Estaba escuchando una canción demasiado triste para las cosas que están sucediendo ahora en el mundo, no quiero que siga sonando, hoy no.
Hay días que no comprendo la miseria de vida que comparto con otros seres, hay días que me niego a pensar que en este planeta suceden cosas de las que nadie estamos exentos. Nos están matando, nos están matando y ahora han encontrado una forma fácil de hacerlo, eliminando pruebas y pareciendo puros accidentes cotidianos, mediante el fuego. Pero que un edificio de casi 30 plantas se calcine, que semejante monstruo arda al completo, no me parece un simple accidente doméstico. No entiendo de ingeniería, de arquitectura, ni de materiales de construcción, pero ¿no se pudo controlar antes de propagarse? ¿De qué estaba hecha la torre Grenfell? ¿De corcho? ¿27 pisos ardiendo a la vez? ¿70 metros prendidos fuego por una supuesta nevera? Pero, ¿se creen que somos idiotas? Y los titulares amarillistas, sanguinolentos y repulsivos, haciendo notar su miserable periodismo, nos lo venden tal cual, mientras nos cuentan las últimas palabras de una tal Gloria a su madre, cuando agonizaba o del hermano de Omar, que no pudo sobrevivir. Ahí, ahí, contando lo interesante, lo que a la gente le llegue al alma sin más, con los lamentos cotidianos (esto sí es cotidiano), para mañana olvidar que siempre pagamos justos por pecadores, que esas personas no van a volver y que se pondrá tierra por medio, una buena cortina de humo, valga la redundancia, que no nos tiente a pensar más allá sobre lo acontecido. Te lo comes con patatas y punto. Mañana podría ser tu edificio, o no, según tu nivel de vida o tu religión. Uy, que me voy del tema.
Y ahora Portugal, bajo un titular que reza: "Devastadora tormenta de llamas". Qué desolador suena la palabra "devastar", te anticipa una tragedia bastante gorda, te adentra en las tripas de la noticia y a la vez, te avisa, que el fuego es el fiel culpable de esto. Algo vacía es la palabra "devastar", sobre todo cuando estamos hablando del segundo incendio en la misma semana, que, curiosamente, se ha cobrado una cifra casi casi exacta de víctimas. Pero aquí no acaba la cosa, pues la noticia dice que "las llamas se propagaron de forma que no tiene explicación". Pues, no me cabe duda, esto es tarea de Íker Jiménez, que alguien le llame ya, el pueblo necesita saber.
Ahora hablo en primera persona, dejando las ironías, porque al final siempre me gusta ponerle un toque de humor a las cosas, sobre todo cuando siento que se están riendo en mi cara, pero no voy a negar que estos hechos me afectan muchísimo, me ponen profundamente triste, porque no necesito escuchar una conversación de una mujer de mi edad con su querida madre, para imaginar el sufrimiento que habrán vivido estos 120 seres humanos (suma aproximada de ambos "accidentes"); toda la desesperación, toda la incertidumbre, todo el pánico que reflejarían sus miradas mientras el fuego arrasaba sus casas y sus vidas. Y la desazón de después, el desconsuelo de esos familiares que ya no dormirán tranquilos ni una noche más.
Por favor, empaticemos, pensemos, aunque creamos que no sirve para nada, es importante ser conscientes de lo que está pasando en este mundo, sobre todo cuando los medios por los que debes informarte, no te informan y sólo juegan al despiste. Eso siempre da pie a crear tu propia versión, quizás estés equivocado, pero el día que escuchemos una verdad convincente de este tipo de sucesos, podremos decir que el mundo se empieza a curar. Hasta ese momento, a mí por lo menos, no me va a vender la moto nadie y seguiré firme, pensando que esto no han sido dos accidentes casuales, domésticos, cotidianos y sin explicación alguna.
Queremos respuestas, aunque nunca las vayamos a obtener.
Dire Straits - Walk Of The Life
https://www.youtube.com/watch?v=k9_VOy7VipQ
"And after all the violence and double talk
There's just a song in all the trouble and the strifeYou do the walk, you do the walk of life, yeah he do the walk of life".
Blog propiedad de Carolina León. Siéntanse como en casa, pónganse cómodos... se les permite subir los pies al sofá.
domingo, 18 de junio de 2017
domingo, 28 de mayo de 2017
EL ARTE DE SABER SER
Prende una tarde cualquiera de primavera, mientras observas cautelosa por la ventana, con un té entre las manos que dejas enfriar. Hace calor, excesivo calor para ser todavía mayo y en el ambiente ya se palpa un verano inminente. Lo dejas venir, consientes que el calor se adueñe de tu piel, porque te gusta, te encanta ver el sol marcharse a esas horas imprudentes, te gusta verlo juntarse con la luna y celebrar la vida bajo ese cielo sin lluvia.
La tarde prende y tú prendes con ella, mientras de fondo suena "Paloma" de Calamaro y una sonrisa nerviosa y tranquila al mismo tiempo se escapa de tu boca. Adoras pensar mientras ves el mundo girar tras el cristal que te separa de él, dentro de tu microclima, el que tú has ido construyendo con años, lágrimas y alegrías; y ahí es donde se detiene tu mente, al pensar en todas las veces que has sonreído en lo que va de año. Es casi imposible recordarlas, todos los días sonríes una media de ¿cien veces? ¡Qué barbaridad! ¡Qué poca intimidad le das a tus dientes! Aunque las sonrisas más tontas sí son palpables, pues te has acordado que hace apenas tres días, te iba siguiendo una mariposa blanca por toda la calle y durante el trayecto, absorta en admirar esa bella estampa, no dejaste de sonreír ni un segundo. Esas cosas te mantienen viva, joder. Hay gente muriéndose todos los días y esa gente no va a poder volver a ver una mariposa en su puta vida porque, en el mejor de los casos, sus cenizas estarán esparcidas en ese lugar donde fue feliz o pudriéndose bajo tierra, donde hasta las raíces de los árboles están más despiertas. No hay segundas oportunidades. ¿De qué podrías quejarte? ¿Por qué tendrías que hacerlo si al pellizcarte aún te duele? Le das un trago al té, sabes que a estas horas no deberías beberlo pues la teína hace estragos en los ardores de tu cerebro, y sólo le falta eso a ese cabrón, un chute extra, como si aguantarlo a diario metido en tu quijotera no fuese suficiente. Pero aun así te bebes el té, porque sí, porque puedes permitírtelo, ya asumirás las consecuencias de dar mil vueltas en la cama esta noche. De momento aún es de día, la tarde todavía está prendida, Calamaro ha dado paso a una de esas canciones que bailaste anoche. Sí, tu repertorio musical es tan diverso que a veces sientes hasta vergüenza cuando de pronto se juntan dos canciones que, obviamente, nada tienen que ver. O sí, quién sabe. En realidad Calamaro también habla de sexo, drogas y vicios en general en muchos de sus temas, siempre dirigidos a un público masculino, pero que gusta en el femenino. Como las canciones que anoche bailabas en el pub. Jolín, de verdad, es que vosotras siempre tenéis que estar en el punto de mira y aún tendréis que justificaros por menear el culo en una discoteca. De eso pueden salir muchas canciones. Calamaro lo hace con más arte.
Y la verdad, no entiendo por qué la gente ve algo nostálgico en asomarse a una ventana, cuando es un momento de meditación donde una llega a la conclusión de que baila lo que le apetece, cuando le apetece, escucha lo que quiere y bebe té sin horario, sonríe mucho durante el día y a veces también se encana de risa, aunque es mejor que no la veas enfadada. Una llega a la conclusión de que el verano le da la vida, es algo que sabe de sobra, pero le gusta reafirmarlo cada año. A veces le persigue alguna mariposa y agradece todos los días el seguir viva, en un planeta en el que no es fácil mantener las constantes vitales. Es la maravilla de ser y existir. Todo está lleno de probabilidades, agarra fuerte lo que te gusta y úntalo en tu piel, que lo retenga tu carne, siéntelo, no pases por la vida ni de puntillas, ni de cuclillas. Álzate y pelea. No hay mayor lucha y gratitud que hacer lo que las vísceras te griten cada segundo, sin prejuicios y con honor. En ocasiones para disfrutar, también hay que combatir la pereza.
Y que arda el mundo, que una ha pensado que se pilla primera fila y si la teína la altera... siempre se puede cambiar el té por una buena birra.
¡Feliz semana!
Andrés Calamaro - Paloma
https://www.youtube.com/watch?v=e-2UG6Cgvck
"Voy a vivir para repetir otra vez este momento".
La tarde prende y tú prendes con ella, mientras de fondo suena "Paloma" de Calamaro y una sonrisa nerviosa y tranquila al mismo tiempo se escapa de tu boca. Adoras pensar mientras ves el mundo girar tras el cristal que te separa de él, dentro de tu microclima, el que tú has ido construyendo con años, lágrimas y alegrías; y ahí es donde se detiene tu mente, al pensar en todas las veces que has sonreído en lo que va de año. Es casi imposible recordarlas, todos los días sonríes una media de ¿cien veces? ¡Qué barbaridad! ¡Qué poca intimidad le das a tus dientes! Aunque las sonrisas más tontas sí son palpables, pues te has acordado que hace apenas tres días, te iba siguiendo una mariposa blanca por toda la calle y durante el trayecto, absorta en admirar esa bella estampa, no dejaste de sonreír ni un segundo. Esas cosas te mantienen viva, joder. Hay gente muriéndose todos los días y esa gente no va a poder volver a ver una mariposa en su puta vida porque, en el mejor de los casos, sus cenizas estarán esparcidas en ese lugar donde fue feliz o pudriéndose bajo tierra, donde hasta las raíces de los árboles están más despiertas. No hay segundas oportunidades. ¿De qué podrías quejarte? ¿Por qué tendrías que hacerlo si al pellizcarte aún te duele? Le das un trago al té, sabes que a estas horas no deberías beberlo pues la teína hace estragos en los ardores de tu cerebro, y sólo le falta eso a ese cabrón, un chute extra, como si aguantarlo a diario metido en tu quijotera no fuese suficiente. Pero aun así te bebes el té, porque sí, porque puedes permitírtelo, ya asumirás las consecuencias de dar mil vueltas en la cama esta noche. De momento aún es de día, la tarde todavía está prendida, Calamaro ha dado paso a una de esas canciones que bailaste anoche. Sí, tu repertorio musical es tan diverso que a veces sientes hasta vergüenza cuando de pronto se juntan dos canciones que, obviamente, nada tienen que ver. O sí, quién sabe. En realidad Calamaro también habla de sexo, drogas y vicios en general en muchos de sus temas, siempre dirigidos a un público masculino, pero que gusta en el femenino. Como las canciones que anoche bailabas en el pub. Jolín, de verdad, es que vosotras siempre tenéis que estar en el punto de mira y aún tendréis que justificaros por menear el culo en una discoteca. De eso pueden salir muchas canciones. Calamaro lo hace con más arte.
Y la verdad, no entiendo por qué la gente ve algo nostálgico en asomarse a una ventana, cuando es un momento de meditación donde una llega a la conclusión de que baila lo que le apetece, cuando le apetece, escucha lo que quiere y bebe té sin horario, sonríe mucho durante el día y a veces también se encana de risa, aunque es mejor que no la veas enfadada. Una llega a la conclusión de que el verano le da la vida, es algo que sabe de sobra, pero le gusta reafirmarlo cada año. A veces le persigue alguna mariposa y agradece todos los días el seguir viva, en un planeta en el que no es fácil mantener las constantes vitales. Es la maravilla de ser y existir. Todo está lleno de probabilidades, agarra fuerte lo que te gusta y úntalo en tu piel, que lo retenga tu carne, siéntelo, no pases por la vida ni de puntillas, ni de cuclillas. Álzate y pelea. No hay mayor lucha y gratitud que hacer lo que las vísceras te griten cada segundo, sin prejuicios y con honor. En ocasiones para disfrutar, también hay que combatir la pereza.
Y que arda el mundo, que una ha pensado que se pilla primera fila y si la teína la altera... siempre se puede cambiar el té por una buena birra.
¡Feliz semana!
Andrés Calamaro - Paloma
https://www.youtube.com/watch?v=e-2UG6Cgvck
"Voy a vivir para repetir otra vez este momento".
miércoles, 10 de mayo de 2017
VIVIR ES MÁS BONITO ASÍ.
No sé si soy capaz de perdonarme tanto tiempo sin escribir aquí, pero es que entre estudios, trabajo, compras y preparativos varios, no he tenido mucho tiempo para ponerme delante de la pantalla a contar mis batallitas. Cabe confesar que también tengo mis momentos de ocio al día y eso me apura las horas para dedicarle al blog (que no a la escritura, pues eso es algo diario).
Mi curso está a punto de terminar y menos mal, porque tengo la cabeza saturada, mi cerebro necesita un merecido descanso y mi vida anhela más horas dedicadas a mí; pero ya vendrán.
La realidad es que yo, por X o por B, no soy ni de lejos la misma que comenzó en septiembre. La vida avanza y se ve cuando echas la vista atrás, pero hoy no voy a hablar de los cambios existenciales, ni tampoco de las noticias que cada día se atornillan a la televisión y me resultan insulsas, monotemas y demasiado banales para dedicarles una entrada de blog, que no creo que no haya hecho antes. Así que hoy hablaré de mi viaje a Sevilla con mis amigos, donde respirar felicidad ha sido más fácil que respirar oxígeno.
Eran las 6.00 am. del viernes 5 de mayo cuando sonaba el despertador al unísono en seis casas del barrio de Malilla (Valencia), muy cerca las unas de las otras. El sueño no era un impedimento, cuando se avecinaba ante nosotras una fabulosa experiencia. La Chupipandi, ese grupo de amigas formado hace muchos años atrás y que tiene anécdotas para escribir un libro, por fin se iba de viaje juntas, tras hablarlo, planearlo, ponerse de acuerdo y llevarlo a cabo. Parecía que nunca llegaría este día, pues aunque algunas de nosotras ya habíamos viajado por nuestra cuenta (Madrid, Oporto...) nunca habíamos coincidido todas y eso ya sumaba un extra a este viaje. Pero no os engaño, todas no estábamos, faltaba nuestra Madre Natura, nuestra Irene, nuestra Parri, que viviendo en Australia le resultaba imposible unirse y a la que hemos tenido presente cada minuto de esta aventura.
Todo comenzó cuando hace algo más de un año, Paula nos comentó que se iba a vivir a Sevilla, nada menos que al barrio de Triana y coincidiría con la Feria de Abril; en aquel momento todo quedó plasmado en nuestro bar de siempre, con cerveza en mano y de boquilla, sin pensar que el 5 de mayo de 2017, cogeríamos un AVE con destino el Real de la Feria. Y así fue, y así transcurrieron nuestras cuatro horas de viaje, entre el cerveceo de media mañana ("¿cuándo está socialmente aceptado beber en el tren?", by Marina) y la ilusión que se palpaba en las sonrisas y las miradas de complicidad, de quien se conoce cada asunto cerrado o pendiente en la vida de la otra.
Llegadas a Sevilla, dos taxis nos llevarían al precioso barrio de Triana, bañado por un imponente río Guadalquivir, con la Torre del Oro custodiando las vistas y el puente Isabel II abierto para nosotras. También desde ahí se visualizaba en la lejanía una esplendorosa Giralda que nos daba la bienvenida y las infraestructuras de la Expo 92, que la ciudad aún conserva como recuerdo de aquel año. Ahí estaba nuestra casa, en el corazón de Sevilla y ahí, en una plantita baja de dos habitaciones y dos baños, nos metimos 6+1, es decir las seis turistas y la anfitriona. Sin problema alguno, pues íbamos equipadas con colchones hinchables, mantas, almohadas y demás menaje del hogar. Nada que no tuviera solución, somos de la generación del Tetris.
Y ya tocaba ver Sevilla, comenzamos obviamente por hacernos quinientas fotos en la zona donde íbamos a pasar las siguientes 72 horas de nuestra vida y después visitamos Plaza España. Creo que no he visto algo tan bonito jamás; la palabra increíble se queda corta. Sevilla es especial desde el minuto uno en que la pisas y no sólo por lo preciosa que es, sino por la hospitaliad de la gente.
Nos pusimos "morás" de pringá, de berenjenas, de chocos y de todo tipo de tapeo bueno, sabroso y barato.
La tarde del viernes la dedicamos a intentar subir a la Giralda (a 5 minutos de cerrar, por lo que fue imposible), a tomar café en nuestro acogedor y efímero hogar y a ducharnos y ponernos guapas para ir a conocer una nueva fiesta: La Feria de Sevilla.
Hechas un pincel, pusimos rumbo al Real, no sin antes parar a reponer fuerzas en un pequeño bar, donde nos trataron con todo el cariño del mundo y donde dejamos sin existencias de rebujito al local.
Como anécdota, la repentina lluvia que aún nos obligó a quedarnos más rato bebiendo Manzanilla con 7up, pero en cuanto esta cesó, llegamos a la Feria. Y ahí estaba ante nuestro ojos un portón enorme que rememoraba el 25 aniversario de la Expo (donde estuvo mi familia cuando yo apenas era un bebé), separando la fiesta de la ciudad. Las fotos, como es lógico iban y venían. Nosotras lo mirábamos todo con ojos de novedad, de curiosidad, como cuando algo sólo es visto desde el televisor y de pronto lo estás viviendo en primera persona.
Acudimos a la caseta donde la maravillosa Nayat nos invitó; una caseta privada que nos hizo descubrir la parte de atrás de estos lugares, los restaurantes que tienen montados en lo que parece una pequeña carpa. Ahí detrás nosotras tapeamos de lo lindo y seguimos bebiendo rebujito, que para eso estábamos en feria. Una jarra tras otra, dio paso a los gintónics y de ahí a recibir invitaciones para otra caseta donde la fiesta nos esperaba hasta el amanecer. Todo un show, las valencianas por Sevilla, reinas de las tarimas, "chapando casetas", que no nos lo tengan que contar.
Esa noche nos dejó KO en todos los sentidos, el día había sido largo, 24 horas despiertas no es algo habitual, así que caímos en la cama rendidas, esperando que el día volviera a iluminar la ciudad.
Y llegó el sábado, un sábado más que inesperado. No madrugamos, no teníamos fuerzas para ello, así que con tranquilidad fuimos levantándonos, preparando café, pasando por la ducha y planteándonos el día. Cuando todas estábamos listas, nos dispusimos a buscar un bar para comer, cuando de pronto llegamos a una terraza y aparecen mis Churreteros favoritos: Gabi y Alejandro. Tenían todo reservado desde febrero, desde el mismo día en que nosotras compramos los billetes, ¡y yo era la tonta que no sabía nada! Podéis imaginar mi cara, mi reacción, todo un poema, no podía creérmelo; si ya estaba siendo inmensamente feliz, esto aún engrandeció más este dulce fin de semana.
Pasado el subidón, recorrimos Sevilla todos juntos, comimos (con rebujito, cómo no) y nos tomamos unos gintónics en la zona del centro, donde el sol daba vida a ese instante. Tras este inciso, bajamos al río a hacernos más fotos ("venga chicos, que no se diga") y de ahí a hacernos café en nuestra casa, algo que ya estábamos tomando como tradición para aguantar la intensidad de estos días.
Y de nuevo, a ponerse guapas y guapos para la segunda y última noche de Feria.
Con modelito distinto, noche distinta. Las chicas cenamos por nuestra cuenta en un bar cerca del Real, donde debo decir que de los cinco o seis donde estuvimos, este fue el peor con diferencia, por el trato, la calidad y el precio. El resto de bares, de categoría, pero como siempre, hay de todo en todas partes. Aun así en la terraza se estaba de maravilla y comimos, bebimos y charramos hasta quedarnos sin aire. Y esta noche tocaba una caseta diferente, la de Manuel, otro sevillano hospitalario, amigo de Gabi, que nos acogió y donde estuvimos con nuestra copa, churreteando, lo que más nos gusta.
A las 00.00 lanzaron los fuegos artificiales que ponían fin a la Feria, y que hizo que la mayoría de casetas estuvieran apagadas, aunque nosotros fuimos en busca de una pública y llegamos a la del PSOE (por entrar en una), de la que salimos rápidamente por el agobio y porque, para qué mentir, el panorama era poco alentador y es posible que de ahí hubiésemos salido sin bolso o sin zapatos.
Tras dar un rodeo, pasamos por la caseta de CCOO; la cosa no pintaba mal, no había agobio de gente, no parecía que nos fueran a robar hasta la ropa interior y además tenían una pequeña verbena montada, así que ahí decidimos hacernos varias copas, al ritmo de un mezcladillo de música para todos los gustos. Y de ahí, al centro, al pub/discoteca Groucho, no sin antes pasar por casa para ponernos cómodas, yo me puse tan cómoda que me cambié de arriba a abajo y me la jugué en deportivas (en Sevilla salir así de fiesta es pecado), pero es que era la última noche y quería olvidarme de los tacones, sólo quería bailar hasta el amanecer y celebrar la vida junto a mis incondicionales amigos.
Y así fue, otra noche más en la que fuimos los últimos en salir de un local; cansados pero felices, agotados de bailar, de saltar y de hacer el tonto en general. Vivir es más bonito así.
Llegamos a casa y una pizza de cuatro quesos nos esperaba dentro del horno; deliciosa hasta decir basta y de gran ayuda para conciliar un reparador sueño que nos llevó al domingo 7, nuestro último día.
Sevilla amaneció a 35ºC, un excesivo calor que nos invitaba a comer dentro de un bar y no en la terraza como habíamos hecho hasta ese momento. Como siempre, el tapeo se adueñó de la mesa y esta vez en lugar de cañas y rebujito, el agua reinó durante la comida. El domingo todo sabía a despedida, cada bocado, cada paso por Sevilla, cada esquina que girábamos tenía una nostalgia lejos de la alegría que nos había invadido los dos días anteriores. Aun así la sensación de bienestar era patente entre todos, porque la experiencia había superado con creces las expectativas. Y tras el café y el repaso a la noche anterior, llegó el momento de pisar Triana por última vez para recoger nuestras maletas, esas que habíamos dejado preparadas antes de salir de casa. Y con el inconfundible ruido de las ruedas sobre el asfalto de adoquines de este espectacular barrio, cogimos un taxi hacia Santa Justa, para volver a nuestra ciudad.
Despedirse de Paula fue duro, casi tanto como el 19 de marzo cuando ella se marchó de aquí, pero con la sensación de verano a la vuelta de la esquina y con mil planes juntas y no muy lejanos.
El tren nos esperaba a las 18.30 de la tarde y casualidades de la vida (o no), Gabi y Alejandro no sólo iban en el mismo vagón que Leire y yo, sino en los asientos de delante. Lo que hizo más ameno este triste regreso.
Llegamos a Valencia a las 22.30 de la noche, con la maleta más llena que cuando nos fuimos. Sí, al menos la mía pesaba más, porque lo que era ropa y zapatos cuando me fui, ahora había que añadirle recuerdos imborrables, sonrisas intachables, momentos indescriptibles y una paz que siempre perdurará en mi cabeza. Ha sido más que bonito, ha sido perfecto, de principio a fin.
De Sevilla, su Feria y su gente, no tengo palabras, sólo puedo decir que volveré, que me han quedado muchas cosas por ver, que el que no haya ido que no lo piense ni un segundo, que Sevilla enamora, que es diferente, que Sevilla tiene un color especial y ahora doy fe de ello.
SI EXISTE EL PARAÍSO, NO LO QUIERO SIN VOSOTROS.
Ron Sexmith - Get In Line
https://www.youtube.com/watch?v=M2FoIBQvUZ4
"Oh! It's a long line".
Mi curso está a punto de terminar y menos mal, porque tengo la cabeza saturada, mi cerebro necesita un merecido descanso y mi vida anhela más horas dedicadas a mí; pero ya vendrán.
La realidad es que yo, por X o por B, no soy ni de lejos la misma que comenzó en septiembre. La vida avanza y se ve cuando echas la vista atrás, pero hoy no voy a hablar de los cambios existenciales, ni tampoco de las noticias que cada día se atornillan a la televisión y me resultan insulsas, monotemas y demasiado banales para dedicarles una entrada de blog, que no creo que no haya hecho antes. Así que hoy hablaré de mi viaje a Sevilla con mis amigos, donde respirar felicidad ha sido más fácil que respirar oxígeno.
Eran las 6.00 am. del viernes 5 de mayo cuando sonaba el despertador al unísono en seis casas del barrio de Malilla (Valencia), muy cerca las unas de las otras. El sueño no era un impedimento, cuando se avecinaba ante nosotras una fabulosa experiencia. La Chupipandi, ese grupo de amigas formado hace muchos años atrás y que tiene anécdotas para escribir un libro, por fin se iba de viaje juntas, tras hablarlo, planearlo, ponerse de acuerdo y llevarlo a cabo. Parecía que nunca llegaría este día, pues aunque algunas de nosotras ya habíamos viajado por nuestra cuenta (Madrid, Oporto...) nunca habíamos coincidido todas y eso ya sumaba un extra a este viaje. Pero no os engaño, todas no estábamos, faltaba nuestra Madre Natura, nuestra Irene, nuestra Parri, que viviendo en Australia le resultaba imposible unirse y a la que hemos tenido presente cada minuto de esta aventura.
Todo comenzó cuando hace algo más de un año, Paula nos comentó que se iba a vivir a Sevilla, nada menos que al barrio de Triana y coincidiría con la Feria de Abril; en aquel momento todo quedó plasmado en nuestro bar de siempre, con cerveza en mano y de boquilla, sin pensar que el 5 de mayo de 2017, cogeríamos un AVE con destino el Real de la Feria. Y así fue, y así transcurrieron nuestras cuatro horas de viaje, entre el cerveceo de media mañana ("¿cuándo está socialmente aceptado beber en el tren?", by Marina) y la ilusión que se palpaba en las sonrisas y las miradas de complicidad, de quien se conoce cada asunto cerrado o pendiente en la vida de la otra.
Llegadas a Sevilla, dos taxis nos llevarían al precioso barrio de Triana, bañado por un imponente río Guadalquivir, con la Torre del Oro custodiando las vistas y el puente Isabel II abierto para nosotras. También desde ahí se visualizaba en la lejanía una esplendorosa Giralda que nos daba la bienvenida y las infraestructuras de la Expo 92, que la ciudad aún conserva como recuerdo de aquel año. Ahí estaba nuestra casa, en el corazón de Sevilla y ahí, en una plantita baja de dos habitaciones y dos baños, nos metimos 6+1, es decir las seis turistas y la anfitriona. Sin problema alguno, pues íbamos equipadas con colchones hinchables, mantas, almohadas y demás menaje del hogar. Nada que no tuviera solución, somos de la generación del Tetris.
Y ya tocaba ver Sevilla, comenzamos obviamente por hacernos quinientas fotos en la zona donde íbamos a pasar las siguientes 72 horas de nuestra vida y después visitamos Plaza España. Creo que no he visto algo tan bonito jamás; la palabra increíble se queda corta. Sevilla es especial desde el minuto uno en que la pisas y no sólo por lo preciosa que es, sino por la hospitaliad de la gente.
Nos pusimos "morás" de pringá, de berenjenas, de chocos y de todo tipo de tapeo bueno, sabroso y barato.
La tarde del viernes la dedicamos a intentar subir a la Giralda (a 5 minutos de cerrar, por lo que fue imposible), a tomar café en nuestro acogedor y efímero hogar y a ducharnos y ponernos guapas para ir a conocer una nueva fiesta: La Feria de Sevilla.
Hechas un pincel, pusimos rumbo al Real, no sin antes parar a reponer fuerzas en un pequeño bar, donde nos trataron con todo el cariño del mundo y donde dejamos sin existencias de rebujito al local.
Como anécdota, la repentina lluvia que aún nos obligó a quedarnos más rato bebiendo Manzanilla con 7up, pero en cuanto esta cesó, llegamos a la Feria. Y ahí estaba ante nuestro ojos un portón enorme que rememoraba el 25 aniversario de la Expo (donde estuvo mi familia cuando yo apenas era un bebé), separando la fiesta de la ciudad. Las fotos, como es lógico iban y venían. Nosotras lo mirábamos todo con ojos de novedad, de curiosidad, como cuando algo sólo es visto desde el televisor y de pronto lo estás viviendo en primera persona.
Acudimos a la caseta donde la maravillosa Nayat nos invitó; una caseta privada que nos hizo descubrir la parte de atrás de estos lugares, los restaurantes que tienen montados en lo que parece una pequeña carpa. Ahí detrás nosotras tapeamos de lo lindo y seguimos bebiendo rebujito, que para eso estábamos en feria. Una jarra tras otra, dio paso a los gintónics y de ahí a recibir invitaciones para otra caseta donde la fiesta nos esperaba hasta el amanecer. Todo un show, las valencianas por Sevilla, reinas de las tarimas, "chapando casetas", que no nos lo tengan que contar.
Esa noche nos dejó KO en todos los sentidos, el día había sido largo, 24 horas despiertas no es algo habitual, así que caímos en la cama rendidas, esperando que el día volviera a iluminar la ciudad.
Y llegó el sábado, un sábado más que inesperado. No madrugamos, no teníamos fuerzas para ello, así que con tranquilidad fuimos levantándonos, preparando café, pasando por la ducha y planteándonos el día. Cuando todas estábamos listas, nos dispusimos a buscar un bar para comer, cuando de pronto llegamos a una terraza y aparecen mis Churreteros favoritos: Gabi y Alejandro. Tenían todo reservado desde febrero, desde el mismo día en que nosotras compramos los billetes, ¡y yo era la tonta que no sabía nada! Podéis imaginar mi cara, mi reacción, todo un poema, no podía creérmelo; si ya estaba siendo inmensamente feliz, esto aún engrandeció más este dulce fin de semana.
Pasado el subidón, recorrimos Sevilla todos juntos, comimos (con rebujito, cómo no) y nos tomamos unos gintónics en la zona del centro, donde el sol daba vida a ese instante. Tras este inciso, bajamos al río a hacernos más fotos ("venga chicos, que no se diga") y de ahí a hacernos café en nuestra casa, algo que ya estábamos tomando como tradición para aguantar la intensidad de estos días.
Y de nuevo, a ponerse guapas y guapos para la segunda y última noche de Feria.
Con modelito distinto, noche distinta. Las chicas cenamos por nuestra cuenta en un bar cerca del Real, donde debo decir que de los cinco o seis donde estuvimos, este fue el peor con diferencia, por el trato, la calidad y el precio. El resto de bares, de categoría, pero como siempre, hay de todo en todas partes. Aun así en la terraza se estaba de maravilla y comimos, bebimos y charramos hasta quedarnos sin aire. Y esta noche tocaba una caseta diferente, la de Manuel, otro sevillano hospitalario, amigo de Gabi, que nos acogió y donde estuvimos con nuestra copa, churreteando, lo que más nos gusta.
A las 00.00 lanzaron los fuegos artificiales que ponían fin a la Feria, y que hizo que la mayoría de casetas estuvieran apagadas, aunque nosotros fuimos en busca de una pública y llegamos a la del PSOE (por entrar en una), de la que salimos rápidamente por el agobio y porque, para qué mentir, el panorama era poco alentador y es posible que de ahí hubiésemos salido sin bolso o sin zapatos.
Tras dar un rodeo, pasamos por la caseta de CCOO; la cosa no pintaba mal, no había agobio de gente, no parecía que nos fueran a robar hasta la ropa interior y además tenían una pequeña verbena montada, así que ahí decidimos hacernos varias copas, al ritmo de un mezcladillo de música para todos los gustos. Y de ahí, al centro, al pub/discoteca Groucho, no sin antes pasar por casa para ponernos cómodas, yo me puse tan cómoda que me cambié de arriba a abajo y me la jugué en deportivas (en Sevilla salir así de fiesta es pecado), pero es que era la última noche y quería olvidarme de los tacones, sólo quería bailar hasta el amanecer y celebrar la vida junto a mis incondicionales amigos.
Y así fue, otra noche más en la que fuimos los últimos en salir de un local; cansados pero felices, agotados de bailar, de saltar y de hacer el tonto en general. Vivir es más bonito así.
Llegamos a casa y una pizza de cuatro quesos nos esperaba dentro del horno; deliciosa hasta decir basta y de gran ayuda para conciliar un reparador sueño que nos llevó al domingo 7, nuestro último día.
Sevilla amaneció a 35ºC, un excesivo calor que nos invitaba a comer dentro de un bar y no en la terraza como habíamos hecho hasta ese momento. Como siempre, el tapeo se adueñó de la mesa y esta vez en lugar de cañas y rebujito, el agua reinó durante la comida. El domingo todo sabía a despedida, cada bocado, cada paso por Sevilla, cada esquina que girábamos tenía una nostalgia lejos de la alegría que nos había invadido los dos días anteriores. Aun así la sensación de bienestar era patente entre todos, porque la experiencia había superado con creces las expectativas. Y tras el café y el repaso a la noche anterior, llegó el momento de pisar Triana por última vez para recoger nuestras maletas, esas que habíamos dejado preparadas antes de salir de casa. Y con el inconfundible ruido de las ruedas sobre el asfalto de adoquines de este espectacular barrio, cogimos un taxi hacia Santa Justa, para volver a nuestra ciudad.
Despedirse de Paula fue duro, casi tanto como el 19 de marzo cuando ella se marchó de aquí, pero con la sensación de verano a la vuelta de la esquina y con mil planes juntas y no muy lejanos.
El tren nos esperaba a las 18.30 de la tarde y casualidades de la vida (o no), Gabi y Alejandro no sólo iban en el mismo vagón que Leire y yo, sino en los asientos de delante. Lo que hizo más ameno este triste regreso.
Llegamos a Valencia a las 22.30 de la noche, con la maleta más llena que cuando nos fuimos. Sí, al menos la mía pesaba más, porque lo que era ropa y zapatos cuando me fui, ahora había que añadirle recuerdos imborrables, sonrisas intachables, momentos indescriptibles y una paz que siempre perdurará en mi cabeza. Ha sido más que bonito, ha sido perfecto, de principio a fin.
De Sevilla, su Feria y su gente, no tengo palabras, sólo puedo decir que volveré, que me han quedado muchas cosas por ver, que el que no haya ido que no lo piense ni un segundo, que Sevilla enamora, que es diferente, que Sevilla tiene un color especial y ahora doy fe de ello.
SI EXISTE EL PARAÍSO, NO LO QUIERO SIN VOSOTROS.
Ron Sexmith - Get In Line
https://www.youtube.com/watch?v=M2FoIBQvUZ4
"Oh! It's a long line".
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miércoles, 29 de marzo de 2017
CUANDO EL MUNDO DUERME
Cuando el mundo duerme yo cuento historias, invento vidas, me permito el lujo de imaginar más allá de lo que ven mis ojos, de crear palabras, que ordenadas, forman algo legible.
Cuando el mundo duerme yo suspiro suavemente, mi mar en calma es contemplado bajo las persianas de mi rostro, mis párpados que, abiertos de par en par, enlentecen mis prisas y suplican mi tranquilidad. Una tranquilidad infinita, cuando el mundo duerme y no me observa, sin saber que yo, sí le observo a él.
Cuando el mundo duerme, duermo yo también, dejando atrás las horas de un día que ya no va a volver. Desmenuzando segundos que nada pueden aportar a un futuro que quién sabe si llegará. Cuando el mundo duerme el presente ordena. Cuando el mundo duerme, se contempla más bonito y la humanidad no parece una compañía desdeñable con la que convivir.
Cuando duerme el mundo yo sueño, y soñando doy vida a mis palabras y mis palabras me dan la vida a mí, para decirme buenas noches, con su indomable frenesí.
Aquí un temazo de la banda sonora de Kill Bill Volumen 2, llamada Goodnight Moon.
https://www.youtube.com/watch?v=tCXeYq6KYZc
"And I always sleep with my guns"
Cuando el mundo duerme yo suspiro suavemente, mi mar en calma es contemplado bajo las persianas de mi rostro, mis párpados que, abiertos de par en par, enlentecen mis prisas y suplican mi tranquilidad. Una tranquilidad infinita, cuando el mundo duerme y no me observa, sin saber que yo, sí le observo a él.
Cuando el mundo duerme, duermo yo también, dejando atrás las horas de un día que ya no va a volver. Desmenuzando segundos que nada pueden aportar a un futuro que quién sabe si llegará. Cuando el mundo duerme el presente ordena. Cuando el mundo duerme, se contempla más bonito y la humanidad no parece una compañía desdeñable con la que convivir.
Cuando duerme el mundo yo sueño, y soñando doy vida a mis palabras y mis palabras me dan la vida a mí, para decirme buenas noches, con su indomable frenesí.
Aquí un temazo de la banda sonora de Kill Bill Volumen 2, llamada Goodnight Moon.
https://www.youtube.com/watch?v=tCXeYq6KYZc
"And I always sleep with my guns"
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sábado, 25 de febrero de 2017
TU GALAXIA
Todo gira en torno a algo, así es de simple mi naturaleza, que no difiere de la de los seres humanos que cada día se cruzan conmigo por la calle, sin deparar los unos en los otros. Y sin embargo, siempre estamos girando en torno a algo.
Desde que nací, vi el camino que ese giro quería ponerme, siempre pensé que ese giro o ese destino, como guste más llamarlo, tenía deparado cosas para mí y yo tan sólo tenía que vivirlas, sin evitarlas. Seguía girando en torno a algo, sin saber exactamente en torno a qué, pero me limitaba a seguir esa senda, asegurando que jamás tuve una brújula que sostener en mis manos; fabricando estrellas que ni yo misma podía alcanzar, quizás es que simplemente giraba en torno al sol, aunque si bien es cierto, esa es la vuelta más real de la humanidad.
Pero desperté, como de un sueño que se sostiene de puntillas en la línea que separa las dimensiones de nuestro ser. Y me dije: ¡Quién cojones es el destino, no lo conozco y nunca lo conoceré! Desperté y comprendí en torno a qué giraba, en torno a algo por lo que nadie más va a girar. En torno a mí.
Porque todos los planetas giramos alrededor de nuestra estrella.
Hoy me hago un homenaje con la canción, de esas antigüedades que tanto me gustan y si además es con mi nombre, no puedo pedir más.
No dejéis de girar. ¡Feliz sábado!
Oh! Carol - Neil Sedaka
"No matter what you do"
domingo, 12 de febrero de 2017
MEMORIAS DE UN PEZ
Momentos interestelares e inexplicables en los que la inspiración desaparece y entonces toca activar el protocolo de búsqueda y desplegar los medios necesarios para encontrarla en algún rincón de tu cuerpo, es posible que en un simple pestañeo ella esté escondida.
Y qué difícil es esto, de no encontrarla, ni siquiera poder llamarla desde el teléfono a ver si suena en algún lugar del hogar de las neuronas, quién sabe, es capaz de esconderse como soldado en su trinchera. Su don es quitarte lo que consideras tuyo, matarte de hambre sin tiempo limitado y hacerte pasar miedo por si no os volvéis a ver. Pero en realidad siempre retorna, porque aunque su lección es enseñarte que debes cuidarla, alimentarla y regarla, cual florecita en un primaveral balcón, ella tampoco sobrevive fuera de ti, necesita de tu fuego, de tu risa, de tus experiencias y de tu existir para aflorar; necesita de lo que lees, de lo que comes, de lo que miras, de lo que tocas... para, maleta en mano, volver a llamar a tu puerta. Preocúpate el día en que deje de hacerlo, el día que ese timbre ya no suene más, el día que tus dedos no vayan más rápido que tus pensamientos, pues ese día, la habrás matado tú y no podrás perdonártelo jamás. Vive y ama para tenerla siempre, respira de todo lo que te envuelve para retenerla a tu lado, mastícala con cada bocado, saboréala en cada deglución, acurrúcala en la cama, llévatela a tu lugar favorito, enséñale todo lo que te gusta hacer, hazla partícipe de tu existir, ella es tú, ella vive en ti y no quiere marcharse.
Es lo más maravilloso que alguien puede poseer, la infravalorada inspiración, la que llega justo cuando la necesitas, la que con paciencia te espera entre la frialdad de la cabeza y el ardor del corazón, por la que el mundo es un lugar mejor.
Y si no llega la inspiración, entonces escribe sobre la inspiración.
Una de mis canciones favoritas, una verdadera inspiración para mí: The Cranberries - Twenty One
https://www.youtube.com/watch?v=9Z0F-dX1opM
"Now I want nothing more".
Y qué difícil es esto, de no encontrarla, ni siquiera poder llamarla desde el teléfono a ver si suena en algún lugar del hogar de las neuronas, quién sabe, es capaz de esconderse como soldado en su trinchera. Su don es quitarte lo que consideras tuyo, matarte de hambre sin tiempo limitado y hacerte pasar miedo por si no os volvéis a ver. Pero en realidad siempre retorna, porque aunque su lección es enseñarte que debes cuidarla, alimentarla y regarla, cual florecita en un primaveral balcón, ella tampoco sobrevive fuera de ti, necesita de tu fuego, de tu risa, de tus experiencias y de tu existir para aflorar; necesita de lo que lees, de lo que comes, de lo que miras, de lo que tocas... para, maleta en mano, volver a llamar a tu puerta. Preocúpate el día en que deje de hacerlo, el día que ese timbre ya no suene más, el día que tus dedos no vayan más rápido que tus pensamientos, pues ese día, la habrás matado tú y no podrás perdonártelo jamás. Vive y ama para tenerla siempre, respira de todo lo que te envuelve para retenerla a tu lado, mastícala con cada bocado, saboréala en cada deglución, acurrúcala en la cama, llévatela a tu lugar favorito, enséñale todo lo que te gusta hacer, hazla partícipe de tu existir, ella es tú, ella vive en ti y no quiere marcharse.
Es lo más maravilloso que alguien puede poseer, la infravalorada inspiración, la que llega justo cuando la necesitas, la que con paciencia te espera entre la frialdad de la cabeza y el ardor del corazón, por la que el mundo es un lugar mejor.
Y si no llega la inspiración, entonces escribe sobre la inspiración.
Una de mis canciones favoritas, una verdadera inspiración para mí: The Cranberries - Twenty One
https://www.youtube.com/watch?v=9Z0F-dX1opM
"Now I want nothing more".
domingo, 22 de enero de 2017
GIRA EL MUNDO, GIRA
Hubo un día en que creíste que podías con todo sin límites, o mejor dicho, creíste que el mundo se había inventado para ti.
Hubo un día en que las cosas se quedaban cortas, nada era suficiente y siempre querías más de todo y de todos.
Hubo un día en que descubriste la vida, un día en el que tocaste con tus dedos la felicidad más absoluta; ahora puedes decir que la felicidad sí tiene techo, porque tú te golpeaste la cabeza con él.
Un día en el que restarle importancia a las cosas o no darle juego a los problemas, era todo lo que sabías hacer. Un día en que tu mayor preocupación era pintarte las uñas y no hacerte un empastre.
Nada era tan grave como para perturbar, nublar u opacar tu alegría dentro de tu micromundo.
Un día en que las responsabilidades, los miedos y las dudas, no molestaban tanto, porque eso era cosa de mayores. Ese día en el que estabas total y absolutamente convencida que la vida, la habías inventado tú y que estabas por encima del bien y del mal.
Pero qué decir, que no sepamos todos, pues ese tiempo pasa y pasa muy deprisa, dejando atrás sonoras carcajadas sin el peso de un día a día adulto, constante y tenaz, dejando en la estantería aquellos esmaltes de uñas color carmín, secos al paso de los días, semanas, meses y años, porque ya no tienes tiempo para atenderlos. Ahora quedan fotos, muchas fotos, en las que es probable que ni te reconozcas, con esos ojos pintados de un negro ahumado, que al final, has comprendido que no necesitas. Ahora apuestas por una naturalidad, que aunque siempre hayas llevado dentro, sabemos que no siempre se es capaz de mostrar. Ahora abres el armario y aún sigue ahí, alguna prenda de ropa, que por simple nostalgia ocupa un lugar en tu closet; esos pantalones que no te quitabas ni para dormir de lo que te gustaban o ese otro vestido, que muy probablemente, sea de alguna amiga y te agenciaste con todo tu amor o por qué no decirlo, el pijama infantiloide que todavía sigues usando. Aquellas conversaciones que siempre acababan haciéndote reír muy fuerte, o tardes en un parque, viendo el tiempo pasar. Ese que pasando, te ha traído hasta aquí. Un regalo de algún cumpleaños ya lejano, te observa cada día en tu habitación o el recuerdo ya borroso, de las rozaduras de los tacones.
Hubo un día en que te sostenían los demás, la mano de tu padre, el abrazo de tu madre, la economía de ambos, el que no llegaras tarde o al menos que llegaras sana y salva a casa, en esos fines de semana locos, que no tenían fin. Ahora eres tú misma contigo, y aunque les sigues teniendo, es hora de que pienses tú más en ellos que ellos en ti. Hoy eres tú quien te coges de la mano, del brazo, de la pierna o del pelo, de donde prefieras, pero te agarras fuerte para no dejarte caer. Hoy eres tú la que te das una palmadita en la espalda o coges impulso cuando un mal pensamiento te dice que no puedes más. Hoy estás tú aquí, con tus desvelos y tus sonrisas, con tus inquietudes y tus alegrías, sin esmalte de uñas o con él, con el pelo arreglado o con una coleta, ya no importa nada. Hoy has visto la muerte, la niñez, los que se van, los que vienen, el ciclo de la naturaleza. Hoy has comprendido que hay que ser dura, que la cabeza es una buena consejera y el corazón un mero guía.
Hoy sabes que el mundo no se creó para ti, pero sí sabes que tu vida, la inventas tú cada día.
Con tus sueños y tu lucha. Tú, contigo misma. Y eso, también es felicidad. Felicidad básica y tiene recompensa, lo sé.
Y mientras tanto, deja que el mundo siga girando.
Esta canción, no creo que necesite presentación.
https://www.youtube.com/watch?v=B8wQauN_Aco
"Al final, las obras quedan, las gentes se van".
Hubo un día en que las cosas se quedaban cortas, nada era suficiente y siempre querías más de todo y de todos.
Hubo un día en que descubriste la vida, un día en el que tocaste con tus dedos la felicidad más absoluta; ahora puedes decir que la felicidad sí tiene techo, porque tú te golpeaste la cabeza con él.
Un día en el que restarle importancia a las cosas o no darle juego a los problemas, era todo lo que sabías hacer. Un día en que tu mayor preocupación era pintarte las uñas y no hacerte un empastre.
Nada era tan grave como para perturbar, nublar u opacar tu alegría dentro de tu micromundo.
Un día en que las responsabilidades, los miedos y las dudas, no molestaban tanto, porque eso era cosa de mayores. Ese día en el que estabas total y absolutamente convencida que la vida, la habías inventado tú y que estabas por encima del bien y del mal.
Pero qué decir, que no sepamos todos, pues ese tiempo pasa y pasa muy deprisa, dejando atrás sonoras carcajadas sin el peso de un día a día adulto, constante y tenaz, dejando en la estantería aquellos esmaltes de uñas color carmín, secos al paso de los días, semanas, meses y años, porque ya no tienes tiempo para atenderlos. Ahora quedan fotos, muchas fotos, en las que es probable que ni te reconozcas, con esos ojos pintados de un negro ahumado, que al final, has comprendido que no necesitas. Ahora apuestas por una naturalidad, que aunque siempre hayas llevado dentro, sabemos que no siempre se es capaz de mostrar. Ahora abres el armario y aún sigue ahí, alguna prenda de ropa, que por simple nostalgia ocupa un lugar en tu closet; esos pantalones que no te quitabas ni para dormir de lo que te gustaban o ese otro vestido, que muy probablemente, sea de alguna amiga y te agenciaste con todo tu amor o por qué no decirlo, el pijama infantiloide que todavía sigues usando. Aquellas conversaciones que siempre acababan haciéndote reír muy fuerte, o tardes en un parque, viendo el tiempo pasar. Ese que pasando, te ha traído hasta aquí. Un regalo de algún cumpleaños ya lejano, te observa cada día en tu habitación o el recuerdo ya borroso, de las rozaduras de los tacones.
Hubo un día en que te sostenían los demás, la mano de tu padre, el abrazo de tu madre, la economía de ambos, el que no llegaras tarde o al menos que llegaras sana y salva a casa, en esos fines de semana locos, que no tenían fin. Ahora eres tú misma contigo, y aunque les sigues teniendo, es hora de que pienses tú más en ellos que ellos en ti. Hoy eres tú quien te coges de la mano, del brazo, de la pierna o del pelo, de donde prefieras, pero te agarras fuerte para no dejarte caer. Hoy eres tú la que te das una palmadita en la espalda o coges impulso cuando un mal pensamiento te dice que no puedes más. Hoy estás tú aquí, con tus desvelos y tus sonrisas, con tus inquietudes y tus alegrías, sin esmalte de uñas o con él, con el pelo arreglado o con una coleta, ya no importa nada. Hoy has visto la muerte, la niñez, los que se van, los que vienen, el ciclo de la naturaleza. Hoy has comprendido que hay que ser dura, que la cabeza es una buena consejera y el corazón un mero guía.
Hoy sabes que el mundo no se creó para ti, pero sí sabes que tu vida, la inventas tú cada día.
Con tus sueños y tu lucha. Tú, contigo misma. Y eso, también es felicidad. Felicidad básica y tiene recompensa, lo sé.
Y mientras tanto, deja que el mundo siga girando.
Esta canción, no creo que necesite presentación.
https://www.youtube.com/watch?v=B8wQauN_Aco
"Al final, las obras quedan, las gentes se van".
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domingo, 15 de enero de 2017
NADIA SABE NADA.
El linchamiento social en España, no es algo nuevo, eso está claro. Sólo hay que remontarse unos 24 años atrás, cuando tres niñas desaparecieron, para más tarde ser encontradas asesinadas, en un más que sospechoso y vergonzoso caso que abrumó este país, más concretamente mi comunidad y que, con una supuesta fuga y un encarcelamiento sin pruebas, selló los corazones de la ciudadanía, pudiendo así, con el dedo inquisidor, apuntar sin temores al ejecutor de los hechos. Por suerte aún hay quien mantiene viva en la memoria, la llama de aquello. Ni olvido, ni perdón.
Pues, como decía, el linchamiento no es algo actual, pero sí algo especialmente acentuado con las nuevas tecnologías y en un sistema en el que pensar, a veces parece que salga muy caro. Y es que hoy quería hablar de Nadia; sí, esa pequeña, expuesta por sus padres, supuestamente para ganar dinero a su costa, inventándose una enfermedad que supuestamente no existe y que más tarde han sido encontradas, unas supuestas fotos con contenido sexual, que supuestamente estaban en el ordenador de sus progenitores. En fin, todo son supuestos que los medios de información se olvidan de mencionar y con ello no quiero exculpar a los padres, no soy yo la voz de la justicia, pero si son supuestos son supuestos, y es que el tema ya comienza a empachar. Y aquí es donde empieza el linchamiento sin límites, los comentarios maleducados y el entretenimiento que, a la hora que pongas la televisión, va a estar detrás de la pantalla. Diana Quer ya no vende.
Me gusta estar informada, pero no me gusta que se dé la misma información diez veces por día y no sé si será casualidad, pero las supuestas fotos de alto (y cada vez más alto) contenido sexual de Nadia, aparecen el mismo mes y la misma semana en la que se piensa modificar el copago a los jubilados y sube un 32% la luz. Pero, ¿eso no es tan importante como para tenerlo en los medios, 12 de 24 horas que tiene el día? Parece ser, que conviene linchar a unos, pero a otros no tanto. A otros es mejor lincharlos de forma suave y moderada, de modo flojito, que mañana esa noticia que afecta a todos los españoles sea historia en nuestras cabezas y por ello, de forma suave, moderada y flojita, nos cuentan cosas que interesan y mucho.
Os aseguro que el copago es algo realmente incómodo cuando estás detrás de un mostrador de farmacia. Es incómodo pedir dinero por algo que no se toma por gusto, que no es un capricho. Hablo con conocimiento de causa, porque es mi oficio y hay quien se ofende y qué se puede decir ante eso, está en todo su derecho de quejarse, pero ¿hará algo al respecto? Esas noticias, las solapan a otras, que siendo interesantes, no lo son tanto como para estar a todas horas en los medios, y al solaparlas a algo que está en boca de todos, como es ahora el caso de Nadia, pasan muy desapercibidas. Entonces llegas a la farmacia y ya te la han colado, te la están metiendo doblada en tu cara, y no se puede hacer nada al respecto. Te enterarás antes de que la persona que está detrás del mostrador te diga que tienes que pagar 5 euros por tus medicamentos de enfermo crónico y te enterarás también antes de que llegue el recibo de la luz por encima de tus posibilidades, pero para ese momento será tarde, porque ya te habrán empachado, ya habrás engullido todo lo que quieren contarte antes de lo que realmente te interesa. Porque un empacho, conlleva una dieta blanda. Blandita y flojita, ya saben. Y en la calle, no se habla de lo que nos concierne, os lo aseguro.
Yo quiero la verdad, poder leer un periódico y creerme lo que dicen, confiar en el periodismo, que para algo está, luchar y quejarme por mis derechos como ciudadana y de Nadia, oye, de Nadia que se encargue la justicia y no un pueblo ignorante que se echa las manos a la cabeza ante una condena de muerte, pero que condena en vida por las redes sociales, mientras pone el culo para que le den más fuerte.
Nadia sabe nada.
Paraíso - Para ti.
https://www.youtube.com/watch?v=rWYDamfpzl8
"Para ti, que sólo tienes quince años cumplidos. Para ti que naciste en tiempos asesinos".
Pues, como decía, el linchamiento no es algo actual, pero sí algo especialmente acentuado con las nuevas tecnologías y en un sistema en el que pensar, a veces parece que salga muy caro. Y es que hoy quería hablar de Nadia; sí, esa pequeña, expuesta por sus padres, supuestamente para ganar dinero a su costa, inventándose una enfermedad que supuestamente no existe y que más tarde han sido encontradas, unas supuestas fotos con contenido sexual, que supuestamente estaban en el ordenador de sus progenitores. En fin, todo son supuestos que los medios de información se olvidan de mencionar y con ello no quiero exculpar a los padres, no soy yo la voz de la justicia, pero si son supuestos son supuestos, y es que el tema ya comienza a empachar. Y aquí es donde empieza el linchamiento sin límites, los comentarios maleducados y el entretenimiento que, a la hora que pongas la televisión, va a estar detrás de la pantalla. Diana Quer ya no vende.
Me gusta estar informada, pero no me gusta que se dé la misma información diez veces por día y no sé si será casualidad, pero las supuestas fotos de alto (y cada vez más alto) contenido sexual de Nadia, aparecen el mismo mes y la misma semana en la que se piensa modificar el copago a los jubilados y sube un 32% la luz. Pero, ¿eso no es tan importante como para tenerlo en los medios, 12 de 24 horas que tiene el día? Parece ser, que conviene linchar a unos, pero a otros no tanto. A otros es mejor lincharlos de forma suave y moderada, de modo flojito, que mañana esa noticia que afecta a todos los españoles sea historia en nuestras cabezas y por ello, de forma suave, moderada y flojita, nos cuentan cosas que interesan y mucho.
Os aseguro que el copago es algo realmente incómodo cuando estás detrás de un mostrador de farmacia. Es incómodo pedir dinero por algo que no se toma por gusto, que no es un capricho. Hablo con conocimiento de causa, porque es mi oficio y hay quien se ofende y qué se puede decir ante eso, está en todo su derecho de quejarse, pero ¿hará algo al respecto? Esas noticias, las solapan a otras, que siendo interesantes, no lo son tanto como para estar a todas horas en los medios, y al solaparlas a algo que está en boca de todos, como es ahora el caso de Nadia, pasan muy desapercibidas. Entonces llegas a la farmacia y ya te la han colado, te la están metiendo doblada en tu cara, y no se puede hacer nada al respecto. Te enterarás antes de que la persona que está detrás del mostrador te diga que tienes que pagar 5 euros por tus medicamentos de enfermo crónico y te enterarás también antes de que llegue el recibo de la luz por encima de tus posibilidades, pero para ese momento será tarde, porque ya te habrán empachado, ya habrás engullido todo lo que quieren contarte antes de lo que realmente te interesa. Porque un empacho, conlleva una dieta blanda. Blandita y flojita, ya saben. Y en la calle, no se habla de lo que nos concierne, os lo aseguro.
Yo quiero la verdad, poder leer un periódico y creerme lo que dicen, confiar en el periodismo, que para algo está, luchar y quejarme por mis derechos como ciudadana y de Nadia, oye, de Nadia que se encargue la justicia y no un pueblo ignorante que se echa las manos a la cabeza ante una condena de muerte, pero que condena en vida por las redes sociales, mientras pone el culo para que le den más fuerte.
Nadia sabe nada.
Paraíso - Para ti.
https://www.youtube.com/watch?v=rWYDamfpzl8
"Para ti, que sólo tienes quince años cumplidos. Para ti que naciste en tiempos asesinos".
miércoles, 28 de diciembre de 2016
UN MIEDO LLENO DE ALMAS.
Todo el mundo ha sentido miedo, tú has sentido miedo, yo he sentido miedo y hasta la persona que más fortaleza y colorida seguridad aparenta, ha sentido miedo alguna vez.
El miedo nos pone en sobre aviso, nos alerta de peligros y eso hace que en muchas ocasiones nos guardemos en salud y evitemos situaciones que podrían destrozar lo que por delante se pusiese.
El miedo nos hace una señal, cierto es, pero son muchas las veces que decidimos ignorarlo, que no lo escuchamos, y seguimos nuestra senda, directa al acantilado, como un rebaño de ovejas, tan ciegas, que son incapaces de ver que no siguen a ningún pastor. Porque también al ser humano le gusta el riesgo.
Pero hablemos de ese miedo que nos eriza la piel interior, la que no se ve, pero se percibe. Hablemos de ese miedo que surge cuando ni tan siquiera nuestra vida está en peligro, pero lo vivimos como si casi lo estuviese; porque quizá de él depende que la masa que esconde la quijotera, sí sobreviva a la vida. El miedo a enfrentarnos a nuevos retos, el miedo a fallar, el miedo a cambiar, el miedo a ser nosotros mismos. Ese miedo, amigos, es el más común y por tanto, el más traicionero.
Hace apenas unos días, leí un artículo sobre el comienzo de un nuevo trabajo, las dudas y temores que surgen y además ha coincidido con mi nueva situación laboral y me hizo recordar la vez que tuve mi primera experiencia laboral y el primer día de trabajo. Recuerdo que tuve miedo, ese miedo del que antes hablaba. La inexperiencia me daba pánico, el fallar o el no ser capaz; me temblaban las piernas, me sudaban las manos y me costaba un esfuerzo tragar saliva. Tras haber vivido varios días de "primer día de trabajo", ahora sigo sintiendo miedo, para qué vamos a mentir, pero de una forma muy diferente, completamente canalizado por donde yo quiero que vaya y dándome mucho más margen de error. Ahora mi cabeza me dice: eres capaz y eres capaz de equivocarte como cualquier ser humano. Nadie nace aprendido. Así es como los miedos huyen, así es como los espantamos, así es como nos volvemos seguros y potenciamos lo mejor que tenemos, con mucha fuerza interior y aguantando las tripas hacia dentro las primeras veces, que ya sabemos, pueden ser muy dolorosas.
Si nos bloqueamos, si nos ensimismamos en nuestras debilidades, no podremos avanzar cuanto nos gustaría y eso siempre te lleva a un, ya no miedo, sino un terror descontrolado que recorre nuestros vasos sanguíneos a la velocidad de la luz. Y estoy segura que debe consumir de una forma tremenda.
No sólo a la hora de un trabajo el miedo puede afectar, también por supuesto se puede extrapolar a cualquier ámbito, pero por ser más general, al afrontar el reto que sea en nuestra vida, a dar ese paso que nunca tuvimos valor de dar, a saber que siempre llega una hora, un día, en que nuestro reloj interior grita y debes escucharlo, aprender a hacerlo e ir de la mano con él. No puedes desviar tu camino, o mejor dicho, sí puedes pero no debes, porque entonces serás infeliz durante todo tu trayecto y no hay nada como vivir una vida plena, llena de libertad, para elegir lo que deseas, disfrutando de esas pequeñas cosas, que suenan a tópico, pero hacen grande el existir.
Si decidimos quedarnos en el mismo punto de partida siempre, nos perderemos infinidad de historias que contarles a nuestros hijos si algún día decidimos tenerlos. Si no alzamos la voz, en lugar de atrapar oportunidades, las oportunidades nos atraparán a nosotros en forma de ansiedad por no haber sido capaces de llevarlas a cabo. La vida no es eso.
Dejemos de lamentar la mala suerte que a veces parece que nos cae del cielo, porque ni la buena ni la mala caen del cielo, en esta vida señores, sólo las mentes más fuertes llegan a la convicción que cada día cuenta y son conocedoras de su valer.
Por eso nunca dejarás de sentir miedo, porque si estás sintiendo miedo en este momento, es porque has tomado las riendas de algo, es porque una decisión abre una nueva etapa y eso, a parte de valiente, te está salvando de un pozo en el que ya hay mucha gente.
Esta canción me gusta mucho, y aunque se llama "Ella", también se la dedico a "ellos". Porque tiene la fuerza que todo requiere. Bon Nadal.
https://www.youtube.com/watch?v=i7X6nO0R9jA
"Hoy vas a conseguir reírte hasta de ti".
El miedo nos pone en sobre aviso, nos alerta de peligros y eso hace que en muchas ocasiones nos guardemos en salud y evitemos situaciones que podrían destrozar lo que por delante se pusiese.
El miedo nos hace una señal, cierto es, pero son muchas las veces que decidimos ignorarlo, que no lo escuchamos, y seguimos nuestra senda, directa al acantilado, como un rebaño de ovejas, tan ciegas, que son incapaces de ver que no siguen a ningún pastor. Porque también al ser humano le gusta el riesgo.
Pero hablemos de ese miedo que nos eriza la piel interior, la que no se ve, pero se percibe. Hablemos de ese miedo que surge cuando ni tan siquiera nuestra vida está en peligro, pero lo vivimos como si casi lo estuviese; porque quizá de él depende que la masa que esconde la quijotera, sí sobreviva a la vida. El miedo a enfrentarnos a nuevos retos, el miedo a fallar, el miedo a cambiar, el miedo a ser nosotros mismos. Ese miedo, amigos, es el más común y por tanto, el más traicionero.
Hace apenas unos días, leí un artículo sobre el comienzo de un nuevo trabajo, las dudas y temores que surgen y además ha coincidido con mi nueva situación laboral y me hizo recordar la vez que tuve mi primera experiencia laboral y el primer día de trabajo. Recuerdo que tuve miedo, ese miedo del que antes hablaba. La inexperiencia me daba pánico, el fallar o el no ser capaz; me temblaban las piernas, me sudaban las manos y me costaba un esfuerzo tragar saliva. Tras haber vivido varios días de "primer día de trabajo", ahora sigo sintiendo miedo, para qué vamos a mentir, pero de una forma muy diferente, completamente canalizado por donde yo quiero que vaya y dándome mucho más margen de error. Ahora mi cabeza me dice: eres capaz y eres capaz de equivocarte como cualquier ser humano. Nadie nace aprendido. Así es como los miedos huyen, así es como los espantamos, así es como nos volvemos seguros y potenciamos lo mejor que tenemos, con mucha fuerza interior y aguantando las tripas hacia dentro las primeras veces, que ya sabemos, pueden ser muy dolorosas.
Si nos bloqueamos, si nos ensimismamos en nuestras debilidades, no podremos avanzar cuanto nos gustaría y eso siempre te lleva a un, ya no miedo, sino un terror descontrolado que recorre nuestros vasos sanguíneos a la velocidad de la luz. Y estoy segura que debe consumir de una forma tremenda.
No sólo a la hora de un trabajo el miedo puede afectar, también por supuesto se puede extrapolar a cualquier ámbito, pero por ser más general, al afrontar el reto que sea en nuestra vida, a dar ese paso que nunca tuvimos valor de dar, a saber que siempre llega una hora, un día, en que nuestro reloj interior grita y debes escucharlo, aprender a hacerlo e ir de la mano con él. No puedes desviar tu camino, o mejor dicho, sí puedes pero no debes, porque entonces serás infeliz durante todo tu trayecto y no hay nada como vivir una vida plena, llena de libertad, para elegir lo que deseas, disfrutando de esas pequeñas cosas, que suenan a tópico, pero hacen grande el existir.
Si decidimos quedarnos en el mismo punto de partida siempre, nos perderemos infinidad de historias que contarles a nuestros hijos si algún día decidimos tenerlos. Si no alzamos la voz, en lugar de atrapar oportunidades, las oportunidades nos atraparán a nosotros en forma de ansiedad por no haber sido capaces de llevarlas a cabo. La vida no es eso.
Dejemos de lamentar la mala suerte que a veces parece que nos cae del cielo, porque ni la buena ni la mala caen del cielo, en esta vida señores, sólo las mentes más fuertes llegan a la convicción que cada día cuenta y son conocedoras de su valer.
Por eso nunca dejarás de sentir miedo, porque si estás sintiendo miedo en este momento, es porque has tomado las riendas de algo, es porque una decisión abre una nueva etapa y eso, a parte de valiente, te está salvando de un pozo en el que ya hay mucha gente.
Esta canción me gusta mucho, y aunque se llama "Ella", también se la dedico a "ellos". Porque tiene la fuerza que todo requiere. Bon Nadal.
https://www.youtube.com/watch?v=i7X6nO0R9jA
"Hoy vas a conseguir reírte hasta de ti".
domingo, 11 de diciembre de 2016
REDESCUBRIENDO LA NAVIDAD
Hoy me ha llegado un recuerdo de Facebook de un escrito mío en el muro, de diciembre de 2011. En él criticaba, a mi manera (esa manera mía), la Navidad. Hablaba desde las úlceras estomacales que debían crear las chocolatinas de Adviento expuestas desde octubre, hasta las terribles ganas de romper a palazos los altavoces de los supermercados por los infernales y repetitivos villancicos. Sí, así, literalmente. Me he reído yo sola, porque es cierto que cuando crecí, de repente, odié la Navidad.
De pequeña, como cualquier niño, la adoraba, era mi época favorita del año junto a Fallas. Me encantaba pasear por los centros comerciales, de la mano de mis padres, viendo los decorados navideños y pasando por la mini puerta del Imaginarium, imaginando, cómo no, que pronto todo lo que había en esas estanterías estaría en mi casa. Pero ni de coña, vamos. Aunque de ilusión también se vivía.
Luego crecí, y a aquella jovencísima Carol, la Navidad le resultaba aburrida, insulsa, premeditada y enlatada. Era como si estos días tuviese que estar siempre con una sonrisa en la boca, es más, no estos días sólo, sino desde el puto mes de octubre, donde se mezclan las calabazas y los panetones. Siempre me ha puesto terriblemente enferma el márketing navideño y es posible que por ello nunca llegase a ver la esencia real.
Ya no recordaba los kilos de asco que me producía diciembre, pero hoy, al volver a leer eso, lo he rememorado. Sin embargo me he dado cuenta que ya no me sentía identificada, porque ahora cuando entro al supermercado ignoro con total naturalidad todo lo referente a Navidad, siempre que no vaya a comprar. Es simplemente como si no estuviese. Ahora cambio de canal cuando la tele retransmite una de esas malditas películas norteamericanas de nieve y luces en cada hogar. Esos films salidos del averno, los sigo detestando, pa' qué vamos a mentir (no hablo de "Solo en casa", esa me la trago por mis santas narices cada año).
Ahora los villancicos hasta me motivan y espero con ganas reunirme en Nochebuena alrededor de una mesa que bien podría ser protagonista de "La Grande Bouffe", y entonces pienso en lo afortunada que soy. Espantosa y asquerosamente afortunada. De poder comer lo que quiera hasta reventar rodeada de las personas que más quiero en esta vida. Que sí, que hay ausencias que no se suplen, pero ¿y las presencias que siguen en pie? ¿No será eso más importante y el motivo por el que brindar? Si es que, lo que no enseñe la vida, no lo enseña nada en el mundo.
Ahora sé por qué vuelve a gustarme la Navidad, ahora que he visto lo frágil que es la existencia de cada ser humano, ahora que sé cómo funciona nuestro cuerpo, ahora que entiendo la gran fortuna que es tener lo que tengo. Y yo quejándome, que si comprar, que si fingir, que si reír... ¡Qué narices! ¿Para qué quieres comprar compulsivamente? Hombre, si quieres hacerlo, hazlo, pero no desvíes jamás el verdadero sentido de esta tradición. Los Reyes van a venir igual, porque los Reyes viven dentro de cada uno, se alimentan de lo que un día fuimos; pequeños seres inmersos en nuestra propia burbuja de tranquilidad, paz y amor. Al menos dentro de mí sí. Ahí sale el espíritu de aquella niñita 20 años atrás. Pero de eso ya escribiré más adelante. Ahora toca disfrutar los días venideros, siempre que puedas hacerlo, eso es un tesoro que muy pocas veces sabemos apreciar. Y no hace falta que finjas la sonrisa, ante ciertas situaciones, sale sola.
https://www.youtube.com/watch?v=ihW56Xa3XGQ
¡FELIZ NAVIDAD, PRÓSPERO AÑO Y FELICIDAD!
De pequeña, como cualquier niño, la adoraba, era mi época favorita del año junto a Fallas. Me encantaba pasear por los centros comerciales, de la mano de mis padres, viendo los decorados navideños y pasando por la mini puerta del Imaginarium, imaginando, cómo no, que pronto todo lo que había en esas estanterías estaría en mi casa. Pero ni de coña, vamos. Aunque de ilusión también se vivía.
Luego crecí, y a aquella jovencísima Carol, la Navidad le resultaba aburrida, insulsa, premeditada y enlatada. Era como si estos días tuviese que estar siempre con una sonrisa en la boca, es más, no estos días sólo, sino desde el puto mes de octubre, donde se mezclan las calabazas y los panetones. Siempre me ha puesto terriblemente enferma el márketing navideño y es posible que por ello nunca llegase a ver la esencia real.
Ya no recordaba los kilos de asco que me producía diciembre, pero hoy, al volver a leer eso, lo he rememorado. Sin embargo me he dado cuenta que ya no me sentía identificada, porque ahora cuando entro al supermercado ignoro con total naturalidad todo lo referente a Navidad, siempre que no vaya a comprar. Es simplemente como si no estuviese. Ahora cambio de canal cuando la tele retransmite una de esas malditas películas norteamericanas de nieve y luces en cada hogar. Esos films salidos del averno, los sigo detestando, pa' qué vamos a mentir (no hablo de "Solo en casa", esa me la trago por mis santas narices cada año).
Ahora los villancicos hasta me motivan y espero con ganas reunirme en Nochebuena alrededor de una mesa que bien podría ser protagonista de "La Grande Bouffe", y entonces pienso en lo afortunada que soy. Espantosa y asquerosamente afortunada. De poder comer lo que quiera hasta reventar rodeada de las personas que más quiero en esta vida. Que sí, que hay ausencias que no se suplen, pero ¿y las presencias que siguen en pie? ¿No será eso más importante y el motivo por el que brindar? Si es que, lo que no enseñe la vida, no lo enseña nada en el mundo.
Ahora sé por qué vuelve a gustarme la Navidad, ahora que he visto lo frágil que es la existencia de cada ser humano, ahora que sé cómo funciona nuestro cuerpo, ahora que entiendo la gran fortuna que es tener lo que tengo. Y yo quejándome, que si comprar, que si fingir, que si reír... ¡Qué narices! ¿Para qué quieres comprar compulsivamente? Hombre, si quieres hacerlo, hazlo, pero no desvíes jamás el verdadero sentido de esta tradición. Los Reyes van a venir igual, porque los Reyes viven dentro de cada uno, se alimentan de lo que un día fuimos; pequeños seres inmersos en nuestra propia burbuja de tranquilidad, paz y amor. Al menos dentro de mí sí. Ahí sale el espíritu de aquella niñita 20 años atrás. Pero de eso ya escribiré más adelante. Ahora toca disfrutar los días venideros, siempre que puedas hacerlo, eso es un tesoro que muy pocas veces sabemos apreciar. Y no hace falta que finjas la sonrisa, ante ciertas situaciones, sale sola.
https://www.youtube.com/watch?v=ihW56Xa3XGQ
¡FELIZ NAVIDAD, PRÓSPERO AÑO Y FELICIDAD!
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