnante dueño. Todo en esta vida cambia y retorna. Por favor, deja tu mierda en el váter. Gracias. 





Amor de anticuario - Sofía Ellar

https://www.youtube.com/watch?v=u1RlkxbfoZs

"Y sentada en el salón olvidé que sólo soy una especie en extinción".

viernes, 20 de abril de 2018

COLOREA A COLOR.

¿Y si en realidad morir es enterarse de todo sin poderlo expresar?

Aprendemos a leer, aprendemos a escribir, nos aprendemos las tablas, a sumar, a restar, el abecedario...
Aprendemos a atarnos los zapatos y un poquito también, a atarnos a alguien.
Aprendemos a aceptarnos, aunque no a valorarnos.
Aprendemos a soñar (¿o eso viene de "fábrica"?) y también a caminar.
Aprendemos a comunicarnos con una lengua materna y aprendemos gestos cotidianos cuyo significado es completamente entendible, para ahorrarnos palabras; por ejemplo "decir" adiós con la mano en lugar de con la boca. Sí, gestos de esos que te paras un segundo a observar y piensas: ¿Quién narices inventaría esto? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? 

Aprendemos millones infinitas de cosas (¿es eso posible?) a lo largo de un ciclo, que corto o extendido en el tiempo, nos da para hacer al menos una de esas peripecias que he comentado antes. Qué intensidad de vida.
Luego, cada uno decide qué camino tomar, pero lo básico es igual para todo humano que se precie, aunque comprendo que siempre habrá algún pez de esos que nadan a contracorriente y se ate los cordones haciendo nudos marineros. Pero antes de eso, habrá aprendido a atarlos de una manera lógica y normal.
Porque antes de hacer cosas excepcionales, debemos saber hacer cosas normales y es entonces cuando esas cosas normales debemos hacerlas excepcionales. No sé si me entiende alguien, yo por lo menos sí lo hago, que ya es suficiente.

Esas cosas que nos incomoda hacer como el resto, en realidad no estamos haciéndolas como el resto. ¿Me estáis diciendo que toda persona camina de la misma manera? Pues no. Y menos mal, porque hay quien no sabe que se camina por la derecha y que cuando llueve y estás andando por tu izquierda bajo un balcón para no mojarte, debes cederle el paso a quien sí está caminando correctamente. Pero eso en realidad, puede ser más un problema de educación.

Yo una vez hice algo excepcional, o eso creí. Una vez le ofrecí vida a un dormitorio y puse una flor en él, ¡flores frescas en una habitación! Vale, ahora decid que no es excepcional, pero para mí sí lo fue, pues darle vida a una habitación se la puede dar de muchas maneras, pero con flores es mucho mejor. Olía a primavera aquel invierno. Y ahora, cada vez que paso por debajo de la ventana de aquella habitación pienso en flores, en las mil flores que alumbraron como el sol algunos días bonitos, y pienso en pétalos, porque las flores también pueden deshojarse y dejar de ser flores, para ser pétalos repartidos, dejando su esencia esparcida generosamente.
¡Pon una flor en tu vida!
¡Y haz algo fuera de lo común, algo que seas capaz de recordar toda la vida! 
¡Algo de lo que estés orgulloso y que te recuerden por ello, aunque sólo sea una sola persona en el planeta!

Hazlo mientras estés vivo, porque un día morirás, y por dentro quizás sientas que quieres hacerlo, pero tu cuerpo ya no responderá.

Porque... ¿Y si en realidad morir es enterarse de todo sin poderlo expresar?






Entender el amor - Mónica Naranjo

https://youtu.be/6rV1K0qw3Mk

Sal de ti mismo, explora el abismo
que al fondo se enciende una luz.



viernes, 9 de marzo de 2018

NO QUIERO SER LIBRE, LO SOY (pero tú no me dejas).

Comenzaré desde el principio, desde que tengo uso de razón. Recuerdos de recreos, una pelota y prácticamente todo el patio invadido. Si querías cruzar para ir al baño, posiblemente te llevaras un balonazo. Tú no podías jugar, no sabías, eras sólo una niña que no tenía ni idea de darle patadas a un balón, tú tenías que dedicarte en el rinconcito que te prestaban, a peinar a tus Bratz o tus Barbies, a hacer pulseras de goma y a intercambiar pegatinas. La pelota era cosa de niños y alguna niña que se escapaba, de esas que decían: "juega como un tío". 

Yo entonces aún no lo veía.



Mi vida seguía avanzando, ya no era tan pequeña, y ya una se sonrojaba ante ciertas situaciones. Tenías un amigo, y los adultos te lo encasquetaban como novio. ¿Por qué? ¿Con 10 años una niña ya tiene marcado su destino? Cuántas veces he tenido que repetir que eran mis amigos mientras me avergonzaba teniendo que dar la explicación. Si en esos años en que se comienza a aclarar la sexualidad de una persona me hubiesen gustado las chicas, ¿qué clase de frustración y complejo hubiese tenido con tan corta edad? Un trauma que muchas habrán sufrido. 

Yo entonces aún no lo veía.



Los años continúan pasando y ya te plantas en la adolescencia, cuando te apetece comenzar a vestirte acorde a lo que crees que es tu personalidad; te gusta llevar minifalda, tops y gustar. Sí, ahí está el problema, a esa edad no nos vestimos por nosotras, ni tan siquiera nos agradamos al mirarnos al espejo, sólo nos vestimos así para ser elegidas, para que ese chico o aquel otro se fije en nosotras. Triste realidad que sigue sucediendo. No se nos inculcó que también nosotras podemos elegir.

Yo entonces aún no lo veía.



Dejas atrás la adolescencia y llegas a la mayoría de edad. Ahí te agrada más lo que ves en el espejo, tomas algo de consciencia del mundo que te rodea, te sientes más libre de hacer lo que quieras; experimentas, caes, te levantas y al final sólo resuena: "bájate la falda", "vas muy corta", "esta es una zorra", "la culpa siempre es tuya". Y entonces tu lado rebelde comienza a despertar, suavemente eso sí, pero comienza a despertar.


Yo ahí ya empezaba a ver que algo no funcionaba. 




Llegas a los veintipocos, un paso más hacia la madurez. Años de cambios personales, años de cambios mentales brutales. Te interesa lo que lees. Ya no estás tan salvajemente ciega, ahora estás asalvajada y te encanta. Miras alrededor y ves en generaciones por debajo de ti lo que has estado viviendo y lo que estás viviendo aún. Estás en formación y lo que antes te parecía un piropo, ahora te molesta. Ya no te agrada que te increpen por la calle para decirte aunque sea un "guapa", crees que eso no es normal, aunque no estás segura del todo. No comprendes por qué tienes que tener miedo de volver sola a casa, por qué tus padres sufren más por ti que por tu hermano, por qué tragas saliva cuando pasas por debajo de una obra o por qué siempre pone "se requiera chica" en las ofertas de limpieza. 

Yo ahí estaba a punto de resolver esos y tantos otros por qués.




Y los 25 llegan a tu vida. Has espabilado pero bien, porque has comprendido que es o eso o te comen con patatas. Ya no te callas, porque lo que antes era normal, luego pasó a no estar tan claro y ahora es un VETE A LA MIERDA directo y alto. Sí, albañil, mi mirada te lo ha dicho todo, no se te ocurra pasarte de la raya. Sí, tú, el del coche que me está gritando en el paso de cebra, a lo mejor te gusta mi dedo corazón. O este otro, el que se restriega en la discoteca sin consentimiento alguno, después del empujón puede venir una hostia, de esas que a algunos tanto os gusta darnos a nosotras. 
Que todo esto no lo digo por hacerme la valiente, ni la chula, ni la guay. Que no estoy dispuesta a tolerar ni una falta de respeto y esas personas obtendrán el mismo respeto que manifiesten hacia mi persona, con la diferencia que yo los trato así independientemente de su sexo y ellos a mí no. Porque el problema sigue siendo el cuerpo de la mujer, creen que es más débil y sólo sirve para cuando ellos quieren que sirva. Enseña una teta cuando te digan que la tienes que enseñar o tápate, porque aquí no. Azafatas sujetando paraguas en minifalda en eventos donde los hombres ganan trofeos; Cristina Pedroche desnuda bajo un suculento cheque y a su lado Alberto Chicote tapado hasta las cejas. Pero eso, los hipócritas lo defienden, lo ven bien, para poder babear delante de la tele y cascarse una buena paja a costa del machismo, del que ellos hacen apología. Ah, pero luego Instagram censura mis pezones, luego tengo que taparme para dar de mamar a un bebé y sí, te juzgan por tu manera de vestir si no eres la Pedroche o una azafata, si no estás en la tele para regocijarse en su semen. Que estamos hartas de que desde pequeña nos impongan el camino, que no ha sido fácil llegar hasta aquí y vamos a seguir luchando hasta que no nos queden fuerzas y quien quiera unirse bienvenido será, y  quien no, puede seguir echando piedras sobre este poder que cada vez es más grande y no tiene vuelta atrás.
Que no nos gusta que se nos despida por ser madres, que no nos gusta que le brecha salarial venga dada, en muchos casos, por las reducciones de jornada por traer vida al mundo, y esto también lo normalizan aquellos a los que tanto se les llena la boca hablando sobre la figura del padre y la madre. Pues si la criatura tiene un padre, ¿por qué no se la reduce el padre? Quizás también sea porque el trabajo del padre siempre está mejor remunerado y porque socialmente aceptado, tampoco está que un padre sea el que se quede en casa con el niño, porque joder, menudo calzonazos, eh. 
Y sí, la brecha salarial existe amigos, y existe porque los hombres siguen ocupando la mayoría de altos cargos y porque junto a la reducción de jornada, existen todas esas mujeres que limpian casas sin asegurar. Entre otros muchos casos que os animo a informaros. 
Sólo os diré la típica frase: "Está cobrando más ella que él". Sorprende eh, que en una pareja cobre más ella y además, la frase suele decirse con cierto rintintín, como dejando al hombre de fracasado, jamás a la mujer de vencedora.
Quien no haya oído esa frase nunca, miente.


Hoy tengo 26 años, soy una persona libre, de alma, de corazón, de cuerpo y de mente. Quiero mis derechos, quiero esas libertades. Quiera dejar de ir en alerta cuando vuelvo a mi casa de noche. Quiero que se deje de asesinar mujeres. Quiero que se deje de golpear. Quiero que se deje de hacer negocio con nuestro cuerpo. Quiero ser lo que soy, fuerte, y eso nunca, nadie jamás lo cambiará. Creo en el futuro. Si mis ojos no lo ven, que mis hijos (SI ME SALE DEL COÑO TENERLOS, VALGA LA REDUNDANCIA), sí lo vean. 







Cyndi Lauper - Girls Just Want To Have Fun



"Oh mother, dear, we're not the fortunate ones"

miércoles, 14 de febrero de 2018

MIEDO AL MIEDO

Una vez escribí algo sobre el miedo en este blog, mi blog, desde la perspectiva que quizás ese día ofrecía mi vida. No sé cuánto tiempo ha pasado de eso, no mucho, dado que sólo lleva abierto desde hace dos años y cuatro meses, pero madre mía, el vertiginoso paso del tiempo hace estragos en cada rincón del alma.
No me gusta sentir miedo, pero no de la manera en que lo conocemos, sino el miedo paralizando los segundos de la vida, ese miedo que frena cualquier instinto, amago o esperanza. No soy una persona dada a pasar de puntillas por cualquier estado de ánimo que acontezca en mi camino, por eso quizás y aunque parezca incongruente, a lo que más temo es al miedo. Miedo al miedo.
Ese miedo del que hablo, paralizó mi minutero en algún momento ya lejano y eso me ha llevado a una constante y diaria lucha por no volverlo a sentir. No de aquella manera. No de esa forma. En ocasiones es absolutamente inevitable, de pronto la vida PUM, sin avisar te lo pone delante y esquivarlo resulta imposible. Y te pierdes, en cuestión de un segundo te has perdido, no sabes dónde has dejado eso que tanto has mimado, tu "yo" más interno, lo que expresas, lo que has sido, lo que tienes para ofrecer... de pronto el miedo lo ha aniquilado y lo ha transformado en insomnio, dudas, lágrimas y una tristeza no propia en quien siempre suele estar en el lado contrario, es decir, mostrándole al mundo lo bonito que es vivir.

Y en un segundo, o en una milésima del mismo, te sientes mortal por primera vez en muchísimo tiempo. De pronto sientes que también tú necesitas que te abracen mientras lloras sin consuelo, de repente tienes la necesidad imperiosa de explotar, de estallar, de mostrar tu más alto grado de vulnerabilidad, ese momento en el que cualquiera, a diferencia de otra circunstancia o contexto de la vida, podría romperte en mil pedazos. Y entonces comprendes que tú también sientes miedo alguna vez, por muchos motivos o por ninguno a la vez, pero también entiendes que a diferencia del poder que ejerció este sentimiento en tu vida tiempo atrás, hoy no deja de girar el mundo por ello. Y entierras cualquier amago de fantasma paseando por tus neuronas. Y gritas, pataleas y te abalanzas a quien de verdad te recibe con los brazos abiertos. Y después de eso, después de eso vuelves a sentirte poderosa, invencible, aún más si cabe; empoderada para afrontar lo que tienes claro: lo bonito que es vivir.

Si estáis sintiendo miedo ahora, dejadlo pasar y no tengáis aún más miedo del que puede caber en vuestro cuerpo para gritarlo. Quien os quiere, os escucha, os abraza y se calla. Porque el miedo requiere un arte que muy pocos dominan: el silencio.





Miedo - M-Clan

https://youtu.be/ze0J7NEDaYM

"Miedo de volver a los infiernos".


lunes, 29 de enero de 2018

CUANDO E.T. ME SUBIÓ A LA LUNA.

Descubrí que no me gustaban las alturas con cinco años, una fría noche de Navidad en la feria, un lugar al que siempre me ha gustado ir por esas fechas por su ambiente, que no por sus atracciones. Mi padre siempre me llevaba cuando era pequeña, le gustaba enseñarme a coger peluches con el gancho (como en Toy Story) y plantarme siempre frente a los muñecos que chafaban la uva, pues me embelesaba mirarlos. Aquella noche, la noche que descubrí mi temor a no pisar suelo firme, decidió montarme en algo diferente: la noria infantil. Esta anécdota mi entorno la tiene más que sabida, porque nunca me canso de contarla. Qué gran error cometió mi padre ahí o mejor dicho, qué gran descubrimiento, sin él saberlo, recayó sobre mi persona. 
Todo iba maravillosamente bien, excepto cuando mi diminuta cabina estaba arriba; cada vez que subía cerraba los ojos, porque ver a mi padre tan lejos de mí (quien sepa de la noria que hablo, sabrá que estoy exagerando por encima de mis posibilidades), me daba auténtico pavor. Pero era algo soportable, quizás como la vida misma ya por entonces, con los pequeños temores que surgen en un cerebro del tamaño de una naranja. Pero sucedió algo de repente y es que la atracción terminó, pero no de la manera en que a mí me hubiese gustado, pues evidentemente como en cualquier atracción que se eleva mínimamente del suelo, para bajar unos, otros deben quedarse arriba unos minutos. Drama. Nunca jamás en mi vida he conseguido borrar aquel recuerdo de mi cabeza; la atracción parada y yo ahí arriba, sin saber muy bien qué hacer, viendo a mi padre cada vez más lejos, como si el propio E.T. me estuviera elevando en bicicleta a la Luna. Lloré, grité, pataleé, no sé si más que la primera vez que me midieron el azúcar en el hospital -quién me iba a decir entonces dónde iba a terminar hoy en día-, pero sé que lo pasé mal y eso nunca lo olvidaré.
Desde entonces, he ido siempre un paso por detrás respecto a los parques temáticos. Me da miedo las montañas rusas, sí, soy de ese pequeño porcentaje del mundo que no convierte la adrenalina del momento en gozo y disfrute, sino en terror, mucho terror. Nunca he subido a las grandes atracciones de esas que dicen que hay que subir una vez en la vida, ni tan siquiera he subido a la noria grande, jamás de los jamases haría puenting o algo que se le parezca, y soporto los aviones, porque no me queda de otra. Si me pongo a analizar esta situación, es posible que tenga algo que ver con mi carácter. Las veces que mi cabeza se ha volatilizado, he tenido miedo y yo misma he terminado aterrizando de la peor manera posible. Me gusta saber el suelo que piso, me gusta mirar por dónde voy y fabricar yo misma mis situaciones de adrenalina. Esto a veces, o en demasiadas ocasiones, me da poco margen de sorpresa porque en mi vida no hay sorpresas. No me gustan las subidas y bajadas, sobre todo cuando mantener mi equilibrio me ha costado tantas horas, tanto ensayo mental, tanto esfuerzo, que de verdad, acaba valiendo la pena. Siempre hay cosas que se escapan de tu propio radar, eso es inevitable, cosas que suceden, cosas que están ahí, cosas que a veces ni vemos y acabamos comiéndonos bien sea con patatas o con cristales; no he dicho que existir sea fácil. La naturaleza de uno recae en sus miedos y en cómo los afronta. No los evites, al contrario, tenlos siempre presentes. Todo es estático hasta que deja de serlo, pero ahí es cuando tú decides si vivirlo con la realidad gravitatoria o con la virtualidad espacial. Hay mil maneras de morir, pero muchas más de vivir. 

Gracias papá, porque aquel día, indirectamente y sin tú saberlo ni tan siquiera a día de hoy, me enseñaste, como tantas otras cosas en la vida, a qué le temo: a perder mi eje vertical. 





Free As A Bird - The Beatles

https://www.youtube.com/watch?v=ODIvONHPqpk

"Free as a bird, it's the next best thing to be". 



miércoles, 27 de diciembre de 2017

YA NO USARÁ LA CAMA, AHORA DUERME EN UNA TUMBA.

Interiorizar una cosa hasta hacerla cotidiana no es bueno para el ser humano, sobre todo cuando tratamos temas delicados, que acaban deshumanizando la sociedad. Cuando a diario escuchamos cosas como guerras o hambruna en algún lugar del planeta, nos hacemos los consternados, pero en realidad, en poco, muy muy poco rato, hemos olvidado la noticia. Sólo nos conmueve eso que sucede cada cierto tiempo, como un atentado terrorista cerca de nuestra zona de confort, ahí es cuando activamos las alarmas y tardamos algo más en dejar un vacío cerebral de total olvido, aunque como siempre, lo terminamos olvidando también.
El problema viene cuando la noticia es algo que golpea DÍA TRAS DÍA nuestros televisores, periódicos y móviles, sin tan siquiera estrujar nuestras conciencias con la suficiente fuerza para frenarlo, porque el problema viene de mucho más lejos y eso, todavía se sigue justificando. 
Sí, hablo del TERRORISMO MACHISTA, de la matanza de la mujer, del asesinato y persecución diaria que acecha sobre nuestras cabezas. También la tuya, aunque seas hombre y estés leyendo esto. Nos matan por ser mujeres, simplemente por ser mujeres y además no cala en nuestro interior porque los medios nunca se atreven a decir la palabra "asesinada", sustituyendo esta por "muerta en manos de su pareja". Joder, lo hacéis difícil y largo. Sin ir más lejos, el periódico Levante, publicaba esta mañana una noticia sobre Andrea, la muchacha que su ex novio mató el otro día estrellando el coche contra una gasolinera: "Funeral por la chica muerta en el accidente de tráfico de Benicarló". No, no queridos periodistas del Levante, no ha muerto en un accidente de coche, ha sido asesinada por una persona con la que compartió dos años de su vida, estrellando el coche sin intento de frenada. A ver si empezamos a asociar conceptos. ¿Por qué no se atreven a decir la palabra "asesinada" prácticamente nunca? ¿Suena duro? ¿A qué se teme? A fin de cuentas es la cruda realidad, y superar esa barrera, una vez más, machista, es obra del feminismo, pues para estas causas está, aunque algunos se encarguen de echar piedras sobre dicho movimiento. Qué miedo se le tiene. Miedo, ¿a qué? 
Voy a explicar lo que yo siento y lo siento tras escuchar conversaciones de mi entorno y fuera de él, de mujeres, como yo, más mayores en la actualidad y que merecen todos mis respetos, pero que tuvieron mi edad en su momento y vivieron vidas mucho más distintas. 
No hace tanto tiempo que la mujer le debía a su esposo su virginidad hasta el matrimonio, su devoción absoluta en vida y un buen bienestar diario. Ella, se encargaba de cuidar de sus hijos, de limpiar y planchar la ropa sin opción a lo contrario, de mantener un buen clima hogareño y ser la mejor de las amantes. No exagero, es así. Con ello no quiero decir que al otro lado del matrimonio, es decir, el hombre, fuese un borracho, golfo y apestoso maltratador, para nada, aunque haberlos los había y los sigue habiendo, obviamente, pero simplemente hablo de una familia estándar, como puede ser la tuya que me estás leyendo o la del vecino. No hace tanto tiempo y todavía en la actualidad, la mujer debía ser la que aguantara las penas y vergüenzas del marido, aunque no fuese recíproco, siempre protegiéndolo de los males externos, porque no sé por qué, en esta sociedad se le tiene una lástima especial a los hombres, como si no fuesen capaces de desenvolverse en muchas cosas, y en el fondo, se les deja de inútiles, cuando no creo que lo sean, pero en esa posición se debe vivir bastante cómodo. Si en una familia de mayoría de chicas, hay un chico, descuida, él no debe nacer sabiendo cocinar, pero como llegue cierta edad y tú como mujer odies la cocina, oye, no eres digna de tener vagina. Creo que los roles ya se van repartiendo, yo tengo un hermano mayor y realiza sus tareas del hogar como cualquier mujer nacida a mediados del siglo pasado, lo que demuestra que no es un don innato de las féminas el ser cuidadoras de niños, maridos y hogares, cualquier ser humano indistintamente de su sexo, puede pasar un aspirador. El problema viene cuando eso no se comprende. El problema viene cuando ella, en lugar de callarse y agachar la cabeza, pensando que no le queda otra opción en vida que ser esclava, se revela, cuando es capaz de romper esas cadenas "amorosas" que le atan cada día a un futuro que no es suyo. El problema viene cuando la mujer se marcha, abandona una relación por el motivo que sea, ya no es el prototipo que el hombre tenía en su cabeza y lo deja despechado, sin plancharle la camisa y con el corazón arrugado. El problema es cuando crees que una mujer te pertenece hasta el punto de matarla. Cuando la hostia que le has dado resuena en la mayoría del colectivo feminista, cuando desde fuera, las que no estamos dispuestas a sufrir ningún tipo de abuso, ni falta de respeto machista, comprendemos por qué ocurre y la hostia nos duele a todas. Ya no somos las sumisas que algún día fuimos. Queremos poder ser libres, no vivir pendientes de alguien que no lo hace por nosotras, no queremos ser esposas, queremos ser suaves lazos de seda, que enlazan, pero no atan, ni aprietan, ni duelen. Y eso no todos lo llevan bien y por eso nos matan. Porque la digestión de los sentimientos que has creído siempre impuestos es un proceso costoso, el autocontrol cuando es tan fácil asesinar sin pretextos, no es necesario tenerlo. Simplemente después será una noticia más y cómo no, el minuto de silencio de rigor, con el alcalde del pueblo como siempre y las banderas a media asta; un minuto de silencio que debería durar una eternidad entera. 

Recuerden: Hay racismo, por ello matan personas de diferente color de piel. Hay homofobia, por ello se matan homosexuales. Hay machismo, por ello se matan mujeres.
Y si tú eres hombre y no te consideras machista, apoyar el feminismo es lo mejor que puedes hacer para acabar con esta lacra.
Y si eres mujer y justificas el machismo, sobre todo si eres joven (que las hay y muchas) estando en el siglo XXI y teniendo tantos medios para informarte, lo siento con todo el alma, pero eres el mayor enemigo que podemos tener y además, eres gilipollas.

47 ASESINADAS HASTA EL DÍA DE HOY EN LO QUE LLEVAMOS DE AÑO. Y aún quedan cuatro días para que termine. 


¡FELIZ 2018!





La maté porque era mía - Platero y tú


"Ya no usará la cama, ahora duerme en una tumba". 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

SURVIVORS

A veces me engaño a mí misma pensando que nada ha cambiado, pero en realidad sé que todo ha cambiado y ahora tengo una prioridad mucho más reforzada: sobrevivir.

Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista. 
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes. 

Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también. 

Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia. 








Esta canción, de mis ídolos junto a Rozalen, trata este tema y además tiene un mes justo. Mi casualidad. 

https://www.youtube.com/watch?v=iqHb7Wan98E

"Ha pasado algo importante, puse el contador a cero". 



sábado, 14 de octubre de 2017

A TOMAR VIENTO FRESCO

Estoy cansada, bueno, en realidad estoy cansadísima del bombardeo constante que tengo que sufrir y no sé por qué, presiento que no soy la única. No, no voy a hablar de Catalunya, de España, de Puigdemont o del repulsivo de Rajoy, de eso creo que he debatido tanto con cerveza en mano como cualquier español (nos une la patria, queridos), y he leído y escuchado tantas conclusiones que ni fuerzas me quedan para perder mi tiempo escribiendo sobre ello. Si tengo que posicionarme, lo tengo claro, mi iaio era rebelde y barcelonés.

Lo que quería yo decir es que estoy cansada, de la presión a la que mi humilde existencia se ve sometida constantemente. No sé si como mujer o como persona, pues me gusta vivir el feminismo sin victimismo, pero creo que lo de solterona o "no madre" es algo que me afecta directamente como mujer, aunque prefiero hablar como ser humano. Me HARTA, sí, me H-A-R-T-A, en mayúsculas y deletreado, el tener que aguantar preguntas sobre mi vida, el tener que aparentar que todo va genial cuando alguien te pregunta, aunque en realidad no te están preguntando para oírte a ti, sino para escuchar su respuesta, como si no supiesen que en este siglo, vender una vida perfecta, queda bastante caduco. "¿Estás con alguien?", "¿estás soltera"?, "el otro día te vi con fulanito, "¿qué tal?", "¿estás trabajando", "¿dónde?", "¿estás estudiando?", "¿dónde?", "yo a tu edad ya estaba casada", "yo a tu edad ya tenía cien hijos", "yo cobro un sueldazo", "me va todo genial", "tienes toda la vida por delante, aprovecha", "ya se te está pasando el arroz", "tienes que ser más transigente", "que no te toree nadie",...


Vamos a ver en qué quedamos. Me has visto, me has desvisto, me interrogas, me aconsejas, me desaconsejas, tiras por tierra mis sueños, me presionas a ser madre, tengo que mirar por mí o qué mierdas pasa. ¡Me quedaré sola si soy exigente y a la vez es mejor que te quedes sola porque tienes muchas metas por cumplir aún! En serio, esta presión pseudomediática es agobiante. Qué clase de competición formamos en nuestros escasos años en el planeta Tierra para que parezca que tienes que encadenarte a todo y a nada a la vez, y sobre todo llegar el primero.
Muy bien, has conseguido un buen puesto laboral, ahora te falta un novio. Muy bien, has logrado un novio, ahora la boda. Genial, ya estás casada, ahora los niños. Estupendo, ya has parido, qué gorda te has puesto. Uy, ya has adelgazado, qué delgada estás, qué guapa, pero tu cuerpo no ha vuelto a ser el mismo. ¿Te has divorciado? Si es que ya se te veía de joven, que nadie te iba a aguantar... y eso es en lo que te conviertes si te dejas llevar sin imponerte.  Una existencia sin problemas, es una mentira vendida muy mal por parte de los demás y junto a esa mentira viene una reguero de preguntas que quizás no sepas contestar y ni siquiera te haga falta, porque sólo les importará cuando estas sean negativas, porque la infelicidad de los demás camuflada, siempre lleva a deseársela a un tercero. No tienes que estar para todos, no tienes que llegar a todo, no puedes saber qué día conseguirás el trabajo de tus sueños, si aprobarás ese examen con buena nota, si te casarás de blanco o de amarillo o si tendrás cien hijos o ninguno. Que no te engañen diciendo que todo o nada. Que no te metan presión, pues no eres un neumático. Que no caiga todo el peso de la responsabilidad sobre ti. La vida hay que tomarla sumergiéndose en ella, pero de vez en cuando hay que subir a tomar aire. Cuando lo necesites.







No, aún no soy madre, porque aún no sé cuidar de mí.




Extremoduro - So Payaso 

https://www.youtube.com/watch?v=1Iw1Qx7c2yc


"So payaso, te tiemblan los pies a mi lado". 





lunes, 18 de septiembre de 2017

CUANDO EL DÍA EMPEZABA CON UN COLA CAO...

Desperté aquella mañana con el inconfundible sonido que emiten los pájaros habitantes de las montañas, mezclándose con el olor a pino mojado que deja tras de sí el torrente de agua que sólo puede sentirse allí arriba, donde se taponan los oídos por la presión; virutas de pino amando la lluvia o a la inversa o recíprocamente, no lo sé, sólo sé que aquello me hacía simplificar la felicidad. Era abril, un abril de finales de los 90 o principios de los 2000, vacaciones para mí, donde no necesitaba más que la compañía de los que están y de los que ya no volveré a ver. Yo me levantaba de la cama y en la cocina, ya me esperaba un vaso rebosante de leche y Cola Cao (ahora sería Nesquik, la vida cambia) y un plato de lo que el día anterior no había sido más que cachos de pan duro y que la metamorfosis -o las irrepetibles manos de mi iaia- había dado paso a unas maravillosas torrijas con sabor a canela. Era Pascua, qué duda cabe. De esas Pascuas con bacalao desalado en agua en la mesa porque la carne está "prohibida", pero con pedacitos de longaniza de pascua bajo manga a la hora de la siesta, cual criminal atracando el Banco Nacional. 
Vacaciones de mona y chocolatina redonda, sentada junto a mis amigas en aquellos bancos donde no nos importaba siquiera que el pantalón quedara húmedo después de reposar nuestras nalgas tras la lluvia. Paquetes de pipas y un Cluedo en la terraza de cualquiera de nuestras casas hacía el resto. Música, música que anunciaba un verano movido unos meses después. Música que planeaba un agosto que aunque parecía lejano, y más con aquel cielo opaco y aquellas chaquetas vaqueras y aquellas zapatillas de deporte con calcetines hasta las rodillas, nosotras lo sentíamos cerca porque sería la próxima vez que volveríamos a vernos. Música que derivaba en pasos de baile, que meses más tarde plasmaríamos en un escenario, con vestidos de brillantes, pelo de peluquería, maquillaje exagerado y la mejor versión de nosotras mismas, junto a los nervios y adrenalina que sólo se siente antes de exponerte al público. Pasos de baile improvisados mientras pisábamos piñones caídos de los mismos pinos que emanaban aquel característico olor a tierra mojada y de los que continuamente veías saltar ardillas que te lanzaban piñas a la velocidad de un misil. Y las cogíamos, las abríamos a la fuerza -las que se dejaban abrir- y nos comíamos su valioso fruto, por si la mona, la chocolatina redonda y las pipas no había sido suficiente. 
Así transcurría aquella Pascua, similar a la anterior y parecida a la siguiente, sin fecha de caducidad en aquel momento de la vida, pero que el transcurso de la existencia se encarga de que termine.
Un "bote botero", una peli de miedo y algún cumple con sándwiches, remata mi infancia. 

Ahora soy adulta, mis Semanas Santas, ya no son tan santas, ya no son en aquel pueblecito de Castellón que me dejó grandes amigas y maravillosos recuerdos. Mis Semanas Santas ahora son trabajando, en mi ciudad y planeando el siguiente viaje que haré para conocer más allá de aquel sonido de pájaros insaciablemente cantarines, más allá de aquella lluvia incesante, de aquellas torrijas que nunca más podré probar, de aquellos pinos que junto a la pólvora confeccionaban mi olor favorito; más allá de aquellas canciones que no volveré a bailar y de aquellas monas que digerí el milenio pasado. La vida nunca va un paso por delante, la vida va a su ritmo, y como en toda la historia de la humanidad, todo tiene un cómo, un dónde y un por qué.

Será que el final del verano siempre me vuelve nostálgica. 




El temazo de hoy es el que aparece en el "vídeo casero" el día previo a mi Comunión que grabó mi hermano en casa. Esta canción sonaba de fondo y desde entonces, es la canción de mi Comunión. Ya ha llovido, os lo aseguro. 

Lovefool - The Cardigans 

https://www.youtube.com/watch?v=NI6aOFI7hms

"Mama tells me I shouldn't bother". 

miércoles, 30 de agosto de 2017

TU ALMA MACERANDO EN TU ESENCIA.

El verano dice adiós sin tan siquiera preguntarme si deseo que se marche, la respuesta la tendría clara, un NO rotundo que resonaría hasta en el mismísimo infierno donde algún día de estos tres meses, a más de uno y de una, le ha parecido estar. Es cierto que todavía quedan varias semanas, pero agosto se ahoga, y eso ya anuncia un cambio de estación inminente, que no sé en vosotros, pero a mí me transforma las horas, sumergiéndome en un otoño innombrable. Pero transformar no es malo, si de eso aprendes. Nunca un cambio fue para mal. Sólo es cuestión de paciencia. 
Los cambios de temporada modifican todo, a la vez que el paso de los años lo hacen también. Y ese NO con absoluta rotundidad que le respondería al verano ante su insistente marcha, lo extrapolo a mi conciencia. 
Jamás supe decir un "sí" sin sentirlo, sin salir de lo más hondo de mis entrañas, pero es cierto que más de un NO he callado y ha sido duro, sobre todo para una persona que no acostumbra a fingir. Ay, pero los años, cómo saben los años lo que los días desconocen, cómo enseñan -si quieres- el camino o el norte, como mejor plazca llamarlo, para ubicarte en un mundo donde no es fácil hacer valer la existencia personal e intransferible. Y sí, he aprendido a decir NO. La verdad, ha sido un proceso largo, donde mirar por mí misma, deparando en el resto, me ha llevado más de un quebradero de quijotera. Mi vida es un aprendizaje diario y entre ese aprendizaje está el decir NO. 

NO, no quiero eso para mí.
NO, no necesito eso ahora. 
NO, no me apetece.
NO, lo que estás haciendo no está bien.
NO, no voy a hablar por ti.
NO, ese favor no me corresponde hacértelo.
NO, no quiero adaptarme a tu plan.
NO, no vas a dorminarme.
NO, no me busques que ya no estoy.
NO, no me caes bien.
NO, oye, vete a la mierda.
NO... NO es NO.

Hay tantos NO que he callado, que ahora que he aprendido a decirlos sin remordimiento alguno y para mi propio bienestar personal, ya no logro comprender a quien empeña su vida a merced del resto, pues hay personas dispuestas a chuparte la sangre y consumirte los minutos si no aprendes a decir un NO a tiempo y sonoro. Resulta satisfactorio ver quién queda a tu lado tras lograr ser tu misma sin etiquetas ni personajes, con tu "sí" y con tu NO, pues eso es la propia vida gritándote quién te quiere por quién eres y quién sólo por tu silencioso NO. Pues NO, yo me niego a seguir callando cuando algo no me cuadra, cuando algo se descuadra, porque NO todo vale. NO siempre debes ser paciente, NO siempre debes pensar que tú tienes la culpa, NO siempre debes ser tan crítica contigo misma...
Autoanalízate, escucha tu cuerpo cada segundo, conecta con él desde el alimento que necesita hasta la acción que desea realizar. Autocritícate también, pues eso te enseñará a saber pedir perdón, perdonar y empatizar. Es un proceso costoso, diría que el más costoso que pueda existir, es un esfuerzo grandioso, glorioso y constante y del que nunca lograrás conseguir un resultado completo, pues nuestras propias decisiones nos llevan a circunstancias y personas que se escapan del equilibrio existencial, pero trabajar nuestra cabeza en todos los aspectos, explotar nuestra intuición y hacer uso de nuestros sentidos, facilita un camino lleno de probabilidades, donde jamás sentirás que el mundo se acaba por una banalidad. Seguirán existiendo las noches sin dormir y los problemas repentinos, pero nada perturbará tu mundo interior tanto como para no saber qué necesitas, cuándo lo necesitas y por qué lo necesitas. Y cuando hayas llegado a ese nivel, cuando lo que eres y lo que muestras vaya a la par, habrás aprendido a decir NO de forma natural y espontánea, y te aseguro que ese día, ya no habrá vuelta atrás, serás una diosa o dios terrenal, serás tu propia alma macerada en tu esencia y eso no tiene precio. Eso es la vida. Eso es la felicidad. Un NO a tiempo, sin más.




Gran canción, que inspiro y me inspira.

This is the last time - Keane

https://www.youtube.com/watch?v=7IJ89_RzfCU

"And years make everything alright".